Su primer trabajo lo obtuvo en las Aldeas Infantiles SOS, como educadora de párvulos, y ha pasado por diferentes cargos hasta convertirse en subdirectora nacional de esta institución, que este año cumple cincuenta años en Chile. Una mujer apasionada por los niños y el cumplimiento de sus derechos.
Por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.
Concepción junto a Santiago, fueron las primeras ciudades a las que llegó Aldeas Infantiles SOS, una organización internacional presente en ciento treinta y cuatro países del mundo. Desde Arica a Chiloé, atiende a más de dos mil ochocientos niños y niñas, que por disposiciones legales no pueden recibir el cuidado de sus padres. A esto se agrega el trabajo con las familias, para que los pequeños, en lo posible, vuelvan a su hogar. La región cuenta con Aldeas en Concepción, Chaimávida, Bulnes, Coyanco y un Programa de Fortalecimiento Familiar en Chillán.
Norma Valdés ahora está a la cabeza, luego de haber pasado por diversos cargos, siempre en Aldeas, desde educadora de párvulo por seis años, en el jardín infantil de la institución; después, a cargo del proyecto de fortalecimiento familiar, formación de educadoras y recursos humanos, por otros diecinueve años; hasta 2012, cuando se convirtió en la única mujer subdirectora nacional, junto a otros cuatro subdirectores hombres. “Es solo una coincidencia ser la única mujer”, aclara.
COMPROMISO
De todos sus trabajos, formar a las educadoras fue del que más aprendió, “fue mi “universidad”, señala. “Esta es una carrera apasionada, contagiada por otros apasionados. Los nuevos colaboradores, tienen un proceso de inducción para apasionarlos por este trabajo que es maravilloso”.
También le gusta fortalecer a las mujeres, “las mujeres son claves, y para llevar a cabo nuestro rol, debemos fortalecernos, desde diferentes dimensiones. Hace tres años asumí la subdirección, y me encanta, porque pone en práctica todas las otras responsabilidades anteriores”.
Norma siempre tuvo una vocación de docencia y de ayuda a los demás. Y su trabajo con los niños ha marcado su existencia. “Yo me comprometo con las personas, con una mirada transformadora. Hay que ser feliz, y siempre tratar de vivir como niño”.
FAMILIA
Los hijos de Norma no han estado ausentes de esta pasión por su trabajo. Por ejemplo, Javiera (18), y Vicente (14) asisten a los cumpleaños de los niños de las Aldeas, con su mamá, que siempre es invitada y ella acude como si fueran sus propios hijos los cumpleañeros. Es una vida donde trabajo y familia se mezclan, porque hay muchas personas involucradas. Cada comunidad está conformada por siete familias, donde vive una mamá SOS con seis niños que se crían como hermanos. Esta mamá es igual a cualquier mamá, que ayuda a hacer las tareas, les da la comida, u ofrece algún sabio consejo. Los niños asisten a sus colegios y viven en una casa como cualquier niño. “Es imposible no involucrarse en este trabajo, que para mí es un estilo de vida, donde todos somos familia, de alguna manera y en el que se crean lazos indisolubles”.
Incluso el apoyo se perpetúa en el tiempo, igual que cualquier núcleo familiar, con el Proyecto Jóvenes, que apoya el proceso educativo en la universidad y acompaña la vida independiente del joven, mientras se acomoda en la sociedad.
Para esta gran obra, Aldeas Infantiles necesita recursos. “Este modelo fue traído desde el extranjero y nace en un contexto post guerra, para dar un hogar a miles de niños que quedaron huérfanos tras los conflictos bélicos. Y es justamente este modelo familiar la gran virtud de la organización. Las mamás SOS son mujeres que han entregado su vida para proteger y educar a niños. Quienes llevan muchos años con nosotros dicen que tienen más de cincuenta hijos, nietos y bisnietos. Este es un modelo que funciona, porque hoy en día tenemos miles de independizados que son personas de bien, felices y que han logrado formar sus propias familias, gracias a los valores y el espíritu familiar que prima en Aldeas Infantiles”. Valores y espíritu que también forman parte de la vida de Norma.
