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Entrevistas

EDICIÓN | Abril 2015

Escribir, enseñar y vivir

Víctor Bórquez Núñez
Escribir, enseñar y vivir

Recientemente nominado como miembro del Consejo de Calificación Cinematográfica, en representación del Consejo de Rectores de las Universidades de Chile, hoy tendrá el privilegio de conocer todos los filmes que se exhiban en nuestro territorio nacional. Este nombramiento confirma su amor por el séptimo arte al que dedica importante parte de su vida. Escritor, columnista y cinéfilo, son distintas facetas de una vocación que lo lleva a luchar incansablemente por cumplir lo que se propone.

por Soledad Meléndez R. fotografía Andrés Gutiérrez V.

Víctor Bórquez es, por definición, una persona entrañable. Buen conversador, culto, inteligente, empático, con un corazón generoso y, además, con una producción literaria increíble, compuesta por columnas, cuentos y libros, uno tras otro, con material de alta calidad y de un ágil e inconfundible relato.

Empezó a escribir en su adolescencia, aunque encauzó su talento gracias a la magistral influencia de Andrés Sabella, quien le hizo clases en la carrera de Periodismo, a la que llegó en forma circunstancial, ya que su verdadera vocación era ser profesor. Quizás por eso desde siempre hizo clases y aunque también ha ejercido como periodista y crítico de cine, es como pedagogo que se siente realizado.

Nacido y criado en Antofagasta, realizó sus estudios básicos en la Escuela N°4, de Calle Huanchaca, y en la Escuela Grecia. Su enseñanza media la cursó en el Liceo de Hombres y estudió Periodismo en la Universidad del Norte, una de las pocas carreras que sobrevivió a la ola de cierres que afectó al área de humanidades en todo el país.

¿Por qué elegiste periodismo?
Mi primera opción fue ser profesor de castellano. Pero cuando egresé de cuarto medio cerraron todas las pedagogías en Antofagasta. No tenía los recursos económicos para estudiar en la capital y sumado a la incertidumbre política de esa época, mi única alternativa fue quedarme en Antofagasta. Periodismo me gusta mucho y le tengo respeto porque amplió mi mirada, pero siempre quise hacer clases. Por eso mi licenciatura es en Educación, lo mismo que mi magíster y el doctorado, que estoy terminando, que también apunta hacia el ámbito del proyecto educativo. Hasta el día de hoy me siento más profe que periodista, he hecho clases desde que egresé y a muchas generaciones les ha tocado tenerme como profesor.

¿Cómo describes la experiencia de formar a jóvenes?
Tengo doble responsabilidad. Primero debo encantarlos con asignaturas que son importantes para su currículo profesional futuro. Segundo, tengo que sintonizar con una generación del “corta y pega”, del Wikipedia, de una generación que todo lo ve fácil, que no investiga, que no lee y, por ende, como tercer desafío, me toca sintonizar con los tiempos y aprender a moverme en un mundo de Twitter, Instagram, correos electrónicos, WhatsApp. Entregar un conocimiento que es para toda la vida en un entorno tan desechable, no es nada fácil.

¿Cómo te enfrentas a esta verdadera revolución de las redes sociales?
A mis cincuenta y cinco años me enfrento a este desafío virtual, no para ser “el viejo buena onda”, sino porque parte de mi misión es entender el escenario donde se mueven los jóvenes, cuáles son sus inquietudes. Tengo que saber dónde está el peligro y el beneficio de las redes para que cuando me enfrente a mis estudiantes pueda decirles: “yo también sé navegar en esas redes, por lo tanto, estoy sintonizado con su lenguaje”, y eso los chiquillos lo valoran.

¿Eso es lo que más te apasiona de hacer clases?
Me siento joven, me renueva. Creo que hacer clases es el mejor bálsamo de juventud. Los años pasan y el calendario es inexorable, pero voy cada día aprendiendo a captar las reales necesidades de las nuevas generaciones. Es una relación bastante especial porque junto con ser empático y hablar su lenguaje, mantengo ideales de la vieja escuela: preparo mis clases, llego antes que ellos y me voy después que ellos. Todavía mantengo autoridad en la sala, soy de los que corrigen la ortografía y la redacción y de los que aún dan consejos, porque pienso que eso es lo que deja huella.

