Tell Magazine

Columnas » Nicolás Larrain

EDICIÓN | Mayo 2015

¿Ha entrado usted a alguna fiesta de sus hijos?

Publicista y conductor radial
¿Ha entrado usted a alguna fiesta de sus hijos?

Fue muy interesante observarlos, con calma, ya que se pueden inferir múltiples motivaciones, desde niños
que están dando rienda suelta a sus deseos más púberes, hasta quienes parecen estar en trance cumpliendo
con la obligatoriedad que imponen los amigos.

Me tocó entrar a ver una fiesta de mis hijos, entre los doce y catorce años, realizada en un colegio del barrio alto de Santiago, en donde calculo que había unos tres mil muchachos que se repartían en los alrededores del gimnasio y, en su gran mayoría, bailando en el centro de este.

Lo primero que me llamó la atención fue una pareja de chicos que bailaba reggaetón entrelazando brazos y piernas y arrodillándose realizando lo que se llama “hasta abajo” y a continuación de ese movimiento, él la tomaba de la mano, le daba un giro muy rocanrolero y volvían a descender con contorsiones y movimientos pélvicos al más puro estilo pascuense, pero, de nuevo, totalmente pegados y ella delante de espalda y el detrás encima, en lo que en mi juventud era conocido como el más feroz de los “punteos”. A continuación de esta coreografía venía un besuqueo desenfrenado y, para no dejar dudas, en la boca, en lo que popularmente conocíamos como “el buen atraque”.

Esta escena se repetía en varios focos de la masa que bailaba y quizás si el elemento más llamativo en ese primer golpe inicial era la total indiferencia de estos chicos ante quienes los mirábamos, papás, guardias, compañeros y hermanos menores. Nada los distrae ni los inhibe de su coreografía y de su abordaje. Pero aún había más. A los pocos minutos del besuqueo de esos mozalbetes, se desenredaban, caminaban un poco y reiniciaban un nuevo encontronazo, pero esta vez con nuevas parejas, o sea, no eran pololos (inocentona e ignorante idea que me ayudaba a concebir lo que veían mis ojos en los primeros minutos). Es decir, bailan, se besuquean, se manosean pero no hablan ni se preguntan los nombres.

Es muy difícil en una columna explicar con detalle todo lo que se puede ver, pero realmente lo recomiendo, más que para juzgarlo, solo para que sepamos en qué están nuestros hijos. Por lo mismo escribo esta columna y lo he hablado en la radio y entiendo que hay papás y mamás que han manifestado su
molestia por lo que leí en un mensaje que se mandaron entre ellos, diciendo que yo me referí a sus hijos “de manera vejatoria”. Solo quisiera que los fueran a ver bailar o que vean lo que ven sus hijos, antes de decir donde está lo vejatorio.

El paso ardiente de la fiesta fue creciendo y después era llamativo ver a muchas niñas bailando pegadas a la muralla, contorneándose de espalda, como llamando a los chicos a abordarlas y cómo estos se acercaban como gatos al cateo de la laucha. Fue muy interesante observarlos, con calma, ya que se pueden inferir múltiples motivaciones, desde niños que están dando rienda suelta a sus deseos más púberes hasta quienes parecen estar en trance cumpliendo con la obligatoriedad que imponen los amigos.

Todo lo que he escudriñado con posterioridad a la fiesta es aún más sorprendente. El nivel de alcohol, cigarros, marihuana y sexo que se produce en lugares más escondidos en la misma fiesta me hace reflexionar y solo invitar a los papás a que vayan a estas y que traten de hablar con sus hijos, por si algún día en medio de este desenfreno los llegan a necesitar.

 

Otras Columnas

Paredes que albergan nuestra historia
Archivo Histórico
Temporada de sopaipillas
Rodrigo Barañao
The Holiday
Cine Paralelo
Botas y más botas
Look Urbano
Nepal y el parto de las montañas
Asia Dónde Vamos
FORTUNA
Monocitas
» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación3+7+3   =