Premiados a nivel nacional e iberoamericano, los González Tamsec reconocen que el gran mérito de esta empresa familiar, surge de una oportunidad de negocio amparada en una visión común, en el compromiso, profesionalismo y tenacidad de quien quiere, puede. Con veintiséis años al servicio de la mantención de extintores, una flota de vehículos de última generación y presentes en cuatro regiones del país, la empresa busca permanecer en el tiempo y, para ello, ha instaurado un novedoso proyecto: Wilug Forever.
por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.
Luis González es prevencionista de riesgos de la ex Universidad Técnica del Estado. Al egresar trabajó en la Lanera Austral, a cargo del departamento de prevención. Aquí, constató que en la zona existía, por esos años, una notoria falencia en servicio de mantención de extintores.
Con el tiempo, trabajó en la Pesquera San José, también en el área de prevención y, a pesar de los años, Luis no veía cambios en el rubro y las necesidades eran las mismas. “El sistema seguía igual, la oportunidad de negocio estaba latente, de manera que decidí dedicarme a esto, junto a mi esposa Rosita Tamsec. Partimos con unos recargadores y compramos un furgón utilitario rojo que le llamamos “Rogelio”. Yo me dedicaba a recargar los extintores y ella a vender. El origen de Wilug es absolutamente humilde y artesanal y eso nos enorgullece tremendamente”, destaca Luis.
El patio de la casa de los González Tamsec, en el Llano de Coquimbo, marca el comienzo de una historia, la que en pocos meses más cumplirá veintiséis años. Aquí trabajaba el matrimonio y un recargador. Tres años después compraron la vivienda del frente donde instalaron el taller, un galpón y oficinas. “Cuando nos cambiamos a esta casa, ya éramos trece personas trabajando”, recuerda Luis.
Sus dos hijos, Luiggi y Wilson, entraron al negocio cuando cursaban la enseñanza media. Ambos, debían trabajar y estudiar al mismo tiempo y decidieron seguir los pasos de su padre convirtiéndose en prevencionistas.
“En mi caso, opté por estudiar ingeniería civil industrial y hace poco hice un diplomado en finanzas en la Universidad Adolfo Ibáñez, y otro sobre norma americana. Primero entramos con el negocio a los supermercados; luego, a la pesquera y más tarde a las mineras. Fue con este último que tomé la decisión de profundizar mis estudios. Era absolutamente necesario”, afirma el gerente general de Wilug, Luiggi González.
¿En qué posición está Wilug hoy, respecto a la competencia?
Luiggi: Sin menoscabar, existen talleres que funcionan como una vulcanización y que prestan el servicio. Ahora, si un cliente requiere instalar detectores de humo, un sistema de rociadores o bombas, en Wilug, encontrará ingeniería, pericia técnica y certificación… en ese sentido, en la región, no tenemos competencia.
¿Para llegar a este nivel de servicio, debieron recorrer un largo camino?
Luis: Al principio fue de manera artesanal, luego, en el año noventa y dos, compramos una máquina trasvasijadora de polvo químico, en Alemania. Nos convertimos en la octava empresa a nivel nacional, en contar con esta tecnología y eso nos permitió generar confianza entre los clientes. En ese tiempo, yo daba charlas sobre las instrucciones de uso del extintor y contábamos con una planilla de los clientes; cada vez que se vencía el producto, nosotros les recordábamos que debían hacer la mantención. Todo esto nos dio un plus y cuando Luiggi llegó a la empresa, incorporamos otros cambios…
¿Una mezcla de experiencia y juventud?
Luis: Hicimos un mix de ideas. Luiggi incorporó la tecnología y yo era el viejito que tenía la experiencia de cómo hacer las cosas. Veíamos que el rubro, en general, era paupérrimo, de muy bajo perfil, entonces quisimos darle otro enfoque. En el noventa y cinco, se incorpora mi hijo menor, Wilson, quien, hoy, se dedica al área comercial.
VENDER CONFIANZA
La consolidación de Wilug, según la mirada de Luis y Luiggi, se debe a la seriedad, profesionalismo, confianza y compromiso de la empresa frente a un producto certificado. “Aquí hay un trabajo que se refrenda con una etiqueta, hacemos lo que la norma dice y como empresa nuestros balances están auditados, tenemos un respaldo financiero y las prácticas de trabajo son reconocidas, es decir, nuestra propuesta de valor es que vendemos confianza”, recalca Luiggi.
¿Tenemos cultura del uso del extintor?
Luis: Falta mucho. La gente hace las mantenciones del extintor porque tiene que pasar la revisión técnica, no porque lo podría ocupar en una emergencia. En general, el chileno no es preventivo, sino más bien lamentativo.
¿Cómo crear esa conciencia?
Luiggi: Tendría que ocurrir un incendio muy grande para que las personas tomen conciencia. El último cambio importante en Chile al respecto fue cuando se quemó la Torre Santa María, en la cual se obligó a disponer de mangueras, pero no existe una decisión a nivel país que exija un estanque de agua en los edificios, rociadores o detectores de humo. Digo que una catástrofe cambiaría esta mentalidad, porque, a su vez, vendrían muchas demandas.
¿Debieran estandarizarse las empresas del rubro?
