Aquí prácticamente todo —las calles, la plaza y el museo— rememora la historia de Chile en su período independentista. Este pueblo es un homenaje a nuestro país, y los visitantes pueden sentir que son parte de un cuento de remembranzas ancestrales.
por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P
A doce kilómetros de Linares en la región del Maule, se encuentra Yerbas Buenas, un pueblo colonial conservado perfectamente, que transporta a los visitantes a uno de esos lugares descritos en los libros de historia de Chile.
La ciudad, que ha sabido superar el paso del tiempo y continúa manteniéndose intacta, se formó con la construcción de su primera iglesia en el año 1785; así en torno a ella, comenzaron a construir viviendas las familias que se asentaron en el lugar.
El nombre puede resultar conocido, pues en las clases de nuestra historia siempre se estudia “La Batalla o el Desastre de Yerbas Buenas”, ocurrido el 27 de abril de 1813, ya que es un acto simbólico que marcó el inicio de la independencia de Chile, y fue esta la primera vez que el ejército realista y un puñado de patriotas, se enfrentaron bélicamente.
Mucho después, en 2004, por sus características físicas y arquitectónicas, la comuna fue elegida para ser la locación de la teleserie de TVN Los Pincheira, historia que originalmente ocurrió en la provincia de Ñuble en la región del Biobío. Las grabaciones provocaron algunos cambios en el tranquilo pasar de la localidad, ya que las calles tuvieron que volver a llenarse de tierra y los habitantes se vieron invadidos por las luces, las cámaras y los actores.
RENACIENDO
Esta localidad es un lugar en el que se respira cultura, sus casas de adobe con pisos de ladrillo y pasillos coloniales invitan a soñar. Es un pueblo que tiene historia, además, es la cuna del poeta Max Jara, conocido por escribir “Ojitos de pena”, y sus restos descansan en ese mismo sector hace más de dos décadas.
Cuando apenas existían seis viviendas alrededor de la iglesia, vino el movimiento telúrico de 1935, y estas pequeñas construcciones fueron azotadas de tal manera que se destruyeron por completo, al igual que la iglesia que tuvo que ser construida nuevamente. Solo se salvó la casa de la familia Contreras, que hasta hoy permanece en pie y que actualmente alberga al Museo Histórico, lugar que estaba abandonado, hasta que el conservador del Museo de Arte y Artesanía de Linares, el pintor Pedro Olmos, trabajó arduamente para transformarlo en un espacio cultural. De esta manera, el 29 de octubre de 1976, fue convertido en Museo Histórico y Biblioteca Pública de Yerbas Buenas, lugar que ocho años después pasó a ser Monumento Histórico Nacional. En la actualidad funcionan uno al lado del otro. Se trata de un recinto pequeño, pero muy bien organizado, que incluye muestras permanentes. La mayoría están dispuestas en módulos protegidos con vidrios, lo que permite mirar, pero no tocar.
El VALOR DE LAS TRADICIONES
El Museo de Yerbas Buenas posee alrededor de trescientas sesenta piezas distribuidas en un hall de acceso —donde funciona también la biblioteca—, un salón donde se ubican los diferentes módulos y otra sala en la que hay diversas vitrinas con artículos como una virgen y algunos relojes. Casi todos los elementos que se encuentran en el lugar fueron donados por la comunidad.
En el recorrido por esas habitaciones encontramos el módulo llamado “Sociabilidad”, en el cual la gente podía compartir. Los detalles de la exhibición son muy interesantes, porque permiten que el visitante se sienta como en la época: los muros empapelados, la mesa, las sillas y el tocadiscos, artefactos pertenecientes a las familias que vivieron aquí, nos ayudan a imaginar cómo era la vida de antaño. En este la gente se juntaba para conversar y bailar.
Más allá está la “Vitrina vida cotidiana”, compuesta de muebles que estuvieron en las habitaciones de las casonas coloniales; el brasero era un infaltable para calefaccionar los distintos rincones del hogar. Se repiten los papeles murales en las paredes, siempre con motivos florales en diferentes tonos y motivos.
También está la “Vitrina religiosidad”, que no podía faltar. Yerbas Buenas surgió como una aldea alrededor de una iglesia católica, por lo que las familias que se instalaron en sus costados eran devotos fieles, por ello el crucifijo —de madera tallada—, el cáliz —de bronce—, los reclinatorios y la campana, son elementos que no podrían faltar para tener una idea del panorama general.
El módulo de “Música y cultura popular” completa el cuadro, el protagonismo del piano, la cítara y la guitarra, permiten ampliar la perspectiva y unir los diferentes polos, entre los más acomodados y los pertenecientes al pueblo.
Pese a ser un museo pequeño, los visitantes pueden encontrar parte de la historia del lugar, repartida en objetos de imaginería religiosa, arqueología, artesanía, armas, muebles, acuarelas, fotografías y una gran variedad de objetos antiguos.
CULTURA LOCAL
El museo es un promotor de la cultura local, pues además de mostrar una parte de la historia, desarrolla una serie de actividades abiertas a la comunidad, durante todo el año.
En el lugar, además, se encuentra la biblioteca, que posee cerca de cuatrocientos títulos, en su mayoría dedicados a temas históricos, dada las características de este pueblo tradicional. Este es un espacio reducido, pero abierto, en el que los visitantes pueden ver sin problemas el material del que se dispone.
Yerbas Buenas es un pueblo pequeño, con altos índices de ruralidad, pero sus habitantes han logrado transformarlo en una joya, pues en él, todo gira en torno a la historia y cultura local.
“Es un pueblo que tiene historia, además es la cuna del poeta Max Jara, conocido por escribir “Ojitos de pena”, y sus restos descansan en ese mismo sector hace más de dos décadas”.