Comienza la fructífera estadía de Frézier en la ciudad. Aunque, entonces, Concepción no era, al decir del viajero, más que un bon village, representaba, “sin contradicción, el mejor descanso de la costa”.
En una mañana de bruma espesa de junio de 1712, entra el navío Saint Joseph en la bahía de Talcahuano, tras una prolongada travesía de siete meses desde el puerto de Saint-Maló. Uno de los más entusiastas oficiales a bordo es Amédée Frézier. Matemático e ingeniero militar, con una sólida formación literaria y en lenguas, escribió una magnífica obra que recordaría su viaje. Es la Relation du Voyage de la Mer du Sud aux Cotes du Chili et du Pérou. “Un libro que bastaría, él solo, según Jean-Pierre Blancpain, para probar la parte que corresponde a la marina francesa en la exploración de América del Sur y en la toma de conciencia de sí mismo llevada a cabo por Chile”.
Al día siguiente de la llegada del navío de Frézier al puerto, se dirige a saludar al oidor. Comienza, así, la fructífera estadía de Frézier en la ciudad. Aunque, entonces, Concepción no era, al decir del viajero, más que un bon village, representaba, “sin contradicción, el mejor descanso de la costa”.
En la ciudad y sus alrededores, que recorre a pie y a caballo, Frézier levanta un plano de la bahía y su “Plan de la Ville de la Conception ou Penco”, que constituye una de las láminas más conocidas y valiosas de la obra del francés. A pesar de los terremotos y salidas de mar, la ciudad presentaba una de las plantas más interesantes del reino. En el plano figuran la Catedral y el Ayuntamiento, el Palacio y Cuerpo de Guardia, así como los diversos conventos y las fortificaciones. Ha permitido, con ayuda de otros antecedentes, efectuar la reconstitución de la urbe de principios del siglo XVIII. Acompaña al plano un perfil de la ciudad, rotulado “Vue de Penco”, desde la perspectiva del mar.
Las defensas de la ciudad no impresionan al viajero. Menciona la batería, situada a la orilla del mar, frente a la villa. Se refiere al denominado Fuerte de Penco o la Planchada, construido treinta años antes, durante el gobierno de José de Garro.
En el plano de la ciudad, en una colina situada al noreste, se lee “Frutillar”. Allí encuentra la fresa, que luego describe y contribuye a aclimatar en Europa. “Se cultiva en campiñas enteras, escribe, una especie de fresa diferente de la nuestra, por las hojas más redondas, más carnudas y vellosas. Sus frutos suelen ser del tamaño de una nuez o de un ojo de gallina. Son de un rojo blanquecino y un poco menos delicados al gusto que nuestras fresas silvestres” . Junto con Chili”.
Sumando dos permanencias, en su viaje de ida y de regreso, Frézier residirá en la zona más de medio año. Cuando se embarca rumbo a Francia, llevó en la memoria una imagen admirable y, seguramente, irrepetible de la bahía de Concepción: había reunidos quince veleros franceses, grandes y pequeños, venidos en pos del comercio del Mar del Sur.