Innovador e inédito proyecto digital incorpora aplicaciones para celulares y tabletas en un místico, emocionante y sorprendente circuito de mar a cordillera. Es un paradójico viaje real y virtual donde un grupo de empresarios turísticos apuesta a las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC’s) para posicionarse a nivel nacional e internacional. La ruta propone vivir experiencias restauradoras para el cuerpo y el alma.
por Iván Fredes G. fotografía Patricio Salfate T.
El mundo cambió y los nuevos tiempos vienen de la mano del turismo digital. Hoy, basta hacer un clic en el celular o en la tableta para recorrer el circuito turístico más innovador y digitalizado de Chile: “La eco-ruta del cuarzo de Los Vilos al Valle de Quilimarí”. Así lo entendieron dieciocho visionarios empresarios turísticos que sumaron aplicaciones para informar de sus productos y servicios a una nueva tendencia de viajeros: el turista 3.0.
Y no se trata de un viaje meramente virtual. Por el contrario. Es mucho más real, cercano y personalizado que cualquier otro. Sobre todo en una novedosa ruta dual que une el turismo urbano con el rural, el costero con el agrícola y el tradicional con el digital. La tecnología aplicada, simultáneamente en este caso, también permite interactuar entre el anfitrión y sus visitas. Una docena de periodistas de los más importantes medios de comunicación nacional y regional lo comprobaron, al recorrer el circuito con celulares en la mano en un fam press tour convocado para poner en “marcha blanca” la inédita iniciativa.
DE LA CORDILLERA AL MAR
El viaje comenzó en la rotonda de Quilimarí. Exactamente en el kilómetro 200 de la Ruta 5 Norte para los que viajan desde el sur. La primera parada fue en el Centro Licanhué. Ahí, la licenciada en física y homeópata, Luz Sierralta, tras una degustación de productos de la zona, nos recibió con una nocturna ceremonia ancestral del fuego para eliminar el estrés e interactuar en el plano de las emociones. “Este valle invita a descansar y restaurarse porque tiene la energía del cuarzo”, dice Luz, en medio de una fogata colectiva.
Al día siguiente, el director del “Proyecto TIC’s: una plataforma digital”, George Bonan, nos explicó que la iniciativa pionera busca seducir, emocionar y cautivar a un turista más informado y que viaja fuera de temporada. Anticipó que también otras dos rutas integran el proyecto completo: “Del Faro al Puerto”, una ruta pedestre por el borde costero La Serena-Coquimbo y “Los Choros- Punta de Choros”, donde los delfines son solo uno de un conjunto de atractivos.
“La innovación principal es que creamos una plataforma para captar turistas 3.0, es decir, que gastan más y vienen fuera de temporada. Usamos un código “QR” y una aplicación. Ambos son diferentes, pero complementarios. Con un clic permiten conocer todos los servicios, atractivos y empresas para acoger a estos turistas”, explica Bonan.
LA CAPITAL DEL CUARZO
Luego enfilamos hasta El Quelón, distante cincuenta kilómetros de la Ruta 5 Norte, donde nos adentramos a un túnel tipo bunker de un kilómetro de longitud que separa las regiones de Coquimbo y Valparaíso, caminamos sobre y bajo los puentes ferroviarios de piedra declarados monumentos nacionales y descendimos ocho kilómetros cerro abajo, hasta el poblado de Tilama, en las bicicletas de montaña que Ema Saavedra, ofrece en su emprendimiento Zakim Bike.
Ya en Tilama, Paola Estay y sus hijos, nos ayudan a recuperar las energías con jugos naturales de arándanos, naranja, mandarinas y limones, todos aromatizados con hierbas medicinales. En su residencial Entrepuentes, nos cuenta, también, que comenzó a construir un domo para instalar un pequeño observatorio astronómico turístico. “Ofrecemos tranquilidad, visitas a los puentes, a los petroglifos y, por las noches, miramos las estrellas”, relata.
En el mismo poblado, un imperdible es visitar la mina de cuarzo Esperanza, donde un minero de toda la vida, Héctor Molina, cuenta que hasta hace dos décadas eran catorce los yacimientos del mineral al que se le atribuyen cualidades y virtudes místicas. Ahí también descubrimos que el cuarzo pulverizado de Tilama fue por décadas la materia prima del clásico e infaltable Sapolio fabricado por la empresa chilena Klenzo, ahora en manos peruanas.
No podía faltar la visita a la Hacienda Los Cóndores, del empresario Augusto Giangrandi. En ese lugar, trece variedades de olivos permiten elaborar un aceite con premios internacionales a la calidad y donde después de cada cosecha realizan la Sagra, una fiesta gastronómica ya tradicional en la región. El sello propio lo ponen la cata de aceites y los masajes con el oleaginoso producto olivícola. “Esta hacienda tiene un terruño muy especial, donde a pesar de la falta de agua, los árboles se han portado de una forma muy noble”, cuenta Carissa Giangrandi
CUENCOS ARMONIZADORES
Después de un asado campestre en la hacienda nos aprontamos a restaurar el cuerpo y el alma en la Casa Guangualí de María Haeussler. En su casa-huerto-spa el cuarzo parece florecer por todos lados junto a sus plantas. Ella lo define como un lugar mágico, de restauración y armonización. Logra su objetivo con su cocina casera y orgánica, sus jugos con hierbas medicinales, sus camas de cuarzo, sus baños de agua caliente en tinas de madera, sus ceremonias de fuego, sus masajes y sesiones de relajación, y la armonización con cuencos de cuarzo.
