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EDICIÓN | Abril 2015

Todo tiempo pasado

Todo tiempo pasado

P roclamada entre las mejores series de todos los tiempos, uno de los pilares de esta era dorada de las producciones dramáticas en la televisión estadounidense, mientras el cine se sumerge en efectos especiales, Mad Men concluye tras siete temporadas. El retrato de La Meca de la publicidad, la neoyorquina avenida Madison en los sesenta, ha sido una manera de aproximarse y comprender con mayor detalle a la sociedad estadounidense en una década convulsa desde la prosperidad de la post guerra, a fuertes turbulencias con el conflicto de Vietnam, magnicidios y cambios sociales, incluyendo el uso recreacional de drogas y la irrupción de la píldora.

El protagonista, Don Draper, publicista estrella que encarna el éxito en apariencia, nuevamente se desbarranca. Enfrenta un segundo divorcio y le suceden cosas que hacen dudar si se trata de su imaginación o la realidad.

Es 1969, el hombre llega a la Luna, concluye una era, y Draper aún no resuelve su confusión e inconformismo. Sabe que en el fondo de la imagen de triunfador yace una mentira —haber robado la identidad de otro—, sumado al trauma del origen miserable. Aunque sea un millonario y un seductor de palabras precisas, rasgos que catapultaron al personaje a la categoría de símbolo de la masculinidad, paradojalmente es un infeliz. Arrastra la tragedia del triunfador incapacitado para disfrutar sus logros, ambicionando siempre algo que no llega, como si fuera la versión adulta del Mick Jagger que cantaba a mediados de los sesenta sobre su insatisfacción generalizada.

Mad Men se acaba y la vara es indiscutidamente más alta. La televisión no es la misma, tampoco nuestra mirada sobre los 60. A veces no siempre el pasado fue mejor.

 

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