Son arquitectos y onderos, pero también son ultra especializados. Lo suyo es el diseño de alta complejidad, lo que significa que son capaces de hacer hospitales, plazas, estaciones de metro y casas en la playa con los mismos estándares de calidad y excelencia. No por nada estuvieron a cargo de la nueva Clínica Las Condes. Y no por nada acaban de abrir una oficina en Perú para comenzar su internacionalización.
por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló y gentileza de Mobil Arquitectos
Tres amigos arquitectos que luego de estudiar, salir de Chile, hacer postgrados y casarse se reencontraron para trabajar juntos. Antonio Lipthay, Sebastián Morandé y Patricio Browne tenían en común la idea de combinar la arquitectura funcional y la más artística a través de una gestión estratégica del diseño. ¿Y qué significa esto? Básicamente, usar los más altos estándares de calidad sin interrumpir la ciudad, sino que fundirse con ella, a través de un lenguaje coherente y funcional que permita vivir la arquitectura.
Empezaron a trabajar juntos bajo el nombre de LMB Arquitectos. La idea siempre fue crear una oficina con alma de taller, es decir, un espacio que, además de funcionar como una empresa, diera espacio a la creatividad y permitiera a quienes allí trabajan hacer carrera. Y la idea prosperó, a tal punto que hoy comparten sus labores dieciocho arquitectos y hace dos años sumaron dos nuevas socias al staff, María José Martínez y Lorena Pérez. Fue el inicio de Mobil.
Están convencidos de que la arquitectura tiene un rol social, por lo mismo se definen como “expertos en espacio público”. Eso se traduce en sus obras, entre las que destacan varios trabajos en ese sentido: la Plaza de Maipú, la restauración del barrio Patronato, la intervención urbana en los cerros Santo Domingo y Toro en Valparaíso y el diseño de las estaciones de la nueva línea 6 del metro.
Pero es quizás en el área salud donde han dado los pasos más significativos. El Hospital de la Mutual de Concepción, la Mutual de Santiago, la Clínica Bicentenario, la Clínica Las Condes y, actualmente, la Clínica Cruz Blanca, los han transformado en expertos en una arquitectura, que por sus características y utilidades, resulta especialmente compleja. Patricio Browne fue el socio a cargo de la obra en la Clínica Las Condes, quizás la más emblemática de sus cartas de presentación.
“El 2010, la Clínica Las Condes decidió hacer un master plan para ver la posibilidad de crecer de manera más orgánica y contrataron para eso a una empresa norteamericana llamada RKTL, quienes desarrollaron un plan a veinte años plazo. La primera medida fue construir un edificio principal que ocupara los terrenos disponibles que daban hacia la calle Estoril y que duplicara la capacidad que la clínica tenía hasta ese momento. Nosotros ya habíamos hecho dos hospitales, por lo que se acercaron a nosotros para desarrollar el proyecto”, explica Browne.
¿Cuáles fueron los desafíos de esa obra?
El más grande fue trabajar con una oficina norteamericana, con estándares internacionales. Fue un súper aprendizaje y el engranaje entre los dos funcionó muy bien. Un recinto como este debe hacer convivir varios mundos, desde los médicos hasta los de hotelería, y se trabajó bajo la premisa de amplitud, funcionamiento y durabilidad; acá no pasó lo de “se puede hacer lo mismo pero un poquito más barato”. Normativamente, el edificio era complicado, porque estaba ubicado en una zona mixta, con usos diferentes del suelo y debimos adaptarnos a eso, además de transmitirles el know how de cómo se hacían las cosas en Chile. Aprendimos mucho de metodología, de controles internos y de una manera más corporativa de abordar los proyectos.
DENTRO Y FUERA DE CHILE
El 2014 fue crucial para Mobil. Después de un viaje a Lima para visitar a un grupo de salud peruano y estudiar el trabajo que allí se hacía, decidieron arriesgarse con la internacionalización y abrir una oficina en ese país. Y transformarse en los nuevos del barrio, con todos los desafíos que eso implicaba.
Hoy Mobil es también una empresa peruana, tienen una gerenta en ese país y Lorena Pérez destina varias semanas al mes a viajar para mantenerse al tanto de la operación de esta “oficina espejo”.
