Dos semanas fueron suficientes para conocer un país impresionante. Impresionante por su cultura, por sus fieles creencias, por su gente, pero por sobre todo por sus paisajes e historia infinita. Turquía entera es patrimonio de la humanidad. Y si usted nunca ha pensado en ir, aquí las fotos hablan por sí solas.
Texto y fotografía María José Pescador D.
Viajé a Turquía junto a mi mamá que quiso que la acompañara a un congreso. El viaje lo hicimos vía París y luego Estambul, para continuar hacia la ciudad de Alanya, en la provincia de Antalya, lugar en donde se realizaba el encuentro. Llegamos a un hotel enorme, repleto de turistas y con una playa espléndida de arena blanca y el maravilloso y calipso mar mediterráneo. Se dice que en estas playas pasaron su luna de miel Cleopatra y Marco Antonio…
Lo primero que hice en Alanya fue un tour por la ciudad antigua, en donde vivieron los hititas, en el siglo XII a.C., y convivieron las culturas romana, bizantina y otomana: el teatro, los baños turcos, la biblioteca, el cementerio, las galerías en donde se ven enormes trozos de mármol en el suelo, algunos con dibujos esculpidos en forma de cruz. Cerrar los ojos, en medio del cementerio, escuchar los árboles y sentir la
majestuosidad de las montañas que rodean esta ciudad, es llenar el alma de energía cósmica.
Al día siguiente, partí hacia el puerto. Desde aquí se ven los pilares enormes de lo que alguna vez fue el templo de Carlo Magno. También se ven las murallas con que antes de Cristo fortificaron la ciudad para repeler los ataques piratas.
Aquí fue en donde probé mi primer kebab realmente turco: carne de cordero o de cerdo, que da vueltas en una espada y de lejos se siente su olor y de cerca se ve jugosa… Son tan expertos en la materia que el corte vertical con un cuchillo grande y muy filudo hace que los trozos de carne sean muy delgados, para luego ponerlos sobre una tortilla de maíz y agregarles lechuga y salsa agria. No le ponen nada más, y es el mejor de los manjares que se pueden comer en la calle por siete liras, unos dos mil cuatrocientos pesos, aproximadamente.
LA VIRGEN Y EL ALGODÓN
Nuestra siguiente estación fue la ciudad de Efeso, ubicado en Asia menor, a orillas del mar Egeo. Es mágico, desde las ruinas espectaculares y llenas de historia de las diferentes civilizaciones: grecorromana, bizantina y cristiana. Todo es cultura en su máxima expresión: La fachada de la biblioteca de Celso, el templo de Adriano, la columna que queda de lo que fue el templo de Artemisa, y el teatro, que es utilizado hasta el díade hoy para grandes conciertos. Aquí cantó alguna vez Pavarotti y Tina Turner. También están los restos de la iglesia de San Juan, en donde supuestamente escribió su evangelio. Pero, sin duda, el lugar más mágico de esta tierra es en donde se posa la casa de la Virgen María. Se cree que aquí vivió muchos años y fue donde falleció. Se siente la energía, el silencio, la paz, los rezos, los pájaros, y el ruido que provocan las hojas de los árboles bailando al son de la brisa primaveral.
No se permite sacar fotos a la casa por dentro, pero no debe tener más de diez metros cuadrados divididos en una pequeña entrada, donde hay fotos de los Papas que han estado allí haciendo misa como Juan Pablo II y Benedicto XVI. Luego hay un espacio más grande, con un precioso altar y la figura de la virgen. Se entra por allí para llegar al “muro de los lamentos”, en donde los turistas dejan sus deseos en papeles amarrados a una muralla. Ahí dejé los míos…
Luego de un baño espiritual, partimos hacia otro baño, pero esta vez de aguas termales. Nos dirigimos a Pamukkale, que significa en español “Castillo de Algodón”. Aquí, hace millones de años, los movimientos de las placas tectónicas produjeron terremotos, y gracias a estos salieron de las montañas exquisitas aguas termales con tremendo contenido mineral, específicamente de bicarbonato y calcio, lo que hizo que las paredes de tierra fueran tapadas por gruesas capas blancas de piedra caliza. El resultado: paisaje blanco, paredes gruesas con formaciones redondeadas de donde nacen cascadas de agua que forman piscinas trasparentes, las que se funden con el cielo y sus nubes.
CASAS DE ROCA
Se come mucha ensalada de pepino con salsa ácida a base de yogurt, acompañada con distintos quesos, y hierbas aromáticas como: menta, romero, albahaca, cilantro, al igual que un sinfín de especias. Todo es muy condimentado, por eso quizás son fanáticos del té de manzana, que ayuda a la digestión, y de esos dulces ya reconocidos como el baklava a base de pistachos, masa de hoja y almíbar.
Ya con nuestra guía partimos en bus hacia Capadocia, dicen, uno de los lugares más bellos del mundo. Desde Éfeso hacia esta ciudad son mil kilómetros. Parábamos cada dos o tres horas a comer. En algunas paradas visitamos una fábrica en donde crean maravillosas joyas con la piedra típica del país: la turquesa, y conocimos la fabricación manual de las más espectaculares alfombras de lana y seda.
