Entusiasta y trabajadora, Macarena no puede dejar de sonreír. Y no es para menos, recientemente esta curicana ganó el premio Guacolda 2015 como la mejor mujer profesional empresaria dentro del rubro frutícola. Un reconocimiento entregado a su gestión, fruto de la pasión y entrega que pone día a día en su trabajo.
Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.
Dueña de una gran energía, con muchos y diversos intereses, Macarena (40) es una persona segura de sí misma, perseverante y que sabe muy bien lo que quiere. Eso explica por qué hoy la flamante gerente de Sistema de Gestión Integrada de la empresa curicana Solfrut fue la ganadora del premio Guacolda 2015, entregado por la Asociación de Exportadores de Fruta de Chile, ASOEX, con el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer, SERNAM, en la categoría mujer profesional empresaria.
Sin duda, un gran reconocimiento a las mujeres destacadas en el sector frutícola chileno, por su esfuerzo, trabajo y ejemplo de vida. Este año, el premio fue entregado por el presidente de ASOEX, Ronald Brown, y por la presidenta Michelle Bachelet, en un acto que contó con la presencia de más de trescientas personas entre autoridades y representantes de diversas empresas y organismos del sector frutícola del país.
Ingeniera comercial de la Universidad del Pacífico, casada con Eduardo Oettinger, mamá de Elisa, Matilde y José Pedro, Macarena se siente súper afortunada de poder conciliar el trabajo y la familia. Amante de la naturaleza, de los paseos al aire libre, y de su familia por sobre todo, le encanta pasar los fines de semana en su casa, que es su refugio, el lugar donde más le gusta estar. Le gusta leer revistas, jardinear y hacer grabados. Al salir de la universidad estuvo trabajando de forma independiente vendiendo fruta comercial a supermercados, trabajó en un vivero y en comercio exterior. Siempre le gustó el tema de gestión de personas y buscando un nicho en el mundo agrícola, encontró una oportunidad en la empresa familiar Solfrut.
EL PRIMER GRAN PASO
Cuando comenzó el proyecto de la certificación de la empresa, su papá le pidió ayuda. Este tema era un mundo desconocido para ellos en donde había que levantar procedimientos, desde las aplicaciones, contratos, inocuidad de las fruta, etc. Protocolos con demasiados requerimientos en donde hubo que partir cambiando cultura, buscando una nueva forma de hacer las cosas. “Fuimos la primera empresa en Chile en tener todos los huertos certificados; eso significa mejorar los sistemas de gestión de calidad y los procesos de la organización. Para mí fue una especie de confirmación profesional, ahí me di cuenta de que tenía un lugar en Solfrut y que podía aportar mucho”.
El año 2002 partió a España a hacer un máster en Gestión Integrada de Sistemas a la Universidad de Barcelona, con la idea de aprender a cómo unir, en una organización, la parte certificación, prevención de riesgos y gestión de personas, en otros. Al volver comenzó a desarrollar este tema, lo formalizaron, estructuraron, se hicieron asesorar por los mejores, hasta que finalmente estas tres áreas se juntaron y se armó la gerencia de Sistema de Gestión Integrada, S.G.I. Macarena, quien lideró el proyecto, quedó a cargo de la gerencia y desde hace diez años trabaja, codo a codo, junto a un ingeniero en prevención de riesgos, un sicólogo laboral y un asistente social.
Reconoce que el equipo que tiene no es típico de una empresa agrícola, sino más bien responde a estructuras de empresas exportadoras o más grandes, pero en Solfrut, la figura de su abuelo paterno, José Soler Mallafré, es muy potente. Para él, desde que creó la empresa, siempre ha sido muy importante la gente, muy orientado al bienestar de los trabajadores, entonces para Macarena es parte de lo que siempre le han enseñado, y es justo lo que ella quería aportar en una organización. “Tienes la obligación de ser un aporte a la sociedad”, le decían sus papás desde niña; sin entenderlo mucho, buscó su propio camino y hoy piensa que desde este lugar puede ayudar a otros.