“Pensamos que vale la pena asumir el desafío de capitalizar nuestra experiencia más allá de Chile. Lima está creciendo y queremos estar allá, pero además para nosotros significa volver a nuestros orígenes, a lo que fuimos como oficina al principio, con las ganas de hacer arquitectura en conjunto”, explica Antonio Lipthay.
Igual hay un inmenso riesgo en esta apuesta.
Es súper arriesgado, pero hemos tenido una buena recepción. Les llama la atención que no vayamos a pasear sino que a instalarnos. Nuestra idea es crecer en la medida que se generen proyectos y ver si podemos lograr sinergia entre los dos países. Se supone que este año se vienen licitaciones importantes en salud y transporte y queremos estar ahí porque sabemos que podemos ser un aporte en una ciudad con mucho potencial. Mientras tanto, en Chile siguen llenos de proyectos. El más grande es la construcción de la clínica del grupo Cruz Blanca en La Florida. “Son 104 mil metros cuadrados y ya estamos llegando al primer piso. Trabajamos con la misma empresa norteamericana que en la Clínica Las Condes y pretendemos terminar a fines del 2016”, señala Sebastián Morandé
Pero no sólo están trabajando en proyectos a gran escala…
No, estamos ampliando el espectro para abarcar el tema inmobiliario, segunda vivienda y hotelería. En lo concreto, estamos haciendo un proyecto en Cachagua de doce casas que nos tiene muy entusiasmados. También trabajamos en la ampliación del Hotel Tierra Chiloé, que hicimos nosotros pero que duplicará su capacidad. Queremos trabajar con inversionistas en el sur, que están comprando paños de terreno para desarrollar segunda vivienda.
OFICINA TALLER
No funcionan como cualquier oficina de arquitectos. Comparten el espacio en el primer subterráneo de un edificio que ellos mismos construyeron en Las Condes. Es un espacio abierto, sin oficinas ni privados y con un agradable jardín que les permite sentirse como en casa. Todos los socios se han propuesto estar igualmente preparados para enfrentar los distintos proyectos, ya sean urbanos, inmobiliarios o del área salud, manteniendo una rotación que les permite crecer.
“Trabajamos de forma muy dinámica y la gestión y creación van de la mano. Nos definimos como una “empresa con alma de taller”, porque la gestión empresarial pura es muy distante de nuestra formación como arquitectos, por lo que necesitamos siempre de nuestro background, el taller y el concepto de co-creación a nivel interno. Siempre invitamos a nuestros clientes a ser parte de este proceso, lo que genera una instancia de integración que ayuda al compromiso y la toma de decisiones”, explica Lorena Pérez desde Lima.
El diseño de alta complejidad es uno de sus sellos, ¿cómo se complementa con la creatividad y la veta artística que todos los arquitectos tienen?
Es un desafío constante. Tenemos que abordar funcionalidad y eficiencia, pero involucrar también el diseño. Es fundamental que un edificio complejo funcione bien, pero también que se vea bien y es ahí donde debemos ser precisos en la manera de enfocar esta veta, porque la percepción de quien lo habita o utiliza debe ser amable y contener elementos como luz natural y materiales simples.
En ese sentido, otro de los desafíos asumidos por esta oficina es la sustentabilidad. Les interesa que las obras que desarrollen estén en sintonía con el entorno. Lo que va más allá de “ser verde”, sino que implica sacar provecho de lo que está disponible: temperatura, sol, energía o dinámicas sociales, y construir con esas herramientas infraestructuras que mejoren la calidad de vida.
Y tanto les importa este ámbito que una de las socias, María José Martínez, está en Londres, haciendo un máster en Environmental Design and Engineering en London School of Economics (LSE). Desde ese lugar explica los desafíos de la arquitectura del siglo XXI y cómo aplicarlas en nuestro país a través del trabajo de Mobil: “A nivel mundial los temas que se discuten respecto a sustentabilidad, habitabilidad y eficiencia energética en arquitectura están un par de pasos más adelante de lo que vemos en Chile. Nuestros desafíos pasan, sin duda, por estar atentos a lo que ocurre afuera, pero teniendo en mente nuestra realidad local. El foco debe estar en la implementación de mejores estándares de diseño y construcción sustentable, al mismo tiempo que impulsamos el desarrollo del país y la industria de la construcción con arquitectura de calidad”.
Son una “empresa con alma de taller”, porque la gestión empresarial pura es muy distante de su formación como arquitectos, por lo que necesitan siempre del background, el taller y el concepto de co-creación a nivel interno.