La primera excursión de Capadocia fue hacia las famosas formaciones rocosas, formaciones geológicas únicas en el mundo, creadas por la erosión y erupciones volcánicas ocurridas desde hace sesenta millones de años. Hasta que no me bajé del bus y toqué las rocas, pensé que era un sueño. Aquí las rocas enormes y milenarias tienen diversas formas con paredes irregulares. En este lugar se puede llorar, reír, emocionarse hasta el alma…
En Capadocia se han encontrado treinta y dos ciudades subterráneas, en donde se escondían los católicos de la persecución de los romanos. Se cree que hay cientos de estas aún no descubiertas. Para los turistas hay una que se puede visitar. Se va descendiendo de a poco, es algo claustrofóbico, por lo que obviamente no llegué a bajar los ochenta metros de profundidad que tiene. Los pasadizos son muy bajos y estrechos, me tenía que agachar y mido poco menos de metro sesenta. Y definitivamente solo se puede ir en una dirección, porque no es posible que otra persona pase por el lado. Esta ciudad subterránea está preparada para mil habitantes, y es impresionante recorrerla.
Después de este paseo, nos fuimos a conocer las “Chimeneas d Hadas”, un parque con formaciones rocosas magnífico. La erosión de millones de años hizo que grandes rocas se convirtieran en columnas que se van volviendo más estrechas en lo alto, llegando a terminar casi en punta, una punta con un techo compuesto por una roca enorme. ¡Increíble!
Capadocia está descrito como el mejor lugar del mundo para volar en globo. Este cuesta unos ciento veinte mil pesos, y la idea es ver el amanecer, por lo que a las cuatro de la mañana hay que estar en el lugar. Es bastante extraordinario ver el tamaño de estos globos y a pesar de que logré subirme a uno, no pude con el vértigo, y me tuve que bajar antes de que empezara a ascender. Igual lo intenté y logré bellas fotos. Pero esto se ha convertido en un desafío que voy a lograr cumplir, algún día…
ESTAMBUL
Capital histórica es esta ciudad en donde viven cerca de dieciocho millones de habitantes. Aquí la gente anda apurada, la vida es tremendamente ajetreada y todos se quejan del taco. Así que para movernos por la urbe decidí hacerlo como un turco más y dejar los taxis, carísimos y lentos, de lado. Por tres liras (un euro, casi ochocientos pesos) se puede tomar el ferri que cruza la ciudad, o el funicular que llega a la parte moderna de la misma. También hay metro... En ferri nosotras llegamos directo del hotel al Gran Bazar, antiquísimo, las tiendas que aquí se ven son más de cinco mil, obviamente no lo conocimos entero, aunque fuimos varias veces. En este lugar los vendedores sí hablan un poco de inglés y algunos hasta algo de castellano.
En el Gran Bazar todo se regatea, es un insulto para esta cultura que no se regatee un precio, y si se sabe hacerlo estos pueden bajar hasta un cincuenta por ciento. En este lugar se puede encontrar desde lámparas, relojes, ropa, zapatos, joyas, pañuelos, hasta lingotes de oro. Hay que tener buen ojo y saber elegir entre las millones de propuestas que hay. Aquí están las mejores imitaciones del mundo de la moda. Por diez euros se compran unas bellas botas Armani, por cien euros un reloj marca Rolex, y por cincuenta euros una cartera Michael Kors.
Lo que más me llamó la atención es la cantidad de musulmanes ortodoxos que hay: mujeres vestidas con túnicas enteras de negro, solo se les veía la pupila del ojo, porque andan hasta con guantes para que no se les vean ni las manos. Obviamente todas las mujeres andan con un pañuelo en la cabeza para taparse el pelo y con túnicas, pero no todas van de negro, ni tampoco se cubren la cara o las manos. Hay más mezquitas que farmacias, cinco veces al día se llama con un canto a la población para que acudan a rezar, y la manera en que lo hacen es impresionante, porque la devoción es tremenda. Entré a una mezquita para ver cómo rezaban, a las mujeres no se les ve porque lo hacen dentro de un espacio cerrado con una cortina. Los hombres, en cambio, están a la vista y deben agacharse y hacer plegarias seguidas, muchas veces, y mirando hacia una ventana que está orientada hacia la Meca. Es muy lindo ver esto, vale la pena sacarse los zapatos, ponerse una falda larga, un pañuelo en el pelo y entrar.
En Estambul se unen todas las culturas, es una ciudad muy cosmopolita y tiene una historia riquísima. Es obligado conocer la famosa Mezquita Azul, la Iglesia Santa Sofía que hoy es museo, donde vivían los sultanes: un palacio llamado Topkapi, creado en el mil cuatrocientos, el Gran Bazar y el bazar de las especias, y tomar el barco para pasear por el Bósforo, en donde se puede ver a la izquierda la parte asiática del país, y al otro lado la europea. Y si se puede ir a la capital económica que es Ankara, donde también fuimos, y conocer el mausoleo de Atatürk (líder de la guerra por la independencia de Turquía, y su primer presidente), el Museo de las Civilizaciones o la mezquita kocatepe, el viaje resulta maravilloso. Turquía no estaba en mi mente, ahora ¡solo quiero volver!
En Estambul hay más mezquitas que farmacias. Cinco veces al día se llama con un canto a la población para que acudan a rezar, y la manera en que lo hacen es impresionante, porque la devoción es tremenda.