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EDICIÓN | Mayo 2015

La apuesta por emprender

Francisca Valdés directora ejecutiva de Mujeres Empresarias
La apuesta por emprender

Ella misma es un ejemplo de mujer empresaria y exitosa. Junto a su socia, hace catorce años,
identificaron un nicho que requería atención y ayuda y hoy cuentan con tres mil socias a las que acompañan, asesoran y ayudan a emprender. “Le hace bien a Chile que existan cada vez más mujeres trabajando y creando negocios. No nos podemos permitir desaprovechar ese talento”, asegura.

Por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.

El año 2001, Francisca había decidido dejar de trabajar por un rato. Quería estudiar, hacer otras cosas. Se matriculó para hacer un postítulo en administración y comenzó a dar clases en un colegio en La Pincoya. Tenía sólo veintiocho años, pero necesitaba un momento para replantearse, pero los nuevos desafíos llegaron más rápido de lo esperado. Una amiga en común le presentó a Carolina Eterovic, quien llevaba un rato trabajando con mujeres y venía dándole vueltas a la idea de formar una agrupación. Ella enganchó de inmediato y comenzaron a fraguar lo que sería Mujeres Empresarias.

“La Carola había hecho varios cursos de formación empresarial para mujeres y todos se llenaban. Incluso, muchas quedaban con ganas de seguir haciendo cosas después. Su sueño era crear un lugar de encuentro. Había una necesidad que atacar, así que nos lanzamos. Nos entusiasmaba mucho que todo lo que comenzábamos a hacer tenía una recepción increíble, si organizábamos un seminario, se repletaba, si visitábamos una empresa buscando auspicio, enganchaban muy rápido. Nos dimos cuenta de que las mujeres empresarias formaban un nicho que hasta ese momento estaba desatendido.

¿Cómo definirías la labor que realiza Mujeres Empresarias (ME)?
Lo que hacemos es, principalmente, fomentar el emprendimiento femenino, porque estamos convencidas de que es un motor de desarrollo muy importante. Le hace bien a Chile que existan cada vez más mujeres trabajando y creando negocios y no nos podemos permitir desaprovechar ese talento. Por lo mismo, ofrecemos planes de asesorías a las que quieran emprender, les mostramos cómo armar, crecer y financiarse, gestionamos financiamiento público y privado, las conectamos y vamos fortaleciéndolas para que su idea de negocio se transforme en una empresa formal y rentable. Una vez que lo han logrado, ofrecemos redes de contacto y formación empresarial, cursos de liderazgo, además de la posibilidad de relacionarse con sus pares y crear redes. Y nos financiamos con el auspicio de empresas que quieren apoyar a estas mujeres a través de los eventos y premios que organizamos, como Las 100 mujeres líderes, Ejecutiva del año, Joven emprendedora.

Dentro de las socias hay un abanico bastante amplio, desde las asesorías hasta las artesanas, ¿dónde empieza y dónde termina el concepto de emprendedora?
No filtramos ni por industria ni por sector, acogemos a todas las que quieran partir. Cualquier empresa que tenga menos de tres años califica como emprendimiento, porque después de eso ya se consideran empresarias. Tampoco tiene que ver la facturación, porque podemos ayudarlas en una etapa muy inicial o en otras más avanzadas. Administramos fondos estatales como el Capital Semilla o los Fondos SAF y nos importa que sean escalables y puedan crecer con nosotros. La verdad es que el principio es el desde y el final es el hasta.

En Mujeres Empresarias trabajan veinte personas. Sólo mujeres, aunque eso intranquiliza a Francisca, quien tiene, entre ceja y ceja, que la próxima contratación sea un hombre, porque siempre han promovido los equipos de trabajo balanceados.

“Tenemos tres pilares. En el primero de ellos, el del emprendimiento, tenemos ejecutivas que son ingenieras civiles o comerciales, que entienden de negocios y entregan una atención personalizada según las necesidades de cada persona, derivándola a quien corresponda. También hay un área de relacionamiento, que trabaja con las grandes empresas y organiza eventos, premios y prepara nuestra revista. Ahí hay gente con más habilidades blandas, con un perfil más de marketing y comunicaciones. Y por último, tenemos un área de formación y desarrollo, que es académica y coordina las alianzas con universidades, elige profesores y speakers (oradores) para los cuatro cursos que hoy tenemos”.

¿Todas las que postulan son aceptadas o hay requisitos?
Hay dos planes, el plan Conecta, donde entregamos ayuda bien específica a gente que sólo quiere ir a los encuentros, recibir la revista y poner sus servicios en la vitrina del sitio web. El otro es el plan Crece y ahí tenemos una selección, porque son emprendedoras con más ambición, que buscan hacer crecer sus negocios, y el acompañamiento es personalizado porque, además, implica, muchas veces, ayudarlas a buscar financiamiento.

