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EDICIÓN | Mayo 2015
Valorar el trabajo de una artista

Ningún artista carece de una postura al respecto y, seguro, cuenta con una serie de experiencias entre divertidas e insólitas para compartir. Para mí, la última fue la siguiente: publiqué en mi Facebook “Un espejo que acabo de terminar”. Una chica de otra ciudad compartió la publicación y una amiga de ella comentó: “Hazlo tú, de paso te entretienes y después haces para vender… jajaja”. ¿Que piensan de una frase así? Por mi parte, les puedo contar lo que a mí me provoca y creo interpretar a varios colegas. Me pregunto ¿realmente esta persona cree esto o es, simplemente, falta de criterio, ignorancia o falta de sensibilidad y consideración?

Llevo quince años dedicada a este oficio, es mi profesión, no un pasatiempo, sin embargo, cualquiera cree que puede hacer lo mismo. Lamentablemente, los artistas estamos acostumbrados a esta clase de comentarios, algunos los toleran mejor que otros, pero las personas, a veces, no entienden de qué hablamos y dicen: “pero si no es con mala intención” o “no estoy menospreciando lo que haces”… y, claro, puede ser.

Cuando exponemos nuestro trabajo, mostramos, también, el esfuerzo que hay detrás. Cada obra tiene una intención, es parte de nuestro espíritu y en ese ejercicio somos susceptibles a toda clase de observaciones y comentarios. Algunos encantadores preguntan si eres de la zona, como diciendo “y como es que no habíamos visto nunca esta maravilla”. Otros, te felicitan o halagan sinceramente. Se interesan, lo muestran a sus acompañantes, enseñan a sus hijos a mirar con cuidado y los educan en el ejercicio de apreciar… ¡eso es lindo y se agradece mucho! En el otro extremo, están quienes comentan, abiertamente, con sus acompañantes que tal persona (la tía, la vecina, la abuelita, la hija de ocho años) hace lo mismo y comienzan a relatar, dando sus propias instrucciones: “si compras esto, lo cortas así y lo pegas acá… ¡si esto lo hace cualquiera!”. ¿Se supone que eso no te debe ofender?