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EDICIÓN | Abril 2015

“Mi sueño es ser tricampeón mundial”

Jonathan Fenick, bicampeón de jiu jitsu brasileño
“Mi sueño es ser tricampeón mundial”

Radicado en La Serena, este “brachileno”, según autodefinición, vive por y para una disciplina de las artes marciales que lo ha premiado con más de doscientas medallas. Como instructor de niños, jóvenes y adultos, introdujo a nivel local esta lucha de suelo donde más que la fuerza, predomina la técnica, la estrategia y la habilidad física. Esta es su historia.

por Iván Fredes G. / fotografía Patricio Salfate T.

Su día comienza y termina en el gimnasio. Ataviado con un kimono azul cruzado por su simbólico cinturón marrón —un grado menos del negro—, asume relajado, pero concentrado, su rol de instructor ante decenas de niños, jóvenes y adultos. Sobre una pequeña colchoneta o tatami, como si fuera un mimo articulado, su cuerpo despliega movimientos sincronizados y atemorizadores de un arte marcial que cada día suma más adeptos en nuestro país: el Jiu Jitsu Brasileño (JJB).

De generosa sonrisa, espontáneo y hablar pausado, Jonathan Fenick, tiene argumentos de sobra para ser considerado un verdadero maestro o sensei por sus alumnos. Y no es para menos. Dos veces se ha coronado como campeón mundial en su disciplina deportiva. Y ahora entrena para conquistar el tricampeonato en la próxima cita mundial de julio, en Río de Janeiro, Brasil.

“Soy brachileno”, comenta sonriente al recordar que nació hace treinta y cuatro años en el amazónico Manaos —hijo de padre chileno y madre colombiana—, pero sintetiza enseguida que ha vivido con un pie en Brasil y otro en Chile. De hecho, llegó a los quince años a nuestro país, para vivir con sus abuelos maternos y terminar su enseñanza media. Luego regresó a su país, estudió masoterapia y más tarde retornó a Chile para titularse de técnico automotriz.

Después de trabajar como masajista en hoteles de su país, en cruceros como el Royal Caribean y como técnico automotriz en la empresa West Rent a Car en La Serena, hace un año está dedicado, profesionalmente, a su rol de instructor de la disciplina que lo apasiona desde los once años y que nunca dejó de practicar.

“El jiu jitsu brasileño es un arte marcial similar al judo. Pero nosotros trabajamos mucho más en piso, la lucha de abajo, del suelo: el newasa o la sumisión. No es un deporte agresivo. No hay contacto de puños, patadas, codazos. Solo derribo, inmovilización y sumisión”, grafica Jonathan.

“En el judo uno bota a su adversario y gana. El jiu jitsu es distinto. Uno puede botar muchas veces, pero en los cinco minutos que dura la lucha gana el que logra más puntos o el que logra someter en el piso a su oponente”, ejemplifica para quienes desconocen la disciplina.

DEPORTISTA PRECOZ

Separado, dos hijos: Jomaro (6) y Mara (2), confiesa que no siempre ha sido ganador en su vida. Y reconoce que su fracaso matrimonial ha sido su peor derrota. “Eso me afectó mucho, aunque soy un padre presente y responsable”.

¿Cómo llegas al jiu jitsu brasileño?
Tenía once años cuando un amigo me llevó a un campeonato. Me llamó la atención la lucha cuerpo a cuerpo. Entonces, era un niño tímido, algo retraído, delgado. Sufrí bullying porque era un bicho raro: blanco, rubio y de ojos claros entre mestizos y negros. Comencé a practicar kárate, judo, capoeira, pero me gustó el jiu jitsu porque me dio seguridad y sentí que lograba un equilibrio físico y mental.

¿Entonces fue por un tema de autoestima?
No necesariamente. Más bien porque era un disciplina más integral. También porque me permitía defenderme de una manera más sutil, sin violencia, con mayor control y dominio.

¿Y cómo fuiste evolucionando a nivel competitivo?
A los doce, participé en mi primer campeonato y perdí. También en el segundo y en el tercero. En el cuarto comencé a ganar y en el quinto estaba en los tres primeros lugares en el nivel infantil. A los quince años ya era un atleta de alto rendimiento competitivo. Y desde el sexto campeonato no he dejado de bajar del pódium.

¿Es una disciplina meramente física, de superioridad, de anular al oponente?
En parte. Pero sobre todo es una filosofía de vida. Una parte es el dominio de la técnica y la otra es la búsqueda del equilibrio y desarrollo personal. El jiu jitsu, en su traducción, significa “arte suave”. Se trata de lograr el máximo de eficiencia con el mínimo de esfuerzo. Obviamente, sin autodisciplina, sin autocontrol, puede convertirse en un arma mortal.

Eso suena peligroso…
Puede ser. Los que practicamos este deporte competitivo de combate somos considerados un arma blanca. Lo llaman así porque puede ocasionar daño si no existe equilibrio o autocontrol. Solo se usa en caso de extrema necesidad. Uno puede inmovilizar, derribar y dominar, pero sin golpes, solo empleando la fuerza, la destreza y el movimiento.

¿Has usado el jiu jitsu como arma blanca?
Sí, en el Barrio Inglés de Coquimbo, cuando sufrí un ataque masivo. Eran tres contra uno. Tuve que desmayar a uno y derribar a los otros dos. A uno le provoqué una luxación leve en un brazo. Me atacaban con palos. No tenía alternativa. Finalmente, arrancaron.

¿Es recomendable como técnica autodefensiva?
Claro, pero depende de su uso. Es como lo dice el espíritu del kárate: “vengo hacia ti con mis manos vacías. No tengo armas, pero si estoy obligado a defenderme, aquí están mis armas, mis manos vacías”.

 

“El jiu jitsu en su traducción significa “arte suave”. Se trata de lograr el máximo de eficiencia con el mínimo de esfuerzo. Obviamente, sin autodisciplina, sin autocontrol, puede convertirse en un arma mortal”.

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