El pasado veintitrés de abril se conmemoró el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, fecha en que nuevamente la comuna se hizo presente en la celebración de tan emblemática efeméride. Es por esta razón que queremos destacar, en esta columna, a una gran mujer viñamarina que forma parte de la identidad de la literatura nacional e internacional. Al leer parte de sus obras se puede apreciar la gran pluma que tenía para plasmar desde lo simple a lo más complejo y traerlo ante nuestra mirada.
Teresa Wilms Montt nació el ocho de septiembre de 1893 en la Ciudad Jardín, fue la segunda hija de siete hermanos, sus padres fueron Guillermo Wilms y Brieba y Luz Montt Montt. La casa familiar quedaba ubicada en calle Viana, esquina Traslaviña, como aparece en el Álbum de Viña del Mar de 1913.
A los diecisiete años de edad, se casó con Gustavo Balmaceda, con el cual tuvo dos hijas: Elisa y Silvia. En 1911 se traslada a Santiago, frecuentando reuniones y encuentros literarios, lo que empieza a generar constantes disputas matrimoniales. En 1912 se trasladan a la ciudad de Valdivia, en donde forma parte de la masonería y se convierte en anarquista; todo lo anterior llevó a que fuera internada en el Convento de la Preciosa Sangre ubicado en Santiago por parte de su familia. De allí logrará escapar con ayuda de su gran amigo, Vicente Huidobro, a la ciudad de Buenos Aires, posteriormente a Nueva York, para luego viajar a Barcelona, París y otros lugares de Europa. En algunas de sus obras firmará como Therese de la Cruz. Dentro de sus obras destacan Inquietudes sentimentales y Los tres cantos, Cuentos para hombres que son niños, La quietud del mármol, Mi destino es errar, Anuari y Lo que no se ha dicho. Cabe destacar, además, que Teresa Wilms prestará ayuda a la Cruz Roja norteamericana como voluntaria y enfermera durante la Gran Guerra. Luego de un largo tiempo se reencontrará en París con sus hijas (1920), que habían sido entregadas al cuidado de su padre. Después de finalizada la visita se sumirá en una gran depresión que terminará con su vida el veinticuatro de diciembre, a los veintiocho años de edad; así dejaba de existir en Paris una gran literata, alma inquieta y con un gran camino por recorrer.
“Libre de prejuicios, desnuda en su altiva sinceridad, rebelde a todos los convencionalismos, grande entre los pequeños y solo pequeña ante lo infinito… Nada tengo, nada dejo, nada pido… desnuda como nací me voy, tan ignorante de lo que en el mundo había. Sufrí y es el único bagaje que admite la barca que lleva al olvido. Teresa Wilms Montt, Lo que no se ha dicho, editorial Nascimento, Santiago, 1922.
A modo de conclusión, podemos señalar que Teresa Wilms fue una mujer adelantada a su época que luchó en contra del pensamiento imperante por parte de la casta burguesa, aristocrática y clerical que lideraba el país. En su escritura y obra buscó la manera de plasmar este descontento social y cultural, además de ser una de las pioneras del movimiento feminista en Chile.