Tell Magazine

Columnas » Archivo Histórico

EDICIÓN | Abril 2015

Una historia líquida y ondulante, Viñas del Itata

Por Armando Cartes Montory, Director de la Sociedad de Historia de Concepción
Una historia líquida y ondulante, Viñas del Itata

En el siglo XIX, el vino itatense descuella en el concierto nacional. Aunque muchas fueron abandonadas o derechamente destruidas durante las guerras de la Independencia, Itata emerge como la gran zona productora, durante los años de la organización de la república.

En el pródigo valle central chileno, la provincia de Ñuble aparece como un gran espacio de transición entre el norte templado y el sur lluvioso. El clima privilegiado y la abundancia de aguas de otrora, facilitó el desarrollo de los cultivos en la zona, en especial del vino. Alguna vez, entre Guariligüe y Rafael, por Ñipas y Membrillar, entre Quillón y Florida, sólo se divisaban algunas casas dispersas y un paisaje fragmentado en rectángulos de desigual tamaño. Eran cientos de viñas de pequeños propietarios y unas cuantas haciendas. En común tenían la abundancia de vides antiguas y vigorosas, casi todas cepas país, que se extendían por los campos o se aferraban obstinadamente a las empinadas colinas.

Los conquistadores Diego de Almagro y Pedro de Valdivia trajeron misioneros, los que celebraban misas en los campamentos y ciudades fundadas. Cuando los indígenas destruyen Santiago, Valdivia se lamenta al rey, señalando “que ya no había vino ni para la misa”. En sus primeras ayudas por mar, llega el añorado vino y pocos años después el soberano autoriza la plantación de las primeras cepas en tierra chilena. Son estas vides procedentes del Perú que, a su vez, fueron traídas de las islas Canarias. Arribaron a nuestras costas seguramente en algunas de las expediciones de Juan Bautista Pastene en 1544 o 1547. Pronto se conocerán en Chile como la uva país.

Durante los siglos XVII y XVIII, se fueron formando extensos predios, que caracterizan a las tierras itatenses. Mención especial merecen las antiguas “temporalidades” jesuitas. Estos adquirieron, ya sea por compra o por herencia, grandes haciendas en la región cercana a Concepción, a las que dotaron de una infraestructura de molinos, viñas y animales. Cucha – Cucha, por ejemplo, fue importante estancia vinera, que produjo afamados mostos. Siendo las estancias importantes unidades económicas, atrajeron muchos andantes y vagabundos, que se instalaron en ellas a cambio de “tierras de goce” y trabajo para el patrón. Se originó así la institución social conocida como inquilinaje. Es una prestación de servicios como pago del arrendamiento de tierras. Constituye la base de la estructura social del Itata.

En el siglo XIX, el vino itatense descuella en el concierto nacional. “Por diversas razones —decía el informado viajero alemán Eduard Poeppig, en 1828— las provincias australes son mucho más aptas que las del norte para la viticultura; el vino de Concepción supera en calidad a los de otras partes, y es muy solicitado en la capital”. Una viajera norteamericana, que visitó Concepción en 1857, lo compara con el Borgoña.

Hubo una época, hacia 1860, aunque hoy parezca olvidado, en que las viñas de las provincias situadas al sur del Maule, producían cuatro quintos del vino de Chile; para 1920, todavía la mitad de la producción total nacía de las parras de Ñipas y Guariligüe, de Quillón o Coelemu. A pesar de la calidad decreciente de sus vinos, frente al surgimiento de las cepas francesas y los “burdeos” de la zona central, durante todo el siglo XX, aquellos mantienen un mercado importante.

Hoy soplan vientos contrarios sobre los antiguos viñedos. La sobreproducción hace caer los precios y con ellos las esperanzas de los viñateros locales. La subdivisión excesiva de los predios, la insuficiente modernización; la falta de mercados externos, entre muchos factores, amenazan la subsistencia de la actividad. Se asoma el espectro de la reconversión productiva, después de tantos esfuerzos desplegados. Pero también emerge, por otra parte, una expectativa más auspiciosa. Nos referimos a las nuevas viñas, que en los últimos años han mostrado su potencial innovador. Gracias a emprendimientos individuales o al tesón de antiguas familias, la actividad resurge con nuevos bríos.

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+9+1   =