Tell Magazine

Columnas » Patrimonio

EDICIÓN | Mayo 2015

El desafortunado negocio de los Guggenheim

Floreal Recabarren Rojas
El desafortunado negocio de los Guggenheim

A principios del siglo XX, Chile llamó la atención de capitalistas norteamericanos. Los atraía el cobre. Chuquicamata no era un lugar de la geografía chilena. Se le conocía como un gran yacimiento cuprífero, explotado en forma artesanal por más de cuatrocientos pirquineros, entre los cuales destacaban Miguel Zuleta, los hermanos Tollo, Luis Camus y Enrique Villegas. Un norteamericano, Albert Burrage, fue adquiriendo ricas minas, a precios increíblemente bajos. Fue un contundente eslabón para conformar la cadena de los Guggenheim.

Cuando hablamos de la familia Guggenheim, muchos recordamos el Museo que lleva su nombre o nos imaginamos su vida de ricos herederos. Pero pocos conocemos la historia detrás de cómo este clan se transformó en una de las más poderosos empresarias de los Estados Unidos y su relación con nuestro país.

Las raíces de los Guggenheim se hundían en tierras suecas. La rama de la familia que hizo conocido el apellido, surgió con Simón, quien decidió buscar en Estados Unidos la tierra prometida. Fue ahí donde comenzó otra parte de la historia. Unos de los hijos de Simón, Meyer, demostró inmensas habilidades de comerciante, amasando una pequeña fortuna vendiendo lo que tuviera enfrente. Desde las calles y como cualquier ambulante, buscó sus oportunidades, las que fueron apareciendo poco a poco.

Meyer se trasladó a Nueva York. Se había casado con Bárbara, hermanastra de la segunda esposa de su padre. Posteriormente, la Guerra de la Secesión lo transformó en abastecedor del ejército de la Unión. Fue el inicio de una gran fortuna y de la formación de otras empresas. En 1881, organizó la Mayer Guggenheim, con negocios destinados a refinar petróleo. Ocho años más tarde, incursionó en actividades cupríferas, organizando la Guggenheim Exploration Company. Estableciéndose en Utah con la Cooper Company, extendió sus negocios a otras regiones del mundo. No es, pues, una casualidad que se le considere como el formador del imperio económico de la familia. Meyer falleció en 1905 y dejó como herederos a sus hijos Isaac y Daniel.

La familia designó a Daniel para establecerse en Chile y formar una gran y moderna empresa de explotación minera. Agentes del empresario fueron ofertando y comprando en su nombre, yacimientos ubicados en el cerro Chuquicamata. Uno de los vendedores fue Albert Burrage. De esta forma nació la Chile Exploration.

Dueños del Cerro Chuquicamata, los Guggenheim, comenzaron a montar la industria con elementos modernos y grandes maquinarias. Los trabajadores acudieron de todos los lugares y los técnicos llegaron desde Estados Unidos a ocupar cargos claves. Como aún no se construían las viviendas, se ubicaron en dos pueblos de mala fama: Placilla y Punta de Rieles. El ferrocarril de Antofagasta a Bolivia había tendido sus líneas hasta Punta de Rieles casi al final del siglo XIX. En síntesis, la Chile Exploration construyó todo lo requerido para la extracción del oro rojo, incluyendo la planta eléctrica de Tocopilla.

No obstante dos asuntos merodeaban en muchas cabezas: el salitre no estaba muerto, sólo había que intervenirlo. La segunda, era posible bajar los costos de producción, usando el método de lixiviación. El ingeniero Elías Cappelan, entusiasmó a Daniel en el proyecto. Este, a pesar de su inteligencia empresarial, decidió vender la empresa y construir dos plantas de salitre con el nuevo método Guggenheim. En 1923, Chuqui pasó a manos de Anaconda. María Elena y Pedro de Valdivia, agonizando lograron sobrevivir.

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación3+5+5   =