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EDICIÓN | Abril 2015

Volver al pasado

Carolina Flores, arqueóloga
Volver al pasado

La explotación humana de recursos costeros en tiempos prehistóricos, ha sido su mayor motivación para entender el espíritu de estos grupos. En eso se especializó en Estados Unidos, pero también ha querido rescatar la memoria oral del pueblo El Romero, lugar donde habita hace tres años. En diciembre presentará este libro, el que, sin duda, será un regalo testimonial de un pasado escondido y muy poco conocido.

Por Verónica Ramos B. / fotografía: Patricio Salfate T.

Sobre una mesa extiende un papel de envolver y desde una cajita saca una serie de muestras malacológicas. Son restos de conchas de moluscos que, meticulosamente, y por largas horas, observa con una lupa. Todas estas piezas corresponden a un sitio arqueológico de Maitencillo que, Carola Flores (35), como arqueóloga independiente, analiza para un proyecto de investigación.

Su paciente labor consiste en realizar una evaluación técnica respecto a qué tipo de moluscos eran explotados por grupos de cazadores y recolectores costeros, cómo cambiaban entre sitios, a través del tiempo y constatar si en estas muestras existen huellas de uso, no solo para alimento, sino también como utensilios o adornos.

Estudió licenciatura en antropología con mención en arqueología en la Universidad de Chile y, luego, continuó sus estudios en Estados Unidos, donde realizó una maestría y un doctorado, en la Universidad de California, Santa Bárbara. Aquí se especializó en la subsistencia de grupos costeros prehistóricos, con el objeto de estudiar el modo de vida, el cómo las condiciones ambientales y culturales van variando y de qué manera esto afecta en la explotación del recurso marino.

“La interacción humana y la diversidad de culturas fue lo que me motivó a estudiar antropología. El cómo esto se refleja en la comida, en la arquitectura, en el idioma, en la vestimenta a través del tiempo ¡es fascinante!”, afirma Carola.

¿Y qué te llevó a optar por la arqueología?
En mi primer año de universidad, una pareja de arqueólogos me invitó a Puerto Williams, a participar como ayudante. Durante dos veranos trabajé en sitios arqueológicos de yaganes y eso prendió mi interés y la pasión por estudiar arqueología, y en especial, investigar a los grupos costeros.

¿Por qué en especial ese ambiente?
¡La costa es maravillosa! Vivir allí y, además, vivir de ella es muy intrigante. Es el hábitat más óptimo y estable para la vida humana, a diferencia de las zonas interiores.

¿Qué te aportó la experiencia en Puerto Williams?
Los campamentos de arqueólogos siempre se levantan cerca de los sitios, entonces, el dormir y vivir a pasos del pasado escondido es alucinante. Es mágico encontrar un lugar donde pasaron muchas cosas y donde, a través de la excavación, estas se pueden descubrir y luego, contar. No solo ocurre esto con la arqueología, sino también con cualquier resto humano del pasado.

¿Has tenido la oportunidad de estudiar la costa de nuestra región?
Mi investigación está enfocada en las costas de las zonas áridas, pero en esta región, en particular, aún no he trabajado. Actualmente formo parte de un equipo de trabajo que está realizando una investigación en la costa de Taltal, al sur de Antofagasta. Allí, existe mucho material arqueológico y la verdad es que en toda la costa chilena y en la del mundo hay evidencias de ocupación humana, solo que en algunos lugares es más notoria dada la arquitectura. En Chile, caminas por la costa, puedes encontrar depósitos de sitios arqueológicos que se caracterizan por ser grandes acumulaciones de conchas.

También están los que no son superficiales, producto de la erosión…
Así es, el viento o el agua va erosionando la costa, de manera que no se ven. Dentro de la metodología arqueológica existe una etapa que se llama prospección, donde surge un problema de investigación, se recorre el lugar bajo ciertos criterios de sobrevivencia humana y luego, se hace un reconocimiento.

EXCAVAR LA HISTORIA

Carola estaba recién egresada cuando tuvo la oportunidad de participar, junto a un equipo de treinta arqueólogos, en el rescate de los restos de Diego Portales. Esta fue su primera y hasta ahora única experiencia en arqueología histórica.

¿Cómo viviste ese revuelo del hallazgo?
En la Catedral de Santiago se debía ampliar una bóveda y durante los trabajos se encontró una caja de metal sellada con dos cuerpos semi momificados y que, la verdad, nadie sabía por qué estaban ahí. Se hicieron muchos análisis y como era tan antiguo, existía la posibilidad de que el cuerpo tuviese alguna peste, eso significó un gran revuelo entre los profesionales presentes. Había muchas personas trabajando en esto y en ocasiones, se hacía muy difícil. Finalmente, los restos correspondían a Diego Portales y la otra persona era un vicepresidente chileno. En definitiva, fue una experiencia muy singular.

