Con treinta años en la educación parvularia y doce como emprendedora, supo aprovechar la oportunidad de dirigir su propio proyecto de formación y lo hizo con una impronta basada en el desarrollo emocional de sus alumnos.
por Soledad Meléndez R. T fotografía Andrés Gutiérrez V.
La afamada y estilosa novia del ratón Mickey, es el personaje que da la bienvenida y nombre a la Escuela de Párvulos Minnie’s Kids. Al pasar al interior hay un bello y acogedor espacio de puertas abiertas, donde se ven entretenidos juegos, la decoración hecha entre las tías y los niños pequeños, fotos familiares en distintos rincones o una imagen que marca la fecha de sus cumpleaños, lo que refleja los estrechos vínculos entre los pequeños y las educadoras, sello plasmado por su directora y dueña, Jenny Araya, quien durante doce años ha trabajado por construir un proyecto de educación temprana, basado en el desarrollo emocional de sus alumnos.
¿Cómo surge este desafío de formar su propio proyecto de educación parvularia?
Llevo treinta años en el norte, de ellos, veinticinco en Antofagasta. Volvimos con mi esposo y mi bebé de tres meses. Cuando cumplió dos años, entré a este mismo jardín a trabajar como educadora. Vine a una entrevista y quedé seleccionada inmediatamente. Cuando llegué, me enamoré de este lugar que recientemente se había inaugurado. Estuve por siete años trabajando hasta que la ex dueña me dio la posibilidad de seguir con este proyecto, tomé la oportunidad y adquirí el jardín, sin dejar atrás el proyecto inicial.
¿En qué se basaba el proyecto original?
Estaba y está basado en la enseñanza del inglés como segunda lengua, respetando la individualidad de cada niño, la edad de los menores y el desarrollo personal de cada pequeño visto desde su desarrollo integral.
¿Cuál fue el sello personal que plasmó en el jardín infantil?
Mi sello es centrarme en el desarrollo social y emocional de los niños. Para mí es muy importante que un niño se adapte de buena manera, dándole tiempo y espacio para que se desarrolle mejor, creando lazos con las educadoras y los demás niños, para que accedan a un mejor aprendizaje. Decidí dar ese énfasis al desarrollo emocional, además de entregar un espacio de puertas abiertas para los apoderados, para que ellos entren cuando quieran, participen en el proceso de adaptación, ya sea viendo a sus hijos por el monitor, al venir a buscarlos a la sala o a través de una comunicación continua con las tías.
¿Cómo surgió la idea de darle este sello a su propuesta?
Soy una educadora por vocación, amo lo que hago. Llevo treinta años en esta profesión. Mi mamá fue educadora normalista, mi hija hoy estudia educación parvularia, es algo que llevamos en la sangre. Me gustan mucho los niños, porque en sus primeros años ves los avances de su desarrollo sicomotor, cómo empiezan a caminar, a desarrollar su lenguaje, a crear el vínculo con nosotras y sus compañeros. Es muy emocionante ser parte de ese proceso.
¿Cómo se materializa su propuesta educativa desde su equipo de trabajo?
Aquí no hay jardín sin un equipo de trabajo, todas trabajamos unidas y los niños deben conocer a todas las tías y viceversa. Ellos saben que estoy en la oficina y tienen acceso para entrar y siempre los recibo para conversar o jugar. Tengo un contacto constante y abierto con las tías, los apoderados y los niños.
¿Cuál es el perfil de las educadoras que conforman su equipo?
Es importante contar con profesionales y asistentes capaces de demostrar afecto a los niños porque así se van creando los lazos y los alumnos van adquiriendo confianza en las tías. Otro factor clave es que ellas sean entretenidas, empáticas con los niños, para que los papás también estén tranquilos cuando dejan a sus hijos con nosotros. Deben ser agradables, alegres, estar siempre dispuestas a colaborar en caso de que el niño vomite o si hay que cambiarlo; además, ser capaces de trabajar en equipo. Me importa más esto que las competencias, que es algo que se puede aprender con el tiempo, mientras que una personalidad que no se adapta a la profesión es algo que no se puede cambiar.
CONSOLIDACIÓN
Su desarrollo como profesional y su capacidad de innovación han permitido que el proyecto educativo de Jenny Araya se sostenga en el tiempo con éxito, respondiendo a las nuevas necesidades de los apoderados y a una demanda marcada por una mayor participación de la mujer dentro del mundo laboral. Esto ha traído una nueva oportunidad de negocio con la apertura de la Sala Cuna Minnie’s Kids, anexo donde recibe a guaguas de seis meses a dos años de edad.
¿Cómo ha adaptado su negocio a los nuevos tiempos?
En realidad, siempre he estado en contacto con mujeres que por trabajo deben dejar bajo nuestro cuidado a niños muy pequeños. Por eso, aparte de este jardín infantil, tengo la sala cuna que funciona bajo el alero de JUNJI.
¿Cuáles son sus próximos desafíos?
Siempre ir mejorando, empaparme de las novedades en materia de educación parvularia y ver qué se puede realizar, porque cada institución educacional se debe desarrollar acorde a los contextos locales y al proyecto curricular que rige en el país, además de ir mejorando e ir avanzando de acuerdo con las reformas en educación parvularia.
¿Qué consejo entrega a las mujeres que buscan emprender sus propios proyectos de negocio?
Les aconsejo arriesgarse y saber detectar las oportunidades. A mí se me dio la posibilidad de tomar el jardín y lo hice sin pensarlo y lo levanté, porque lo recibí con muy pocos niños. Me atreví y empecé de cero, teniendo en cuenta que era un riesgo; tenía diez personas trabajando aquí y aun así me embarqué, poco a poco lo fui sacando adelante y hoy tengo más de cien niños. Todo el esfuerzo que hice se ve reflejado ahora.
¿Su mayor satisfacción?
Me emociona mucho el tener apoderados que fueron alumnos y que hoy traen a sus hijos, es algo que me conmueve enormemente y me convence de que voy en el camino correcto. Estos padres jóvenes tuvieron buenas experiencias acá y eso a uno le deja una gran satisfacción. Una vez fui hacerme un examen a una consulta y al entrar me di cuenta de que el médico había sido mi alumno. Esto es un gran logro, porque pese a que nuestro camino es corto marca el futuro de los niños. Son cuatro años de formación que quedan plasmados y por eso que me enfoco mucho en la parte afectiva, que es clave para el desarrollo posterior de la persona.
“Mi sello es centrarme en el desarrollo social y emocional de los niños. Para mí es muy importante que un niño se adapte de buena manera, dándole tiempo y espacio para que se desarrolle mejor, creando lazoscon las educadoras y los demás niños, para que accedan a un mejor aprendizaje”.