¿Cómo se relacionan con otras instituciones ligadas al mundo femenino?
Al principio estábamos solas, hoy me encanta que haya muchas más instituciones dedicadas a la mujer. Con Comunidad Mujer, por ejemplo, nacimos con seis meses de diferencia. Y aunque al principio la gente se confundía un poco, hoy somos súper diferentes y complementarias, tenemos muy buena onda, ellas hacen un gran trabajo a nivel de políticas públicas, de estudios en temas de género. De nuestros cursos han nacido otras iniciativas, como Mujeres del Pacífico, que busca salir de nuestras fronteras o Mujeres en la Alta Dirección (MAD), que realiza un catastro de mujeres preparadas para ser directoras de empresas.

CUOTAS E IGUALDAD

Francisca tiene cuarenta y dos años y es relacionadora pública de profesión. Reconoce que estudió esta carrera porque quería trabajar rápido, pero se arrepiente de no haber elegido ingeniería comercial: “soy una relacionadora pública innata, lo llevo en la sangre y me he dedicado a eso siempre, por lo que siento que me faltó formarme en algo que no dominara tanto… pero lo complementé con varios estudios de posgrado”.

Aunque se casó a los veinticinco años pensando en formar una familia grande, recién a los cuarenta llegó a su vida Luchito, su hijo, que le transformó la vida. “Fue muy difícil, pero soy una mujer de mucha fe y para mí los hijos son un regalo, no un derecho y así lo asumí. Fue un dolor grande, pero al final me fortaleció. Sabía que si no era mamá igual iba a ser feliz, porque me sentía fértil en muchas otras cosas. Pero al final llegó cuando tenía que llegar y lo recibí con más tranquilidad, con la posibilidad de disfrutarlo teniendo como respaldo una empresa consolidada… y así lo he gozado… aunque veo a todas mis amigas preparándose para que sus hijos entren a la universidad, mientras yo sigo levantándome todas las noches”, bromea.

¿Desde tu rol de madre y empresaria cómo ves que ha cambiado el perfil de las mujeres en el mundo de los negocios?
Cuando partimos, el treinta y cinco por ciento de las mujeres laboralmente activas trabajaban, hoy son el cincuenta por ciento. Hay una sociedad mucho más empoderada y eso cruza a las mujeres, que exigen estar donde quieren y trabajan para eso, con un plan de desarrollo profesional que cumplir, sobre todo en las generaciones más jóvenes, que no tienen límites. Hoy ya no hay que parecer un hombre para validarse y eso se nota en cosas tan simples como la forma en que se visten las ejecutivas: con sus tacos, vestidos, a la moda… sin complejos en mostrarse femeninas. Me gusta la igualdad de oportunidades, pero soy una convencida de que hombres y mujeres somos distintos, pero complementarios.

Hay ciertos roles que son inherentes a la mujer y el clásico conflicto de equilibrar familia y trabajo sigue muy presente…
Históricamente, el hombre había estado más en lo público y la mujer en lo doméstico, lo que nos hace llevar esa carga en el ADN. Pero ese rol está cambiando, el hombre se ha dado cuenta de que es muy rico estar cerca de los niños y la mujer ha descubierto lo bueno que es tener independencia económica y realizarse profesionalmente. Hoy hombres y mujeres buscan el equilibrio familia-trabajo.

Hay algunas grandes batallas ligadas a las mujeres, como la desigualdad de sueldo o de acceso a oportunidades, ¿cómo se relacionan con ese tipo de temas? Tratamos de relacionarnos de manera positiva, no vamos a la pelea. Nuestra responsabilidad pasa por visibilizar casos de éxito, de mujeres que han logrado ser gerentes, directoras, dueñas de emprendimientos de alto impacto. Uno necesita tener role models… si nunca vi a una mujer astronauta no se me va a ocurrir serlo.

Pero sí tienen marcados los límites de hasta dónde llegan, porque hay muchos temas de mujer en los que no se meten…
Nuestro marco está en creación de negocios, mercado laboral, no nos metemos en todos, tenemos opinión acerca de algunos temas de políticas públicas, pero sin salirnos de nuestra área. Somos feministas en el buen sentido de la palabra, por ejemplo, en temas como la ausencia de mujeres en directorios.

¿Eso significa que son partidarias de una ley de cuotas?
Yo estaba absolutamente en contra, pero después de ver que en diez años no hemos avanzado absolutamente nada, creo que es el empujón que se necesita. Si no, a este ritmo, no lo vamos a lograr.

 

“Hoy ya no hay que parecer un hombre para validarse y eso se nota en cosas tan simples como la forma en que se visten las ejecutivas: con sus tacos, vestidos, a la moda… sin complejos en mostrarse femeninas”.

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