¿Qué significado tiene para ti este premio?
Me siento súper afortunada y agradecida. ASOEX, el año noventa y cinco, también premió a mi abuelo José por su aporte y labor en beneficio de la fruticultura chilena; y este año 2015 me toca a mí con el premio Guacolda. Puedo decir es un tremendo orgullo pertenecer a esta familia de empresarios que partieron con nada, a puro “ñeque”. Un abuelo admirable, mi papá José Luis, que ha estado a la altura, y que ha sabido ir profesionalizando la empresa. Hoy todo esto se da gracias a que Solfrut es una empresa madura.
¿Cuáles han sido los grandes desafíos de trabajar en Solfrut?
El demostrar que el soporte humano es la base de todo. He tenido suerte porque estos años trabajando en Solfrut han sido entretenidos, siempre he sentido que me dan espacio y me permiten poner mi sello en cada proyecto. He tenido jefes excelentes que me han permitido desarrollar mis ideas. El soporte que nosotros damos despierta en los trabajadores la motivación, la autoestima, en definitiva aportamos la base de un buen clima para trabajar. Muchas veces se da por sentado, pero hoy, después de diez años, se ve la importancia que tiene lo que nuestra área hace debido a que para nosotros el capital humano en nuestra empresa es fundamental, ya que su bienestar repercute en mayor productividad y, por ende, rentabilidad.
“Para que resulte todo esto”, asegura Macarena, “es fundamental que el resto de las gerencias de Solfrut crean en la importancia de nuestro trabajo”. Hoy, hacen desde las Navidades de los niños de los trabajadores, la fiesta de fin de año, organizan campeonatos deportivos, entre otros. Ven también el tema de las certificaciones y, además, están a cargo de todo lo que es reclutamiento, selección, evaluación de desempeño, desarrollo organizacional, entre otros ítems. “Sin duda, nuestra gerencia es un factor diferenciador de la empresa”.
¿Qué es lo que más te enorgullece?
El tener el boliche armado. El que si yo el día de mañana necesito irme o la organización necesita otra cosa de mí, está la casa ordenada, hay procedimientos, está todo estandarizado; los procesos son reconocidos y aprobados por todos, hay una estructura, los cimientos están sólidos. Siempre hay más cosas por hacer, obviamente, pero existen muchos progresos. Queremos ser empleadores que den trabajos de buena calidad para así mejorar la productividad. Es una cadena virtuosa que está orientada a mejorar la productividad y rentabilizar el negocio. Cuando tus valores van en concordancia con los de la empresa, estás en el lugar indicado.
¿De dónde sale tanta fortaleza y ganas de trabajar?
El desafío que se me presentó en Solfrut fue increíble, di mi ciento por ciento en armar todo esto. Me entregué en cuerpo y alma para sacar adelante este proyecto y estoy súper orgullosa de cómo hemos ido creciendo. Me motiva a mil lo que hago y me siento respaldada en mi gestión, tanto por mis compañeros de trabajo como por mi marido, que ha sido fundamental en todo.
¿Qué es lo más difícil de lograr con tantas responsabilidades?
Llegó un minuto en que me di cuenta de que no podía seguir trabajando todo el día, pues no estaba logrando un equilibrio entre mi trabajo y mi familia. Mi marido y mis niños son, lejos, mi mejor proyecto, lo más importante de mi vida. Cuando mi hija mayor entró a primero básico quise estar en las tardes con mis niños para poder apoyarlos con las cosas del colegio. Entonces tuve que buscar el ajuste. Soy súper exigente con mis hijos porque creo que son muy privilegiados, quiero que den lo mejor de sí, que saquen a relucir todas sus potencialidades, pero creo que para eso hay que guiarlos. En las tardes soy chofer, profesora, mamá... ¡Me encanta ser mamá!
“Me motiva a mil lo que hago y me siento respaldada en mi gestión, tanto por mis compañeros de trabajo como por mi marido, que ha sido fundamental
en todo”.