El deporte, como otras disciplinas de la vida, es una instancia en la que muchas personas han descubierto sus recursos más poderosos para salir adelante. Mauricio Sepúlveda pudo recuperarse de un grave accidente y fue capaz de encontrar en el trail running los recursos necesarios para ver la vida desde un punto de vista diferente.
Por Cristóbal Montecinos C. / fotografía Sonja San Martín D.
Los primeros acercamientos de Mauricio Sepúlveda Mardones (37) con el deporte fueron en su época de escolar, en el Colegio La Asunción de Talcahuano, donde practicó atletismo desde los ocho a los dieciocho años. “Mi disciplina eran los ochocientos, mil quinientos y cinco mil metros planos, salto largo y salto alto, pero la libertad de correr me atrajo. Los primeros cerros que recorrí fueron precisamente cerca de mi colegio. Me gustaban los desniveles y el contacto con la naturaleza, mucho más que las pistas”, revela.
Hijo de Mauricio y Margarita, Mauricio tiene dos hermanos y al egresar del colegio estudió ingeniería civil industrial en la Universidad de Desarrollo, donde el tiempo libre era escaso y dejó bastante de lado la práctica del atletismo. “En esa época no existía el running y no había una cultura de salir a correr”.
Tras titularse, se trasladó a Santiago a hacer un MBA y se quedó trabajando en la capital, alejándose cada vez más del deporte. “Esto fue hasta hace cuatro años, cuando me cambié a un trabajo en condiciones más favorables y con más tiempo libre. Entre las metas que se nos proponían estaban el voluntariado y obras sociales, y una de las actividades que incluían era una corrida 5K que nuestra empresa auspiciaba para María Ayuda. Me inscribí sin entrenamiento previo y me demoré cerca de treinta y cinco minutos. Obviamente, terminé muy cansado, pero con la satisfacción de haber retomado la actividad física”, recuerda.
Así, se propuso tomar con seriedad el tema, cambiando varios hábitos de su vida personal para empezar a correr nuevamente. “Dejé de fumar y salir de noche, bajé cerca de diez kilos y he podido compartir más con mi familia y amigos. Se trató de un cambio en todo sentido”.
Cuenta que empezó a investigar y se inscribió en todas las carreras de 5K y 10K que se hacían en Santiago. “Al año siguiente participé en mi primera carrera de 21K. Tardé casi dos horas, pero llegué hasta el final y comencé a entusiasmarme con esto de las largas distancias”.
Poco después, le invitaron a una carrera 5K en un cerro. “Tuve la oportunidad de conocer a la gente de North Face Running Club, quienes me empezaron a invitar a otras competencias. Como mi idea ya era participar en una maratón, coincidentemente una de esas invitaciones fue a una en la Antártica. Se trataba de una carrera costosa, pero el banco donde trabajo me iba a ayudar económicamente y me inscribí”.
NOCHE FATÍDICA
El 1 de diciembre de 2012, unos amigos lo invitaron a participar en una corrida solidaria llamada “130K Puro Corazón”, un trayecto nocturno que recorría desde Santiago a Valparaíso para ayudar a la Teletón. “Yo nunca había corrido más de treinta kilómetros, pero me propuse acompañarlos para recorrer unos veinte kilómetros, con el afán de ayudar”.
Esa noche fue la más trágica en su vida y Mauricio dice no acordarse mucho. Un automovilista ebrio atropelló al grupo de corredores, falleciendo tres de ellos y varios, incluyendo a Mauricio, quedaron muy graves. “Primero estuve en la Posta Central y luego mi familia me trasladó a la Clínica Alemana. Estuve ocho días en la UCI, con fracturas en el cráneo, mandíbula, tobillo y peroné, además de nueve lesiones en mis rodillas y quemaduras en todo el cuerpo, debido al roce con el pavimento”, detalla.
Al salir de la UCI, varios doctores le dijeron que tenía muy pocas posibilidades de seguir corriendo. “En un mes era la maratón de la Antártica, a la que obviamente no pude ir. Le dije a mi familia que no me iba a quedar así y que volvería a correr. El apoyo de la gente fue impresionante, con muchos mensajes en las redes sociales y visitas personales en la clínica. Poco después, cuando andaba con muletas en la calle, muchas personas se me acercaban comentándome que me habían visto en televisión y dándome todo su apoyo”.
