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EDICIÓN | Abril 2015

Desmitificando el polo

Lionel Soffia, Presidente de la Federación de Polo
Desmitificando el polo

Ni todos son ricos, ni todos tienen apellidos rimbombantes. La generación de recambio del Polo está formada por muchos estudiantes que se apasionaron con el deporte y que hacen grandes esfuerzos por sustentar su juego. Lionel Soffia, a un mes de dejar la presidencia de la Federación Chilena de Polo, llama a apoyar a estos jóvenes talentos y pide al Estado más recursos para poder abrir canchas públicas que faciliten la práctica. Para que vengan a jugar todos los que quieran.

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló B.

Hace algunas semanas Chile se coronó ganador del 10º Campeonato Mundial de Polo. En las canchas del Club de Polo San Cristóbal, el equipo nacional conformado por Mario Silva, Ignacio Vial, Felipe Vercellino y José Miguel Pereira, venció a la delegación de Estados Unidos por 12 tantos a 11. Y con ello consiguió, por segunda vez en la historia del campeonato, que la copa fuera nuestra.

Pero no sólo el abanderado nacional obtuvo un nuevo triunfo para Chile, sino también la Federación Chilena de Polo, encabezada por Lionel Soffia, quien se adjudicó la organización de un campeonato mundial de altísimo nivel, con récord de público —más de doce mil personas en la final— y donde, por primera vez en la historia del mundial, se televisó en directo cada uno de los partidos para ser transmitidos por la señal internacional.

A poco más de un mes de dejar su cargo, se muestra satisfecho. El Presidente de la FIP —Federation of International Polo— Nicholas J.A. Colquhoun-Denvers, lo felicitó por la organización y por el tremendo desempeño de la selección nacional, al igual que cada una de las seis delegaciones que participaron. Sólo faltó el llamado de La Moneda. “Echo de menos que no haya habido ningún reconocimiento formal al equipo por parte del Estado. El 2008, cuando ganaron en México, la Presidenta los invitó. Esta vez, no hemos recibido ni una llamada”.

Y es que el jolgorio del triunfo coincidió con la dramática situación que aquejó al norte de nuestro país: “algunos nos tildaron de insensibles por Twitter, pero al contrario, una vez finalizado el campeonato lo primero que hicimos fue rematar todas las camisetas y la Federación dobló el monto recaudado para enviarlo en ayuda”.

MESES DE TRABAJO

Para llevar a cabo el maratónico desafío de organizar un mundial, la Federación Chilena de Polo tercerizó muchas de las tareas y hubo más de ciento cincuenta personas trabajando durante varios meses.

“Había estado en varios mundiales y la diferencia del nuestro fue que nos focalizamos ciento por ciento en el polo. Contamos con la infraestructura del Club de Polo San Cristóbal que es muy superior a cualquier otra que conozca, con cinco canchas de primer nivel, instalaciones para ochocientos caballos, un club house maravilloso y más de seis mil asientos… que se hicieron pocos. Fuimos lejos el mundial con más público”, dice.

Dentro de las funciones que tuvo el equipo organizador fue la de conseguirse los caballos y armar los grupos para probar y tarificar a los ejemplares. Hubo además un horsemaster, enviado por la FIP, que vino a verificar que el trabajo estuviera bien hecho. “Este mundial no se hubiera podido realizar sin la ayuda de los poleros nacionales, quienes aportaron más de doscientos caballos, entre los cuales elegimos a los ciento sesenta mejores que finalmente participaron del torneo”.

Recordemos que es condición que el país anfitrión provea los caballos, de otra manera los costos se elevarían muchísimo. “El polo era deporte olímpico hasta el año 1942 y dejó de serlo, porque el costo de trasladar los caballos lo hacía inviable. Pero la FIP está luchando para que vuelva a ser olímpico”.

A las seis delegaciones que participaron, cada una con más de ochenta personas, se sumaron otras trescientas personas de países integrantes de la federación, que si bien no competían, vinieron como espectadores. Además hubo cuarenta periodistas acreditados de medios nacionales y extranjeros. Para todos hubo que encargarse de la logística, de la hotelería y de la comida.

