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EDICIÓN | Mayo 2015

Paredes que albergan nuestra historia

por Montserrat Salvat, coordinadora Escuela Pedagogía de Educación Media en Historia y Geografía, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad San Sebastián
Paredes que albergan nuestra historia

Sede de la ciudadanía, la cultura, la junta de gobierno y encomendado a celebridades, una republicana, Diego Portales, y otra de las letras, Gabriela Mistral, el actual GAM ha sido más que un prisma de cemento y fierro que se precipita desde el barrio Lastarria hacia la Alameda.

Iba a ser una torre de departamentos populares ubicada en pleno centro, pero la coyuntura lo catapultó a protagonista de cumbres internacionales. La Organización de Naciones Unidas había elegido a Chile para celebrar su Tercera Conferencia Mundial de Comercio, o UNCTAD III y la capital no contaba con instalaciones que pudieran albergar a varios miles de funcionarios, trabajadores, diplomáticos, periodistas, con servicios de comida, bancarios, estacionamientos, salas de reuniones grupales y plenarios masivos.

El organismo, creado recientemente, buscaba reflexionar sobre temas de economía que despertaban la efervescencia mundial. Palabras como tercer mundo, norte y sur, derrota de la pobreza y división del trabajo llenaban los discursos.

Eran los años setenta y ante tamaña misión, se reorientó el Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral para la conferencia, mas no perdió su filosofía original. Como debía ser un centro de cultura para la ciudadanía, se pobló con obras de lo más granado de los artistas chilenos, en combinación funcional con el espacio: peces de mimbre sobre los comedores, murales en las paredes, esculturas de gran formato en los jardines y la recordada chimenea, ubicada en el nivel de la calle, que mostraría la salida de los gases generados en calderas.

Contra el tiempo y en solo 275 días se terminó la obra, en abril de 1972. Participaron obreros calificados, técnicos, arquitectos. O, como se dijo en la época, el pueblo chileno.

Poco más de un año después, cambió notablemente su uso. Luego del bombardeo a La Moneda, el gobierno militar lo ocupó como sede del ejecutivo y legislativo. Se instaló allí la Junta y se le cambió el nombre a Diego Portales, figura histórica de inicios de nuestra república independiente, que para muchos es sinónimo de autoridad fuerte y obediencia a la ley.

Por ocho años, entre 1973 y 1981, se determinaron desde allí los destinos de la nación, pero al volver a Palacio, siguió ligado a las Fuerzas Armadas, pues la torre que se encuentra detrás se utilizó como sede del Ministerio de Defensa. Eso hasta hace pocas semanas, pues tras veinticinco años, esta cartera volvió a su histórico emplazamiento, frente a La Moneda, en calle Zenteno.

Las dependencias frontales quedaron como centro de convenciones, que había poco y nada de ese tipo de espacios en la capital.

Con la reanudación de las elecciones democráticas en los noventa, el Diego Portales fue el centro neurálgico para periodistas y autoridades, porque desde allí se comunicaba a los votantes los resultados preliminares y definitivos de los comicios populares.

En 2006, la tragedia, un incendio producto de una sobrecarga en su sistema eléctrico, dañó la estructura. Muchos levantaron la voz, pidiendo demoler tamaño abuso urbanístico e ideológico: símbolo visible del proyecto allendista o resabio de la dictadura. Se dijo que el edificio era uno de los más feos, que su estilo rompía la estética arquitectónica de ese sector de la Alameda, que era demasiado voluminoso para tan poco espacio…

Se optó por remodelarlo. Por devolverle el nombre original, en honor a la poeta y Nobel chilena. Por mantener su sentido original de centro de la cultura y protagonismo ciudadano. El rebautizado Centro Cultural Gabriela Mistral hizo porosa esa cuadra, abrió un cruce peatonal entre el norte y el sur, entre los barrios Bellas Artes y Lastarria y la Alameda, y regaló un espacio donde se practica desde meditación hasta baile popular, artes circenses, teatro, danza y lectura.

Con tanto complejo, como se quejaron varios al minuto de proponer su reconstrucción —Estación Mapocho, La Moneda, museos varios— a más de alguien le gustó el regalo. Por lo menos, las cien mil personas que lo visitaron el 2014, piensan así.

 

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