Luiggi: Se piden los elementos mínimos y eso ha sido por años. Es fundamental estandarizar para que las empresas puedan competir en igualdad de condiciones y así, entregar un servicio de calidad.
WILUG FOREVER
En el 2012, Wilug se instala en el Barrio Industrial de Coquimbo. Oficinas, planta, bodegas, gimnasio para los trabajadores, comedor, unidades de informática, entre otros, fueron construidos en un moderno edificio de quinientos metros.
¿Cómo fueron innovando, para abastecer la demanda?
Luis: Fuimos los primeros en Chile en contar con talleres móviles para mantener y recargar extintores, esto nos permitió ampliar el giro e hicimos un contrato con Falabella, a nivel nacional. Después, entramos a minera Dayton y luego, instalamos sensores de humo en minera Teck. Cuando entran en vigencia las ISO hicimos un PROFO y noté que nuestros trabajadores se alinearon al cambio con mucho entusiasmo. Fue una época distinta, porque comenzamos a trabajar con normativas y con una filosofía empresarial que nos hizo destacables.
¿Fueron pioneros en términos de certificación?
Luiggi: Fuimos los primeros en certificarnos en calidad, luego, en seguridad y medio ambiente. Esto, la verdad, está en el ADN de la empresa.
¿Esta visión de empresa, es el factor común de ambos?
Luiggi: Esto es lo que nos une. Mi padre siempre ha sido visionario, si hubiese sido más conservador, no habríamos hecho nada. En una ocasión nos dijo: “las esposas no pueden trabajar en la empresa”. En ese momento no lo entendí, hoy, sí. Mi padre lo que quiere es que la empresa permanezca en el tiempo y por eso se instaura el proyecto Wilug Forever.
¿Qué buscan con esta iniciativa?
Luiggi: La idea nació hace dos años. Wilug Forever es más que una declaración de buenas intenciones y como familia hemos tomado acciones concretas. Formamos un directorio, integrado por mis padres, Wilson y tres personas ajenas a la empresa y un Consejo de Familia, en el cual todos los temas personales se tratan fuera de la empresa. Rayamos la cancha para determinar el ingreso de futuras generaciones a Wilug, es decir, los hijos postularán como cualquier otra persona. Para evitar disputas, dejamos todo estipulado dentro de un marco legal. Luis: La filosofía base de este proyecto es la familia. Nosotros somos creyentes y sentimos que estamos bendecidos. No hemos estado exentos de problemas y dificultades, pero el amor es fundamental.
¿Todo esto, involucra también, a los trabajadores?
Luiggi: Por supuesto, el impacto es directo. Ante cualquier problema o disputa, nuestros trabajadores y la empresa están blindados. Este proyecto es protector y muy tranquilizador. Hoy, el eje estratégico empresarial es con una mirada profesional, bajo el alero familiar.
PREMIO IBEROAMERICANO
En el año noventa y cinco, cuando la empresa apuesta por ingresar al sector de minería, se instala la primera oficina en Santiago. Cinco años después, llegan a Calama, luego de firmar un importante contrato con minera El Abra. Más tarde, Wilug marca presencia en Copiapó, producto de la alta demanda de empresas contratistas de Candelaria y Ojos del Salado. Ciento setenta y un personas en total conforman, hoy, la gran familia Wilug.
¿Piensan expandirse a otras zonas?
Luiggi: Siempre es posible y hemos mirado el sur como una alternativa. Otra idea es poder cruzar las fronteras… estamos pensando en Perú.
Hace poco recibieron un premio de igualdad de género ¿qué revela esta distinción?
Luiggi: En el 2012, obtuvimos el tercer lugar; en el 2013; el segundo, y el año pasado recibimos el primer lugar. La Fundación Chile Unido hace un estudio anual sobre las empresas que favorecen políticas para madres y padres que trabajan.
Nosotros contamos con flexibilidad en los horarios, viernes por medio pueden retirarse dos horas antes y no recuperan estas horas de trabajo. Nuestra plataforma informática permite que se pueda trabajar desde la casa, dependiendo del oficio. Apoyamos iniciativas relacionadas con convenios universitarios y tenemos como política la igualdad de género, de sueldos y condiciones; en definitiva, apostamos a que los trabajadores sientan que su relación con la empresa va más allá de lo laboral.
Otro reconocimiento importante es el Premio Nacional a la Calidad…
Luiggi: En el 2010 obtuvimos este premio en categoría Pyme y eso nos permitió postular al Iberoamericano. Nos adjudicamos el segundo lugar en el 2012…
Luis: Este premio tiene un gran mérito. Con Rosita fuimos a España a recibirlo y yo me puse la camiseta de Coquimbo Unido (risas).
Un premio que distingue toda la trayectoria de Wilug…
Luis: Refleja que cuando te propones algo, luchas por ello y eres perseverante ¡siempre se puede! Fui un buen vendedor, porque el sueño que tuve hace muchos años, se los vendí a mi familia y ellos me lo compraron. Siento que los fidelicé y tengo fe en que perdurará.
“Fuimos los primeros en certificarnos en calidad, luego, en seguridad y medio ambiente. Esto, la verdad, está en el ADN de la empresa”, Luiggi González.