¿Y un cambio rotundo de lo sabido?
Esto fue como excavar la historia de Chile. Para todos fue una sorpresa, porque supuestamente el cuerpo de Diego Portales estaba enterrado en el cementerio. Fue una experiencia muy bonita, porque los arqueólogos entregábamos la información a los historiadores con el fin de actualizar la historia que ya se había escrito.

ESPÍRITU GRUPAL

A los análisis técnicos malacológicos, Carola ha sumado otra labor a sus investigaciones, pero esta vez en la Región de Coquimbo. Se trata de un rescate de restos arqueológicos en un sector de la Ruta 5 Norte, donde se construirá un centro comercial. “Durante el verano se hizo el muestreo y ahora estoy analizando el material encontrado”, recalca.

¿Puedes adelantar de qué se tratan estas muestras?
Son muestras malacológicas. Esa zona es muy densa respecto a sitios arqueológicos, de hecho cuando se construyó el edificio de la CONAF, que está cerca del lugar de la obra, se encontró un cementerio arcaico, y en otro terreno aledaño existía un cementerio de alfareros. Desafortunadamente, estas muestras deberán ser rescatadas, porque lo ideal es que los sitios no sean destruidos. Ahora esto no es real, es ¡imposible…!

Porque va en contra del crecimiento y desarrollo actual…
No se puede detener el proceso evolutivo de asentamiento humano, pero por fortuna existe la Ley de Monumentos Nacionales que obliga a las empresas a realizar estudios previos a la ejecución de la obra. Cuando los trabajos se detienen durante una construcción, es porque no se hizo de manera correcta la evaluación, entonces, se debe hacer un sondeo, luego excavar y sacar el material antes de que sea destruido por la obra.

¿Qué buscas con estos análisis?
El trabajo técnico es muy automático, pero siempre es interesante estudiar los cambios climáticos o la morfología de la playa, a través de la forma de la roca y de la arena. En términos de investigación, es muy entretenido porque me hago una idea de cómo fue la vida prehispánica o qué ocurrió. Por ejemplo, los changos del norte están en la memoria colectiva actual y entender su proceso de vida antes del contacto con los españoles es muy interesante. Van surgiendo nuevos detalles que tienen relación con su organización social, con la ritualidad o con su desarrollo tecnológico. Lo que uno busca es conocer el espíritu de estos grupos y encontrar un poco más de esa historia, que también es de uno.

RESCATANDO LA MEMORIA

Hace tres años, Carola llegó a La Serena, específicamente a la localidad El Romero. Un sector campestre, tranquilo y donde llama la atención una serie de haciendas con casonas en ruinas. Como residente, Carola no deja de preguntarse sobre la historia de este lugar y como arqueóloga, tomó la decisión de investigar. Postuló un proyecto al FONDART y se lo adjudicó. Su estudio de investigación se titula Rescate de la Historia Oral del Pueblo El Romero.

“En este pueblo existe cierta nostalgia por el pasado y no hay registros de su historia. Cuando converso con los vecinos, la información es muy vaga, entonces tengo un interés personal por saber dónde vivo”, afirma.

¿Cuál será la metodología de este estudio?
Sobre la base de entrevistas con las personas más antiguas del pueblo y, también, investigando con las diferentes organizaciones de El Romero, porque son ellos quienes saben las historias de la plaza, posta, capilla, colegio, etc. Ya partí con esto y la gente se emociona mucho al saber que quedará registrado en un libro.

¿Cuáles son tus plazos?
A fin de año entrego el libro publicado. Yo soy la responsable del proyecto, pero además estoy trabajando con dos arqueólogos. La idea es también hacer un mural en el pueblo, con registros fotográficos.

¿Respecto a la cultura Molle, existe reconocimiento de su valor en esta zona?
Esta cultura no es muy conocida, porque no se han practicado muchas excavaciones. Afortunadamente este año, unos colegas desarrollarán un proyecto de investigación en el Valle de Elqui, con financiamiento FONDECYT. Realizarán excavaciones en diferentes sitios y la idea es completar lo que se sabe de la secuencia alfarera de los grupos productores de cerámicas en la región. De aquí a cuatro años tendremos mucha más información.

En lo personal, ¿a qué atribuyes tu conexión con el pasado?
Tiene mucho de asombro y de magia. Son encuentros con lugares y momentos los que me han hecho sentir la necesidad de entender elpasado, porque nos entrega luces importantes. Estudio el pasado para entender el presente, pero hacer este vínculo no es tan fácil

 

“Estudio el pasado para entender el presente, pero hacer este vínculo no es tan fácil”.

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