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EDICIÓN | Abril 2015

Responder, responder y siempre responder

Por Arturo Gómez M., ex astrofotógrafo del Observatorio Interamericano Cerro Tololo
Responder, responder y siempre responder

Desde la década de los años setenta, los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos le han preguntado a los observatorios las inquietudes y misterios del universo. Siempre hay preguntas que necesitan una respuesta clara y sencilla, las que dejarán con un sabor agradable al que las realiza.

En aquellos años, se estaban instalando en Chile dos de los más grandes observatorios internacionales en nuestra zona norte. Como las preguntas y los contactos se hacían durante el día, las respuestas de los astrónomos eran muy difíciles, ya que en esos momentos ellos dormían después de una larga jornada nocturna; que comenzaba el día anterior cercano a las siete de la tarde, para terminar al día siguiente, alrededor de las siete de la mañana. En ese momento, lo único que deseaban los astrónomos era ver una cama a buena temperatura, para un reparador descanso.

Las respuestas ante esos llamados telefónicos eran: “el astrónomo está durmiendo. Lo pueden llamar, por favor, a las cinco de la tarde, a esa hora ya está en pie”. Esa respuesta no era muy alentadora para los medios, ya que la información la necesitaban, en forma urgente, durante la mañana.

A partir de esos años, los observatorios implementaron un sencillo sistema de respuestas a consultas hechas por las personas. El sistema tuvo tal éxito, que se difundió rápidamente entre el público. Recuerdo que recibíamos llamados de mamás o alumnos, preguntando las respuestas que se hacían en los cuestionarios de los colegios. Era muy interesante, ya que las respuestas abrían nuevas interrogantes a nuevos misterios del cosmos. De todos los llamados telefónicos, recuerdo cuatro casos que me impactaron y de los cuales tuvimos buenos resultados.

El más sencillo era el de una imprenta, que aún hace calendarios, que necesitaban la hora y el minuto de las diferentes fases de la Luna (llena, nueva y sus cuartos). Ese contacto lunar se realizaba cercano a los meses de junio y julio del año anterior al calendario.

El otro caso fue el de un alumno que estaba estudiando arquitectura y tenía la misión de construir un galpón en donde debía optimizar la luz solar durante el año. Para ello, era necesario conocer en qué lugar de Chile iba a construir el galpón, ya que la orientación de las ventanas sobre el techo, varía según sea la latitud del lugar. Tengo entendido que le fue muy bien en su trabajo y lo aprobó. La misión estaba cumplida.

El tercer caso era el de un señor que necesitaba conocer los tiempos exactos de los eclipses, tanto de Luna como de Sol. En esos horarios y fechas, él hacía oraciones para fortalecer su “energía espiritual”. Hasta el día de hoy, año 2015, le proporcionamos esos datos.

El cuarto caso es más extraño, ya que en las respuestas podíamos dejar en libertad o en prisión a una persona. Era un caso judicial en donde, durante la noche, había que indicarle al juez, si la persona que había cometido el ilícito podía ver e identificar el rostro en una determinada fecha. En el lugar no había luminarias que ayudarían a una respuesta determinada. Los inculpados afirmaban que no se podía ver nada, por la obscuridad; pero durante esa noche sí había una luminaria natural, la Luna llena, la que ayudó a las víctimas a identificar con precisión a los culpables.

La noche despejada, según los meteorólogos, además de la luz de nuestro satélite natural, hacía posible reconocer, fácilmente, los rasgos de cualquier persona en esa iluminada noche. Los resultados nunca los conocí, solamente ayudé a indicarle al juez las características astronómicas de esa noche.

 

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