Convierte proyectos de arquitectura en objetos de arte. Utiliza tonos fuertes, superposición de niveles y mucha creatividad. Una artista inquieta que ve en la trama de un tejido a telar o en el plano de una casa la misma belleza esencial.
por María Jesús Sáinz N. / fotografia Andrea Barceló A.
“Soy hija única de papás separados”, dice, mientras se acomoda en el sofá de su departamento en Vitacura donde ofrece un café y dispone de unas galletas para conversar. Lo expresa porque esa circunstancia —su niñez con mucho de regaloneo, pero también de soledad—, la arrastró a cuanto curso, taller y actividad extraprogramática había para llenar sus tardes fuera del colegio.
Así fue como llegó a la academia de Carolina Galaz y comenzó una larga y muy acompañada relación con el arte, a pesar de su inclinación hacia las matemáticas que, al salir de colegio, la hizo pensar en estudiar ingeniería civil. Pero triunfó la veta artística y se terminó licenciando en la Universidad Católica para convertirse en una artista inquieta, versátil y muy creativa.
Al comienzo de su carrera hizo grabados, esculturas, intervenciones, realizó clases de reciclaje de ropa en un colegio y trabajó en alta costura con el diseñador Pato Moreno, pero el camino hacia lo que la consagra hoy con su serie —a la que llama “habitando”— lo fue tejiendo, literalmente, poco a poco.
Se apasionó con la artesanía textil contemporánea y en un enorme telar, que hoy quiere vender para iniciar una nueva etapa, creó por años colecciones de tejido en alpaca. Reconoce que aquel oficio paciente de contar los puntos, calcular los tramados y buscar la armonía de diseño y color, aunque no lo parezca, tiene mucho que ver con su trabajo actual.
“La trama del telar es bien matemática. Tienes que saber exactamente cuántos hilos van por diez centímetros, cuántos colores vas a subir para hacer los diseños. Tienes seis pedales y cada uno va creando un ritmo de tejido”, explica, buscando en su origen de tejedora, los fundamentos de la artista visual que es hoy.
COLOREAR UN PROYECTO
Todo comenzó cuando conoció la casa de playa de una amiga, cuya mamá es artista, y simplemente se maravilló ante su belleza. “Empecé a dibujar mi interpretación de la casa en un plano y la pinté con acuarela. Ahí vi que era posible juntar mi interés por la arquitectura y el arte”, explica.
Luego hizo lo mismo interpretando, en un dibujo, el diseño del taller que tenía en Bellavista y, antes de darse cuenta, estaba trabajando sobre planos originales. Decidió intervenirlos con color y componerlos en tres niveles para darles movimiento. Trabaja en acrílico transparente, y pinta con spray, stikers y plumones.
¿Por qué usar esos materiales?
Siempre parto con lo que me gusta técnicamente hacer. Yo ahora miro un cuadro y sé exactamente qué decirte de él, pero en el momento de la creación es sólo disfrutar.
¿No partes desde un concepto?
No. Recuerdo un profesor que nos decía que la creación artística tenía que ser el constante traspaso de lo que uno piensa a la manualidad, pero que tenía que salir automático. Y yo creo en eso.
De esta forma, al momento de intervenir los planos su criterio es puramente estético. “Los colores, el juego, el contraste, la vibración... Voy jugando, en realidad. Es la contraposición de todo lo que me gusta”.
EN BUSCA DE LA IDENTIDAD
Su serie de cuadros Habitando (www.isabelgeisse.cl) le ha permitido hacer un aporte a la crítica visión que tiene de la identidad nacional en el paisaje. “Miro las calles, los barrios invadidos de torres gigantes y noto como nadie se preocupa de la planificación urbana, de mantener la identidad o los colores”.
¿Y crees que tus cuadros aportan identidad?
Sí. Mis cuadros tienen mucho de eso. Yo tuve un viaje a Chiapas, en México, donde cada pueblo, aunque estuviera a quince minutos de distancia del otro, tenía su propia identidad textil y era totalmente distinta a la del pueblo de al lado. Esa idea del sello único siempre me ha fascinado.
¿Y cómo aportas tú en ese sentido?
Con las intervenciones, porque los planos son herramientas en sí mismos. Tienen una estructura y me permiten darle identidad a partir de mi manejo del color y de mis tramas.
¿Y por qué planos de arquitectura?
Pienso que es mi lado estructurado. Quería hacer intervenciones con ellos porque las intervenciones en sí están en un espacio y te hablan de la identidad del lugar.
Al principio elegía diseños que le atraían visualmente, pero ahora ha comenzado a trabajar con planos que le encargan, pues se pueden intervenir los dibujos de edificios, casas, departamentos o estudios de arquitectura. Ha tenido pedidos de Argentina y nota cada vez más interés por su trabajo, original y propositivo.
Al final, esta joven, que hace unos años estaba en la encrucijada entre ser ingeniera o artista, se dio cuenta de que el punto medio del camino entre las dos profesiones era la arquitectura, y a ella ha venido a hacer su aporte de color y movimiento.
“Empecé a dibujar mi interpretación de la casa en un plano y la pinté con acuarela. Ahí vi que era posible juntar mi interés por la arquitectura y el arte”.