Durante veinte años hice clases en la educación superior, en distintas ciudades del país, y siempre quedé con la sensación de que muchos de mis alumnos no sabían muy bien cuál era el concepto de universidad o, dicho de mejor forma, para qué estaban sentados en esas aulas de educación superior o qué esperaban de su tránsito por los siguientes cinco años.
Siempre escuché respuestas que tenían que ver con elementos vagos o transitorios, como por ejemplo, la renta que obtendrían al final de sus estudios o los índices de empleo que regirían sus destinos profesionales.
Uno de los elementos que nos ayuda a entender las trayectorias escolares de los estudiantes es el capital cultural; no obstante, hay grupos de estudiantes que aunque no tienen capital cultural logran llegar al nivel superior y desarrollar buenas trayectorias escolares.
Este texto tiene dos objetivos: por un lado se enfoca en indagar los diferentes tipos de capitales que poseen los estudiantes universitarios; por otro, se trata de establecer si los diferentes tipos de capitales inciden en la trayectoria escolar y se pueden considerar como elemento explicativo de esta.
¿Qué motivaciones son las que deberían mandatar el encanto de ingresar al patio del conocimiento y la sabiduría?
Tengo una sola respuesta, que no es la mejor, pero a mí me ha servido por más de veinte años, de carrera profesional, como educador y profesor de arte: repartir entusiasmo y ser un amante de la belleza.