Gustav Mahler (1860-1911)<br /> Sello: ABC Classics<br /> Año: 2008
Con frecuencia catalogado como uno de los más autobiográficos compositores, en parte por su metodología creativa inextricablemente ligada a sus experiencias personales y, aún más, por su afición a apostillar/glosar sus partituras con vívidas descripciones de sus estados emocionales, Gustav Mahler ofrece, en la Sinfonía 10, una verdadera obra dramática que trasunta el calvario que le supuso enterarse de los escarceos románticos de Alma, su esposa, con el promisorio Walter Gropius. En términos post-modernos y desacralizados: un reality musical vienés avant la lettre.
Si ya desde el solo punto de vista del morbo escuchar la sinfonía vale la pena, desde la perspectiva musical uno recibe una recompensa. Y esto âlo justo hay que decirloâ no siendo un gran fanático de Mahler. ¡Vamos!... que cuando de música vienesa se trata, me cuento entre los que arquean una ceja, ante todo intento de distorsionar el vals. Pues bien, de Mahler podría decirse que siempre quiso ponerle una bomba.
La Sinfonía 10 no alcanzó a ser estrenada por su compositor. Tras la muerte de Mahler, su manuscrito, bocetos e inserciones permanecieron inacabados y en poder de su viuda, quien por algún tiempo buscó quien completara y orquestara la obra. Personajes de la talla de Schoenberg y Shostakovich rechazaron el desafío por inabordable. Hasta que, en la década del sesenta, el rompecabezas lo armó Deryck Cooke y lo ejecutó âpor radio y por primera vezâ la Orquesta Philarmonia de Londres, con gran disgusto de Alma Mahler, quien prohibió toda futura reproducción⦠hasta que ella misma cambió de parecer y alentó a Cooke a perseverar en una versión completa, que es la que se comenta aquí.
La obra es simétrica y compuesta de cinco movimientos: el primero (andante-adagio) y el último (finale), lentos y de mayor y similar duración; el segundo y el cuarto (scherzo), ágiles y de menor extensión, y el tercero y central (llamado Purgatorio, por Mahler), brevísimo. La ejecución está a cargo de la Orquesta Sinfónica de Melbourne, bajo la dirección de Mark Wigglesworth. Muy recomendable.