Con ciento veintidós partidos internacionales en el cuerpo es una de las goleadoras de las “diablas”, apodo que la prensa le dio a la selección femenina de hockey césped por el color del uniforme y la garra que despliegan en cada juego. No por nada este deporte, uno de los pocos para mujeres que se juega en equipo, vive hoy un verdadero boom escolar.
Por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A. / agradecimientos a Club Deportivo UC.
El incesante zumbido de los enormes regadores que vierten agua sobre la cancha sintética del Club Deportivo Universidad Católica en San Carlos de Apoquindo, acompaña las palabras de Manuela Urroz. Son las seis de la tarde, el sol comienza a caer, y ella, vestida con la camiseta roja que lleva su apellido en la espalda, habla con pasión de la electrizante final contra Canadá que vivieron, hace pocas semanas, en el World League 2, en Dublín, Irlanda.
Estar en el número veinte del ranking mundial les permitió llegar a este torneo clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Río 2016. “Fuimos con el objetivo de llegar a la final y ganar el torneo. Sabíamos que iba a ser difícil porque nos tocaron los equipos más duros, entre ellos Canadá, que siempre ha sido nuestro rival a vencer”, explica.
Pero nada impidió que se impusieran ante Lituania, Bielorrusia y Austria, clasificando primeras del grupo, y que luego golearan a las turcas 14-0. Y, tal como esperaban, debieron enfrentar a Canadá en un duelo de matar o morir.
“Jugamos un partido súper peleado. Nosotros lo dominamos más, tuvimos más opciones. Terminamos cero a cero y nos fuimos a penales”, relata. “Hicimos la ronda de cinco y cinco. Metimos cuatro, ellas metieron cuatro y nos fuimos al uno a uno. Y ahí lo perdimos nosotras”, dice haciendo una mueca de dolor.
¿Y se acabaron las posibilidades para ir a las Olimpiadas?
No. Todavía podemos clasificar si ganamos el Panamericano que se realizará en julio. Es difícil porque va Argentina y Estados Unidos que son durísimos, pero no imposible. Y nuevamente estará Canadá. Vamos a ir a dar lo mejor de nosotras.
¿Y se podrán reponer de esta derrota en Dublín?
Fue súper duro, porque sabíamos que si ganábamos ese partido estábamos clasificadas para competir en Valencia, en junio, donde van equipos top. Entonces era bueno como preparación para los Panamericanos y para llegar a Río. Estuvimos ahí y no se pudo.
¿Te da pena?
Es que el ranking no refleja nuestro juego. Es muy injusto. El sistema de puntuación favorece a los equipos europeos. Eso también nos jugó en contra para poder quedar como el mejor tercero.
Aun así, noto una mentalidad ganadora... De todas maneras. Somos un equipo joven todavía. Hemos entrenado harto, el equipo ha ido creciendo. Hemos tenido buenos resultados en partidos amistosos contra Sudáfrica, Japón e incluso Gran Bretaña, que es medallista olímpico. Nos faltó suerte en este partido. Fuimos superiores en la cancha.
VESTIR DE “DIABLA”
Manuela comenzó sus primeros pasos en el hockey en tercero básico en el Redland School como parte del currículo normal de deportes. Luego ingresó a Old Reds, el club del colegio, donde demostró su talento.
Pero la pasión por esta disciplina, que describe con enorme entusiasmo, comenzó no en la cancha, sino en las graderías del Club Manquehue, desde donde presenció el Mundial Junior hace justo diez años. “Estaba lleno de público. Era impresionante. Y yo pensé: quiero sí o sí vivir esto. Idolatraba jugadoras que ahora son mis compañeras”.
Hoy nota esa misma hambre de hockey entre las niñas a las que entrena en su propio club, que sigue siendo Old Reds. De hecho, otras “diablas” hacen lo mismo en sus equipos y notan la motivación de sus pupilas.
“Hay un boom en los colegios. Me acuerdo de niña cuando íbamos a los campeonatos y no había colegios que no fueran británicos. No había otros clubes que no fueran la Católica o el Country, ni mucho menos había tantos colegios de fuera de Santiago que estuvieran practicando hockey. Hoy el panorama es de mayor variedad”.
¿Y los nuevos equipos son competitivos?
Sí, el campeonato está competitivo de verdad. El último torneo nacional, por ejemplo, lo ganamos nosotras. No los clubes de siempre. Era fome cuando ganaban siempre los mismos.
Manuela cree que el auge se debe a que esta disciplina ha comenzado a llamar la atención de la prensa, porque tiene opciones de medallas a nivel panamericano e incluso olímpico, y que esto “motiva a las niñas”.
Dice que hoy hay muchas jugadoras que quieren ser “diablitas” como en Argentina quieren ser “leonas”, porque en el país vecino el hockey es para las mujeres lo que el fútbol para los hombres. “Tienen una cantidad de jugadoras increíbles”, dice. Y eso mismo espera para Chile en el futuro.
DISCIPLINA Y COMPAÑERISMO
Los regadores han dejado de mojar la cancha. El pasto sintético, en el que se juega este deporte, debe tener agua. La pelota no salta (como lo hacía en el pasto natural), corre con velocidad y el juego se ha vuelto más dinámico. “El hockey llama la atención porque es femenino, porque se juega con falda”, nos dice Manuela, “pero en la cancha uno ve puras guerreras. Es un juego donde uno se hace fuerte. Te llegan pelotazos, palazos. En todos los partidos pasa algo”.
Suena peligroso...
Puede ser, pero es que tampoco hay tantos deportes que las mujeres puedan practicar en equipo. El fútbol es una alternativa, pero se juega en ligas, no está tan instalado en los colegios y clubes.
¿Lo recomendarías a las mamás que buscan un deporte para sus hijas?
Lo recomiendo completamente. Tiene sus riesgos, pero nada de otro mundo. Lo importante es que transmite y te hace adquirir valores gigantes como la unión, el compañerismo y la perseverancia. Además hay mucho fair play, disciplina y respeto por el rival. Desarrollas esos valores de forma distinta a como los adquieres en el colegio o la familia. Y además haces amistades para siempre.
Esta delantera de veintitrés años agrega que es un deporte que da la posibilidad, en algún momento, de representar al país, de viajar y de hacerlo en equipo. “Al estar siempre acompañadas se forma una unión increíble. Los amigos que uno tiene en el deporte te conocen en facetas distintas”.
Tal vez por eso, desde que comenzó a los ocho años, nunca lo ha dejado. Ni siquiera en estos últimos años en que ha debido compatibilizar sus entrenamientos y viajes con sus estudios de Derecho en la Universidad Católica. En diciembre de este año, dará su examen de grado para jurar como abogada y tal vez aceptar, antes de ejercer su profesión, algunos de los ofrecimientos que le han hecho para jugar por algún equipo femenino en Europa. Son los planes de una goleadora muy diabla.
“Me acuerdo de niña cuando íbamos a los campeonatos y no habían colegios que no fueran británicos. No habían otros clubes que no fueran Católica o Country. Hoy el panorama es de mayor variedad”.