La noche nos sorprende guitarreando a la luz de las velas y lámparas de cuarzo, tras una apetitosa cena con productos de la huerta. Más tarde una ceremonia del fuego bajo el cielo estrellado, enriquece, emociona y relaja.
Al día siguiente, un desayuno casero nos recuerda que entramos a la recta final del retorno. Antes de dejar el poblado de quinientos habitantes, una visita a la céntrica sala de exposición y venta de cerámica gres nos deleita con un laborioso trabajo de un grupo de mujeres de la zona que fabrica utilitarios con colores minerales y superficie vidriada. Figuras de cabras, chivos, gallinas, cactus y hasta petroglifos de las culturas Molle-Diaguita adornan platos, tazones, jarras, bandejas, pocillos y otras treinta variedades de utilitarios de cocina.
Para restaurar el apetito de la media mañana nos recibe en su cafetería del poblado Los Tejares, Marta Méndez, conocida como la “señora Mery” por sus dulces tradicionales, sus pasteles de choclo en canastillos de masa, y donde sus hijos también la acompañan con otros emprendimientos, como excursiones en bicicletas de montaña o servicios de transporte de turistas desde cualquier punto del país.
Otra novedad del recorrido la pone un ex docente de educación física de Quilimarí, Luis Tapia, “el profe”, quien posee un vivero y unas tres mil especies de plantas. Es una verdadera selva, en una zona donde la inclemente sequía ya comienza a producir estragos. Destaca su colección de cactus y los refrescantes y aromáticos jugos preparados con frutales tropicales de granadinas, tumbos, guayabas y una pizca de hierbas medicinales.
CIRCUITO CON VISTA AL MAR
La eco-ruta del cuarzo comienza o termina frente al mar en Los Vilos. En este caso, terminamos en la costa, justo en el casco histórico, en la casa-hostal El Conquistador, una amplia y central residencia decorada con reminiscencias nerudianas. Ahí, su dueño Joaquín Vidal, atesora objetos de sus viajes por cuarenta y dos países. Curiosamente, su hostal es más conocido por europeos que por chilenos. Y su fama internacional surge, en 1986, con la visita de un “turista incógnito” que no era otro que un redactor de viajes de la famosa guía francesa Le Guide Du Routard. La buena atención recibida quedó plasmada en la guía y luego fue replicada en la inglesa Lonely Planet y la alemana Reise Know-How. “Desde entonces no han dejado de venir europeos, especialmente francófonos”, dice Joaquín.
Los sabores oceánicos tienen en esa localidad costera notables exponentes de la nueva cocina vileña, como el galardonado ceviche de loco del restorán La Choza, el ceviche con quínoa del restaurante Blue, la tradicional cocina marina del Marioly y las pastas y frutos del mar del restaurante L’incontro.
También un punto de partida o llegada es el ya clásico Centro Turístico “Los Tamarugos”, a pasos de la playa de Pichidangui, donde su dueña, Ulrike Meissner, administra siete cabañas y tres departamentos. Su plus es una biblioteca para sus huéspedes, con trescientos libros (en español, inglés y alemán), desde Neruda, pasando por Milan Kundera hasta John Le Carré. Este verano, cuenta su anfitriona, ofrecerá un completo servicio de cafetería y alimentos especiales para celiacos.
Regresamos sorprendidos de cómo un grupo de emprendedores, principalmente rurales, está liderando los cambios que ya trae el mundo digital al turismo nacional y que, probablemente, será ejemplo para otras comunas o circuitos turísticos.
NUESTRO DATO
Cerámica Gres Guangualí (Guangualí, km 15)
Contacto: 88511423
lilianagres@gmail.com | ceranicagres@gmail.com
Hacienda Los Cóndores (Kilómetro 25)
Contacto: Teléfono: (53) 2 541691
info@vallequilimari.cl
Casa Guangualí, (Guangualí, km 15)
Contacto: 97679266
www.casaguanguali.cl | mujerdecampo@gmail.com
Centro Licanhue (Guangualí km 10)
Contacto: 83630252
luzsierralta@gmail.com | http://www.centrolicanhue.cl/
Restorán Blue (Los Vilos)
Contacto: 54132277
www.bluerestaurant.cl | marcelaguirrer@gmail.com
Zakim Bike (El Quelón, km 48)
Contacto: 76178785
mtbquelon@gmail.com
La innovación principal es que creamos una plataforma para captar turistas 3.0, es decir, que gastan más y vienen fuera de temporada.