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EDICIÓN | Mayo 2015

La Serena colonial y el cobre campanil de fama mundial

Hernán Cortés Olivares, académico e historiador de la Universidad de La Serena.
La Serena colonial y el cobre campanil de fama mundial

El oro y el cobre fueron dos metales nobles que coadyuvaron a la expansión y consolidación de la conquista del territorio del Reino de Chile. El primero, estimuló la codicia y la ambición por acceder a una posición de privilegio, riqueza, fama y honor; y el segundo, favoreció la fabricación y el reemplazo de aquellos utensilios de uso doméstico como las herramientas y artefactos de la vida económica que eran fabricados con hierro.

Uno de los elementos vitales para los caballos del conquistador eran las herraduras de fierro, cuyo aprovisionamiento era inexistente. Cuando la hueste de Pedro de Valdivia llega a las riberas del río Mapocho, sus cabalgaduras necesitaban con urgencia ser herradas para combatir a los indígenas, y ante la escasez debieron utilizar el cobre de una mina del Inka, que proporcionó lo necesario para resolver tan estratégico problema.

En la región de Coquimbo, vecinos y encomenderos levantarán un complejo industrial de fundición cuprífera en el barrio de la ermita de San Miguel, hoy Avenida Amunátegui. El cobre labrado con sus especiales características servirá para elaborar goznes y clavazones para las puertas y ventanas de casas y templos; la incipiente vida cotidiana requiere una batería de artefactos para la higiene y salubridad personal y de la alimentación, por lo cual muy tempranamente se inicia la fabricación de ollas, cacerolas, lavatorios, palanganas, jarras, marmitas, pailas, platos, cucharas, cuchillos, etc.

En el caso de las actividades agrícolas y ganaderas, los estancieros y hacendados de los valles también se desempeñarán como hábiles empresarios mineros y construirán sus propios complejos de fundición. Es el caso de Juan de Cisternas en La Higuera, de Francisco de Aguirre en Marqueza La Alta, Valdovinos de Leyden en Andacollo, Bravo de Morales en Limarí, Juan de Ahumada en el valle del Choapa y muchos otros que, en poco tiempo, abastecerán las ciudades y pueblos del centro y sur del país.

El ritmo de producción satura en corto tiempo el mercado interno y se deben iniciar las exportaciones hacia las ciudades de Mendoza, San Juan, Potosí y el virreinato peruano, llegando, incluso, hasta Guayaquil, Santa Marta y Portobello; puertos de Centroamérica y puertos del virreinato de Nueva España.

El cobre labrado de Chile, ya sea como planchas, herramientas o utensilios, será exportado sin mayores trabas durante los siglos XVI y XVII, pues las ventajas comparativas que ofrece Chile son calidad, abundancia del metal y precio asequibles; la producción de plata es el centro de interés de las economías virreinales, y pueden pagar todo lo que necesitan a las economías complementarias y periféricas. La decadencia de los placeres auríferos en Chile permite aumentar la producción de cobre, reorientar la mano de obra indígena e introducir la mano de obra negra esclava. La cercanía de las minas y fundiciones a las radas y puertos, elimina los altos costos del transporte, como por ejemplo: Puerto Viejo en Copiapó, Huasco en Paitanasa, Coquimbo en La Serena, Tongoy en Limarí y Los Vilos y Huentelauquén en el Choapa.

 Uno de los casos más emblemáticos en este ámbito industrial-minero es el de la familia del Sargento Mayor del reino Pedro Cortés de Monroy, cuyo hijo, mediante la explotación de las minas de Los Choros Altos y La Higuera, comprará el título de Marqués de Piedra Blanca de Guana y Guanilla, uniendo mediante este vínculo todas las propiedades y riquezas acumuladas entre los valles de Elqui y Limarí, hacia 1670. La demanda de cobre por parte de España para enfrentar las guerras de Europa durante el siglo XVII y XVIII, le lleva a la confiscación del cobre en los puertos y fundiciones, empobreciendo a los encomenderos y hacendados de La Serena, pero a su vez, estimulando el contrabando con los barcos de las potencias enemigas ávidas del metal rojo de Coquimbo.

La relevancia de la industria del cobre de Coquimbo durante la conquista y los siglos coloniales, está íntimamente ligada a otro producto emblemático y de fama mundial: el pisco.

 

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