Más que una manualidad, el telar para Julia Sáez ha significado una fuente de inagotables satisfacciones, ha conocido amigas entrañables, le ha alegrado en los momentos difíciles y, además, todos los días continúa aprendiendo para entregar lo mejor de sí a sus alumnas.
Por Soledad Posada M. / fotografías Sonja San Martín D.
De pequeña aprendió crochet, y desde ahí Julia Sáez siguió desarrollando diversas técnicas de tejido y bordado; sin embargo, el telar marca un antes y un después en su vida, ya que llegó justo en el momento que más lo necesitaba, cuando recién casada llegó a vivir a Constitución desde Santiago. “Al hacer algo manual, hay una conexión, es muy entretenido. Ayuda al alma”. A ella, le ayudó a salir de Santiago, y superar el cambio de ciudad.
Así, decidió tomar clases de telar en la capital, con María Isabel Valdés, y aprovechaba el viaje para ver a sus padres. “Viajé todos los domingo en la tarde por muchos años”. Luego, asistió a los cursos de Marcela Polloni, con quien trabajó el diseño y aplicación de técnicas, como los nudos de los marinos, y trabajos con vellones. Ahí logró hacer paisajes con lanas no totalmente hiladas. E innovó en, por ejemplo, hacer obras de tres cuadros, y lograr la continuidad al imaginar la imagen que viene.
Actualmente, su tema favorito son los horizontes nortinos, en los que siempre busca los colores exactos y texturas diversas. En ellos, destacan los colores tierra. Este año está trabajando en la incorporación de cobre, de las más diversas formas. “Me gusta, porque este material, al estar en la cordillera nortina, es uno de los colores que se ve en el horizonte. También, me encanta el calipso y los azules, en general. Sin embargo, también apuesto por el gris y rojo, que son una innovación completa”.
Todos sus trabajos son hechos con lanas naturales traídas desde Puerto Varas y Puerto Saavedra. “Los telares admiten todo, permiten destacar e ir a lo simple y natural. Pueden sostener una aplicación en fierro fundido, como una antigua mirilla, o ramas y piedras más planas”.
Julia innova en cada pieza. Alfombras, cuadros, pieseras, etc. Todo puede ser hecho en un telar, “incluso están volviendo las cortinas a telar, hechas con lino y deshilado. Cobre, yute y lino, la combinación perfecta”, asegura.
TALLER
En su casa, Julia Sáez, enseña a sus alumnas crewell, multipunto, crochet y telar en distintas técnicas. También bastidores con técnicas de telar, como colombiano y argentino. Su principal interés es lograr relacionar a todo el país, en cuanto a colores y materiales; “podemos unirnos a través del arte en el telar”, indica. En el futuro, por ejemplo, quiere incorporar el acero. “Es un gran desafío”. Además, quiere tener la oportunidad de hacer clases a personas de menores ingresos, porque “esta es una buena herramienta para empezar un negocio”, señala.
¿Cómo nace tu interés por los telares?
A medida que fui desarrollando otras manualidades, me di cuenta de que se limitaba mi campo de acción. Conocer los telares me permitió libertad de expresión, explorar colorido y el uso de diferentes materiales. Además, me permitió explorar el mundo del arte desde otra perspectiva, ya que pude plasmar el trabajo de muchos pintores en mis tejidos.
¿Qué inspiran tus diseños?
La inspiración de mis diseños es a diario, sobre todo cuando tengo la posibilidad de estar en contacto con la naturaleza.
¿Cuáles son las nuevas tendencias en diseño de telar?
Incorporar nuevos materiales y nuevas técnicas. Trabajando líneas rectas y curvas de manera de generar movimiento y contraste en cada tapiz. Esto los hace diferentes, sin perder la esencia del telar tradicional.
¿Cuál es tu paleta de colores?
Mi paleta de colores pasa por el diseño que esté trabajando. No es fácil elegir el colorido. Este depende de muchos factores, al momento de comenzar a tejer. Va conectado netamente con el trabajo y la emoción.
¿Qué provoca en ti el contacto con los diversos tipos de lanas y fibras?
Me conecta con mis emociones y me permite abrir un camino de aprendizaje y experimentación, el que trato de reflejar de la mejor forma en mi trabajo. También, representa un desafío, pues hay que buscar con mucha dedicación cada material, armar, desarmar y combinar hasta llegar a un resultado que nunca es igual al que se diseñó en un principio. Sin olvidar la parte fundamental que pongo en mis tapices: paciencia, perseverancia, amor y buenas energías.
¿Qué trasmites a tus alumnas cuando les enseñas telar?
Parto de la base que soy muy feliz con mi trabajo. Me gusta mucho lo que hago, por lo tanto solo puedo enseñar y entregar mis mejores conocimientos, dando la libertad para que miren los telares como obras de arte, no como simples objetos utilitarios. Lo más importante que se debe tener presente, es que en esta instancia se crea y se libera del diario vivir.
Actualmente, su tema favorito son los horizontes nortinos, en los que siempre busca los colores exactos y texturas diversas. En ellos, destacan los colores tierra.