PLUMA PRODIGIOSA

Además de las clases, has desarrollado una carrera literaria brillante, ¿cómo cultivas esta capacidad de escribir? Es una vocación, un don y un privilegio que tengo desde los dieciséis años y que se consolidó gracias a Sergio Gaytán, quien me guió y apoyó cuando era estudiante de letras. A este gran honor se sumó haber tenido como profesor, el primer año de mi carrera, a Andrés Sabella, lo que me marcó rotundamente.

¿Podríamos decir que fuiste privilegiado en tu formación a temprana edad?
Tuve la suerte de tener a buenos profesores en la enseñanza media, a gente que me hizo leer y ser bien sistemático, personas con las cuales tenía conversaciones muy maduras. Entonces eso, unido a un talento natural, hizo que la literatura llegara a mi vida. Hay quienes pintan, cantan, bordan o hacen comida y son felices con lo que hacen, yo soy feliz escribiendo columnas, literatura y apreciación cinematográfica.

“Cuando perseveras en tus dones y eres una persona consecuente con tus objetivos todo fluye y por eso que hoy cuando alguien me dice “¿usted me haría una clase?”, lo hago con cariño. He hecho clases, dictado cátedras o he presentado libros en las condiciones más increíbles. He estado en sindicatos, centros de madres, en poblaciones, en la Feria Internacional del Libro en Lima, en La Habana y todo lo he enfrentado con el mismo respeto y el mismo cariño. Aprendí una lección muy temprano: cuando más creces intelectualmente, más humilde te vuelves”.

LITERATURA

Junto con la pedagogía y la apreciación cinematográfica, Víctor Bórquez desarrolla, desde muy joven, una carrera literaria que suma once libros publicados y diversos premios en certámenes nacionales e internacionales.

¿Cómo ha sido el proceso de publicación de tus libros?
El drama de todos los autores en Chile es que no tenemos otra posibilidad que auto gestionarnos. A menos que estés en Santiago o tengas mucho tiempo para recorrer editoriales, no queda otra que meter la mano a tu propio bolsillo y hacer la pega. Esto se agrava en Antofagasta, donde solo hay una librería, que por ser una cadena, no te da el espacio ni te destaca. Sin embargo eso no me amilana, al contrario, cuando saco libros, no me hago ningún problema, voy abriendo mis propios espacios, recurriendo al boca a boca, usando las redes sociales, golpeando puertas, vendiéndolos yo mismo.

Para que un libro se auto financie ¿cuántos ejemplares tienes que vender?
Mínimo, unos quinientos o seiscientos ejemplares a un precio razonable, que puede ser entre cinco mil y diez mil pesos. Me estoy editando en estos momentos en escritores.cl, que agrupa a muchos escritoresindependientes en Santiago. Cada nuevo libro requiere mucha dedicación, tiempo y esfuerzo, pero son pequeños sacrificios que uno tiene que hacer y, bueno, si te subiste al carro de la literatura, ya no te puedes bajar.

Pero es un sacrificio que vale la pena…
El tema es que me gusta escribir. Amo hacerlo y por eso, si tengo que escribir en papel roneo lo voy a hacer. Para mí lo importante es el respeto por el público que me va a leer. Cuando mañana alguien tome uno de mis libros, quizás ni se va a fijar en el autor. Simplemente va a leer y va a decidir si le gustó o no le gustó y esa es la prueba de fuego para todo escritor.

¿Has pensado en rendirte a veces?
Creo que tenemos que seguir perseverando a pesar de no tener espacios. Hay que seguir trabajando, aunque sabemos que hacen falta librerías, espacios culturales donde se dé la posibilidad a los autores emergentes o consagrados, músicos o artistas en general para que puedan vender sus trabajos. Tengo claro que no me voy a hacer millonario con esto, solo quiero auto sustentar mi trabajo.

¿Cuál es tu próximo trabajo?
Ya está en la editorial y se llama Es extraño lo que hace el amor. Lo voy a presentar en agosto que es invierno y mi mes de cumpleaños, lo que es una cábala para mí. Este libro trata sobre tres mujeres en una o de una protagonista que se imagina tres mujeres. Es una obra muy especial, muy breve; es una indagación en clave surrealista en torno a la figura femenina, que es un tema sobre el que me encanta escribir. Cada una de mis obras está hecha con mucho respeto y desde una vereda muy especial, porque el eterno femenino es para mí una encrucijada que observo y trato de resolver.

 

“Cada nuevo libro requiere mucha dedicación, tiempo y esfuerzo, pero son pequeños sacrificios que uno  iene que hacer y, bueno, si te subiste al carro de la literatura, ya no te puedes bajar”.

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