Cuarenta y cinco días después del accidente, Mauricio, que recién había dejado las muletas, se inscribió en una corrida. “Los doctores me preguntaban si estaba loco, pero mi condición física era muy buena, porque me había preparado para la maratón de la Antártica. Apenas pude recorrer cinco kilómetros, caminando. Me demoré una hora y fui acompañado de mi hermano menor, que tiene capacidades especiales y cuyo apoyo fue muy importante. Llegamos últimos, pero felices”.
A su juicio, esa carrera fue muy significativa y ha sido la que más lo ha marcado en su vida como deportista. “Fue volver a competir luego del accidente, correr junto a mi hermano por primera vez y participar en una actividad que era organizada por una fundación para niños con Síndrome de Down”.
Empezó a trabajar fuertemente y a diario en su recuperación. “Se supone que iba a tardar casi un año en volver a trabajar, pero a los tres meses volví a la oficina, donde, por supuesto, me dieron facilidades para seguir mi tratamiento de rehabilitación”.
A los seis meses del accidente, supo de una corrida en Rapa Nui y se inscribió. “Me propuse hacer 10K, pero comencé a entrenar y tomar un poco más de ritmo, aunque me dolían las piernas, y me inscribí en 21K. Cuando llegué allá, lo pensé bien y poco antes de comenzar la carrera, le dije a la productora que me anotara en 42K. No lo podían creer. Los hice en cuatro horas quince minutos, pero fue una tremenda experiencia en un lugar maravilloso”.
LARGAS DISTANCIAS
Al poco tiempo, en septiembre de 2013, corrió su primera ultramaratón. “Fue en las Torres del Paine, donde hice 63K. Fue hermoso correr en el lago Grey, al lado de los témpanos y con un paisaje sobrecogedor. Además, me acompañó mi hermana, que nunca había corrido en su vida. Pese a sus dos meses de embarazo, se inscribió en 10K. Tardé poco más de siete horas en terminar la ruta, al lado de corredores de elite mundial y muy satisfecho con lo logrado”.
Al mes siguiente, en Santiago, participó en su segunda maratón y poco después averiguó acerca de Transvulcania, una carrera muy exigente en Islas Canarias, similar a una fecha del campeonato mundial en esta disciplina. “Me inscribí en la categoría 73K. Uno comienza a nivel del mar, hay que subir un volcán de dos mil cuatrocientos setenta metros y luego bajarlo, todo en medio de un paisaje espectacular y donde participan los mejores ultramaratonistas del mundo. Es una carrera que recorre diversos pueblos y es un gran acontecimiento en la zona, con mucho público. Mi familia y amigos me dijeron que estaba loco, pero me apoyaron, al igual que en mi trabajo, donde me dieron permiso para viajar”.
Como la carrera en Islas Canarias era en mayo, se propuso participar en otras corridas como forma de preparación. “Así, en enero de 2014, corrí 70K entre Lican Ray y Villarrica, y al mes siguiente participé en otra que se corría entre Chile y Argentina, con una duración de tres días. Empieza en el lago General Carrera y termina en Villa La Angostura, en Argentina, es como un Dakar del trail running. Otra carrera de preparación fue el Trail Columbia, de 75K en dos días, en el Cerro La Campana”.
Desde esa fecha, Mauricio ha participado en diversas ultramaratones, con distintos paisajes, climas y dificultades. “Lo particular de este tipo de competencias es que a lo mejor no se corre a la misma velocidad que una maratón de calle, pero se puede compartir con muchas personas que a estas alturas ya son amigos y a veces es posible recorrer varios kilómetros totalmente solo y sin ver a nadie. Esto permite meditar y pensar muchas cosas, con mucha concentración. Los calambres son normales y solo se superan al seguir corriendo”.
Destaca que el trail running le ha permitido conocer gente muy interesante, poder ordenar su vida y establecer una rutina de vida saludable. “Recuperarme del accidente significó llenarme de energías e intentar aprovechar más mi vida y cada minuto de mi tiempo, así como disfrutar más de mi familia, que fue un importante soporte en cada momento. Fue como volver a nacer”, resume.
“En Islas Canarias me inscribí en la categoría 73K. Uno comienza a nivel del mar, hay que subir un volcán de dos mil cuatrocientos setenta metros y luegobajarlo, todo en medio de un paisaje espectacular y donde participan los mejores ultramaratonistas del mundo”.