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EDICIÓN | Abril 2015

El impacto psicosocial de las catástrofes

Dra. Mariana Bargsted Aravena Decana Facultad de Humanidades Universidad Católica del Norte
El impacto psicosocial de las catástrofes

Es hora de que Chile cuente con equipos de intervención psicológica de emergencia, facilitando que las víctimas, familiares y voluntarios puedan superar las profundas huellas psicológicas que genera el verse enfrentado a la muerte, el dolor, la destrucción y la pérdida de manera colectiva.

Una vez más, nos vemos enfrentados cara a cara con la naturaleza y su fuerza. Nada nuevo. Y, como siempre, los efectos a nivel físico, psicológico y social han sido de tal magnitud que la comunidad afectada ha visto interrumpido su funcionamiento de una manera brutal. Esta catástrofe en particular ha sido muy violenta. El evento catastrófico de los aludes es especialmente prolongado: las personas se han visto en riesgo vital por horas. Esto tiene un efecto importante en el impacto psicosocial del evento. El cuerpo y el alma enfrentaron por horas el riesgo, el frío, el barro, la incertidumbre, la angustia y el dolor. Además, el restablecimiento del funcionamiento cotidiano demorará meses. Y, como pasa frecuentemente en las catástrofes de nuestro país, se desnudan las desigualdades sociales estructurales que nos negamos a ver y resolver.

Sobre los comportamientos que han emergido después del evento catastrófico, a nivel individual nos encontramos con reacciones de estrés, ansiedad, dolor, rabia y desconsuelo, las que son comprensibles. Habrá que estar atentos a cuando estas reacciones se prolonguen en el tiempo, afectando la salud mental de las personas. Se ha identificado claramente la existencia del síndrome de estrés post traumático, cuyas consecuencias pueden ser inhabilitantes de la vida cotidiana si no se tratan adecuadamente. Particularmente vulnerables a esto son los niños, adultos mayores, personas con algún grado de dependencia y quienes han perdido a algún ser querido.

A nivel social, una vez más los desastres sacan a la luz nuestros mejores y peores comportamientos colectivos (ya lo decía Freud en Psicología de las masas después de la Primera Guerra Mundial). Fuimos testigos de la solidaridad de ciudadanos comunes y corrientes que fueron a ayudar al proceso de limpieza y subsistencia inicial de los afectados. Vimos quejas y dolor de los afectados. Vimos también a quienes acapararon productos (como hemos visto en otros desastres que ocurren incluso a miles de kms.) y a quienes aprovecharon sus cargos para beneficiarse. Y hubo muchos a los que no vimos ni aparecer. Y ahora esperamos ver a un gobierno potente, resolutivo y eficaz en generar las condiciones físicas y sociales para que las comunidades se levanten nuevamente. No solo lo esperamos, lo exigimos, junto con ver a un empresariado de la minería haciéndose cargo de las consecuencias físicas y sociales que su actividad económica genera.

Ahora bien, para apoyar en el levantamiento de las comunidades y personas afectadas, tenemos que reconocer que la vida no puede ser la misma de antes. Debe ser mejor en condiciones urbanas, ambientales, económicas y psicosociales. Frente a este último tema, hoy se reclama fundamental el fortalecimiento de los órganos de gestión de catástrofes de Chile, incluyendo equipos en diversas disciplinas. Específicamente, ya es hora de que Chile cuente con equipos de intervención psicológica de emergencia, facilitando que las víctimas, familiares y voluntarios puedan superar las profundas huellas psicológicas que genera el verse enfrentado a la muerte, el dolor, la destrucción y la pérdida de manera colectiva. Existen claros protocolos de actuación generados por organismos científicos y aplicados de la disciplina de la Psicología de la Emergencia. En esto, por nuestra historia y geografía, debiéramos ser también referentes mundiales, pero, sobre todo, efectivos en brindar a las comunidades y personas espacios para restablecerse psicológicamente. La salud mental no es una externalidad (como reconocen nuestros sistemas laborales y sanitarios). Es nuclear, fundamental en la salud de las personas y la sociedad. Y requiere de acciones estables y serias para tener efectos reales en el bienestar psicosocial individual y colectivo.

 

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