¿Cómo recuerdas tu infancia?
Crecí en Constitución, Región del Maule, un hermoso balneario en donde junto a mis hermanos Manuel y Carolita disfruté de ser niña. Tengo los mejores recuerdos de mi Infancia, me sentí siempre muy querida y protegida por mis padres, además recibí mucho cariño de mi abuelita materna, María. Para ella, yo era sus ojos.
¿Cuáles son las situaciones más difíciles que enfrentas en tu trabajo?
Creo que el conocer las difíciles historias de vida que tienen cada uno de los niños y niñas que atendemos en Aldeas Infantiles SOS. Muchas personas no saben que existe un grupo no menor de niños en nuestro país que por diferentes razones no pueden vivir con sus padres y/o familias. Conocer estas historias en muchas oportunidades genera en mí sentimientos encontrados: tristeza, rabia e impotencia. Sin embargo, es lo que día a día me motiva a hacer mi trabajo.
REALIZACIÓN PERSONAL
¿Cuáles han sido tus mayores alegrías?
En lo personal, el nacimiento de mis hijos. En lo laboral, ver niños y niñas que han tenido la oportunidad de volver a reír, sentirse queridos y protegidos. Tenemos muchos casos de éxito, por un lado jóvenes que ya están trabajando con una profesión y que han podido formar sus propias familias, y también niños que han podido regresar con sus familias biológicas.
¿Te sientes una mujer realizada?
Sí, porque tengo dos hijos maravillosos, que han sido parte fundamental de mi fuerza y energía para enfrentar los diferentes desafíos de mi vida y porque mi carrera profesional se ha desarrollado en Aldeas Infantiles SOS, organización que me identifica en sus valores y permite incidir y aportar en el gran sueño de nuestro fundador Hermann Gmeiner: “Todo niño o niña debe crecer y desarrollarse en una familia que lo proteja”.
¿Cómo superas el desgaste emocional de las historias de vida que te rodean?
Soy una mujer optimista. Creo en lo maravilloso del diálogo y la comunicación, por ello me gusta mucho conversar y me entretiene. Mi familia, mis padres y hermanos, son espacio de contención y cuidado para mí.
¿Por qué Aldeas Infantiles necesita donaciones para mantenerse?
Somos una organización que recibe casi su totalidad de ingresos de aportes internacionales (padrinos); sin embargo, Chile, por sus características económicas, ha dejado de ser un país prioritario para dicha ayuda internacional. De ahí que se nos ha encargado el recaudar fondos de manera local. El costo asociado a la mantención de un niño al mes es de alrededor de quinientos mil pesos. Lo anterior considerando los altos estándares de trabajo en cuidado y reparación emocional que la organización entrega. Es importante sensibilizar en este tema, pues cada vez más necesitamos donantes nacionales. El Estado, a través de subvenciones del Servicio Nacional de Menores, sólo nos aporta un tercio de lo que nos cuesta el proyecto a nivel nacional.
¿Qué esperas para el futuro de Aldeas Infantiles?
Que seamos una organización cada vez más profesional, apoyar a las familias y comunidades a ser garantes de los derechos de sus hijos y que si esto no sucede, podamos entregar entornos familiares protectores para los niños y niñas que se nos encarguen, los cuales puedan crecer y desarrollarse en igualdad de oportunidades. Finalmente que esta obra en su valor social sea reconocida y tengamos cada vez más amigos SOS que nos quieran apoyar en este gran sueño.
“Las mamás SOS son mujeres que han entregado su vida para proteger y educar a niños. Quienes llevan muchos años con nosotros dicen que tienen más de cincuenta hijos, nietos y bisnietos”.