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EDICIÓN | Abril 2015

Piezas de arte

Eduardo Jiménez, pirograbador
Piezas de arte

La experiencia de Eduardo en la pirografía ha sido como un viaje a la antigüedad. Sus trabajos retratan un arte laborioso y perfeccionista, donde una obra jamás es igual a la otra. Su sello lo ha caracterizado en Iquique y sus trabajos se convierten en un imperdible para extranjeros y visitantes de la región.

Texto y fotografía Soraya Valdivieso S.

La pirografía es una técnica milenaria a la que los chinos describían como “bordar con agujas de fuego”. Sus orígenes, para algunos estudiosos, se remontan a la prehistoria, cuando nuestros antepasados crearon diseños empleando los restos calientes del fuego.

Esta forma tradicional de hacer arte, se convirtió en la pasión de Eduardo Jiménez, quien la practica desde hace más de catorce años. Día a día invierte el ciento por ciento de su tiempo en esta técnica, que consiste en una incisión y un dibujo sobre materiales como la madera, el cuero u otras superficies, siempre inspirado en fotografías o ilustraciones.

A través de su arte, Eduardo nos pone en contacto con uno de los primeros acercamientos del ser humano con la materia, con una finalidad estrictamente decorativa. La pirografía es de aquellas formas de arte que, muchas veces, se va perdiendo con el paso del tiempo y que gracias a algunos pocos, logra sobrevivir y, más aún, cobrar vigencia con cada pieza.

¿Cuál es el sello que tienen sus obras?
Trabajo para lograr que las personas no puedan reconocer si es una obra nueva o antigua. Busco rescatar el blanco y negro, los tonos sepia, aplicados con la técnica del achurado de ilustraciones o fotografías antiguas.

¿En qué consiste el proceso creativo?
Primero soy un ratón de biblioteca, me rodeo de libros, imágenes y, sobre todo, imágenes antiguas. Muchas veces intervengo fotografías con elementos modernos para que ninguna obra sea igual a la otra. Busco el material que utilizaré y comienza lo más importante: crear algo nuevo de la nada.

¿Cuáles son sus obras más destacadas?
Creo que cada una de mis obras busca ser la más importante. Cuando me enfrento a un trabajo, me siento en plena libertad de crear y desarrollar mis propias ideas. Me gusta trabajar con dimensiones grandes, en lienzos de 1,5 por 2 metros, sin embargo, cada vez es más difícil trabajar con esos formatos por su alto valor económico.

¿Ha buscado otros formatos para negociar mejor?
Son decisiones que se deben asumir porque en Chile hay que estar medio loco para vivir del arte. Gracias a estas nuevas alternativas, mis trabajos han tomado peso en Iquique y la región de Tarapacá, concretándose como uno de los suvenires más decorativos y buscados. Lo que hago son cofres de 17 por 17 centímetros, con una postal del Iquique antiguo, las salitreras del norte, los antiguos ferrocarriles o muelles. Dentro del cofre van los emblemáticos Chumbeques M.KOO, una tradición culinaria ya afianzada. Además, trabajo en relojes, cuadros o mueblería.

¿Cuál es su público objetivo?
En realidad, como artista me dedico a hacer mi obra y ahí termina mi camino, pero he escuchado que los trabajos que hago son muy cotizados para premiaciones, seminarios, talleres, incluso, para visitas ilustres o de extranjeros, y eso es algo que me gratifica.

INSPIRACIÓN

La madre de Eduardo fue su gran maestra; gracias a ella, su vocación logró encauzarse hacia el arte. “En la época del colegio, cuando no entendía matemáticas o física, solo me dedicaba a hacer dibujos”, comenta. Eso lo llevó a que, en 1983, ingresara a estudiar arte en la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso, donde para él “la magia se convertía en realidad. Cuando llegué a la universidad descubrí todo un mundo nuevo”.

¿Cuáles han sido sus principales motivos de inspiración?
Siempre trabajé motivado por mantener a mi única hija, que es hoy ya es una gran mujer. Logré combinar mi necesidad de conseguir recursos con hacer lo que me gusta, para bien o para mal, esa fue mi opción. Aunque a veces no ha sido fácil, creo que es lo correcto, porque siento que hoy la gente trabaja para conseguir dinero a costa de su salud y después utiliza el dinero para conseguir salud, y eso me llama la atención.

¿Quiénes son sus referentes?
Siempre he creído en las palabras del prócer de Picasso, quien dice que el arte es diez por ciento inspiración y noventa por ciento trabajo. Me guío por esas frases y jamás dejo que se me suban los aires de artista, siempre trabajo, doy lo mejor de mí y me exijo para que cada objeto que sale de mis manos sea una pieza de arte. En el sentido más técnico, mi máximo exponente es Gustave Doré, de origen francés e inspiración romántica quien fue un famoso dibujante y grabador que ilustró a Don Quijote de la Mancha, me identifico con sus obras.

¿Es difícil manejar el pirógrafo?
Siempre uno está en el riesgo de quemarse, porque se trabaja con temperaturas muy altas, pero en general no es difícil, se aprende en un par de semanas y después de eso, solo disciplina y motivación.

¿Quedan más pirógrafos en Iquique?
La historia de la pirografía en Chile es bastante acotada. No conozco a ningún pirograbador que se dedique en Iquique. Hace un tiempo leí un reportaje de un pirograbador que hacia retratos, creo que era el último que quedaba en Antofagasta. Aunque no es una técnica muy compleja, requiere mucha precisión y entrega. Quizás por eso somos pocos quienes la practicamos.

 

“Aunque no es una técnica muy compleja, requiere mucha precisión y entrega. Quizás por eso somos pocos quienes la practicamos”.

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