La producción del evento corrió por cuenta de Tomás González y, una vez que Soffia le transmitió lo que quería del evento, se fueron pimponeando ideas. “Soy un armador de equipos, soy de darle oportunidad a la gente joven, me gustan las estructuras súper planas, bien horizontales y en ese sentido delego mucho. Fijé las pautas de cómo íbamos a comercializar el evento, qué necesidades teníamos, qué íbamos a entregar como producto y cuánto íbamos a cobrar. Entonces nos pusimos a trabajar”, explica.

Y ese trabajo dio sus frutos. Tras cinco extensas jornadas y con el Club de Polo lleno a rabiar, el mundial no sólo resultó un éxito, sino además Chile se adjudicó el triunfo, seguido por Estados Unidos y Brasil. “El mundial se hace para que un porcentaje importante de los países miembros de la FIP puedan participar. Ellos definieron que catorce goles de hándicap era un límite, que permitía a un grupo importante de países acceder a jugar un mundial, porque si lo dejas sin límite participarían sólo seis equipos. Si quieres hacer un mundial tienes que darle chance a la mayor cantidad de delegaciones posibles”.

¿Por eso es que en el mundial no juegan los mejores poleros?
La razón por la cual no pueden venir los mejores es porque estaría cerrado básicamente a tres países: Argentina, Chile y Brasil. Si quieres tener un campeonato sin límites, ese es por esencia el Abierto de Argentina, pero no es un campeonato de países, es de clubes. Y esos clubes forman al mejor equipo al mayor límite que puedan tener, porque ahí no hay restricciones.

A juicio de Soffia, el mundial que se jugó en Chile está en la medianía de la tabla, “la realidad del polo en Europa es de hasta ocho goles, llegar a catorce es muy difícil. Es un mundial ni súper alto, ni de lo más bajo, y eso hace que no puedas incorporar a los mejores jugadores de Argentina”.

EL POLO EN CHILE

Si bien no existe otro deporte en Chile que haya dado al país la satisfacción de ser campeones mundiales en dos ocasiones, quedan muchas situaciones por resolver. “Desde el minuto en que asumí como presidente he peleado en la Federación por la masificación del deporte. El polo tiene que romper esa imagen de elitista, de ser cerrado, porque ningún deporte crece así”.

Lionel recuerda que el mundial anterior que organizó Chile —en 1992— no fue abierto al público y que incluso los periodistas tuvieron acceso restringido. “En esa oportunidad se hizo un mundial cerrado y sólo pudieron ir los socios acompañados de dos amigos. Incluso la publicidad fue mínima porque no les gustaba. Era un Club de Toby y nos ha costado muchísimo romper con esa imagen”.

¿Los antiguos poleros están de acuerdo con que se masifique el deporte?
En un principio hubo cierta reticencia, pero de un tiempo a esta parte han visto como ha crecido Ocasiones como el mundial sirven para que las personas se den cuenta de que el polo es más que un grupito de gente, que hay muchos que se sacrifican para poder jugar. Aquí se cree que los poleros son todos ricos, o hijos de ricos, y no es así, hay un porcentaje inmenso que son estudiantes, que lo vieron, les gustó y tienen condiciones.

A corto plazo, la Federación aspira a abrir las canchas que tiene en Colina y transformarlas en recintos públicos, donde haya clases abiertas a cualquiera que quiera aprender a jugar y pague una cuota razonable, sin necesidad de ser socio. “Topamos en el financiamiento. Mi pelea es con el Estado. Deben darnos recursos, porque los costos de mantención de esas canchas superan los sesenta millones de pesos mensuales y si queremos montar una escuela, los valores suben al doble. Pero sería un espacio para la comunidad, para descubrir gente joven. Se están derribando todos los mitos. No sólo están jugando los hijos de los jugadores tradicionales, sino también los hijos de los peticeros —cuidadores de caballos—. Hoy en día tenemos uno o dos torneos infantiles al año. En Argentina tienen uno cada mes, y esa es la base de los futuros jugadores”.

 

“Ocasiones como el mundial sirven para que las personas se den cuenta de que el polo es más que un grupito de gente, que hay muchos que se sacrifican para poder jugar”.

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