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EDICIÓN | Marzo 2015

De lo humano y lo divino

Carolina Herrera, investigadora y gestora cultural
De lo humano y lo divino

En su trabajo hay humildad, amor y, por sobre todo, un gran respeto y admiración por nuestros antepasados y tradiciones. Su máximo galardón lo obtuvo el año 2009, tras el reconocimiento que la UNESCO y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes otorgaron a los bailes chinos como Tesoros Humanos Vivos.

por Pamela Tapia S. fotografía Patricio Salfate T.

Carolina Herrera Rojas es una de esas personas que es capaz de emocionarse hasta las lágrimas cuando habla de sus orígenes. Se reconoce de linaje indígena y es que ya lleva quince años dedicada al rescate patrimonial. Su preocupación por preservar la cultura a las nuevas generaciones la han impulsado a sumergirse en el mundo de la religiosidad popular, y en el del contacto con lo divino y humano. Habla con propiedad y convicción, y es una de las pocas mujeres del país que lucha por mantener viva la identidad regional.

Está próxima a cumplir cincuenta años y lo dice con una sonrisa en su rostro. Es casada, madre de tres hijos. Nos recibe en su hogar, en un ambiente de paz y calidez, entre textos, inciensos e instrumentos musicales poco tradicionales.

Nos comenta que su nexo con lo espiritual, parte por una necesidad personal de contactarse con lo trascendente. En esa búsqueda, el yoga llega a su vida para no abandonarlo jamás. Lo estudió, se perfeccionó y hoy es profesora de Yoga y Sabidurías Ancestrales en la Universidad Católica del Norte en Coquimbo.

¿Qué representa el yoga en su vida?
Para mí es muy relevante, adquiero la filosofía del yoga por formación y linaje. Y es divertido, porque esta disciplina finalmente nos lleva a lo indígena…

¿En qué consiste esa relación?
En todo, porque la cosmovisión espiritual es universal. Ir al rescate de tu entorno, del prójimo, de la madre tierra, es un concepto transversal, de todas las culturas, especialmente de las ancestrales. El yoga que yo enseño es diferente, no es como el actual que es más moderno y de mercado.

IMPULSORA DE IDEAS

Carolina reconoce que la meditación, el contacto con lo divino y la investigación, simplemente son su vida, un complemento perfecto que mezcla con lo familiar. Cambió su rutina de trabajo en el servicio público y un proyecto de microempresa gastronómica, por una vida más tranquila y armónica, dedicada al rescate patrimonial.

¿Cómo llegas a involucrarte con el mundo cultural?
Ya llevo quince años como gestora cultural, sin embargo, todo partió el año 1999 cuando comienzo a trabajar en el área de cultura y aprendo de la gestión cultural a través de los proyectos. De tanto formular iniciativas me fui especializando.

¿Recuerdas alguno emblemático?
Sí, el proyecto ícono ha sido el de mi hermano Mauricio Herrera, él es un destacado dibujante e ilustrador que ahora vive en México. En ese tiempo, él estaba haciendo un trabajo de comics y las cartas de mitos y leyendas de Salo. Le propuse la idea de hacer algo regional y le sugerí hacer un homenaje a los pueblos originarios a través de la ilustración. Trabajamos codo a codo, presentamos la iniciativa “Leyendas y Mitos” al Gobierno Regional, y fue aceptada el año 2000. Desde ese momento comienzo a trabajar con proyectos.

¿Podríamos decir que el rodaje te da la destreza?
Sin duda, porque me familiarizo con los formatos y con todas sus etapas de los proyectos. Me involucro y muchos me empiezan a buscar para que les impulse sus ideas, que muchas veces no saben plasmarlas en un papel.

¿En qué momento comienza tu nexo con los bailes chinos?
En el año 2005, me interesé por hacerle seguimiento a la fiesta de los chinos. Justo coincidió que me trasladé desde La Serena a Coquimbo. Un día fui a la fiesta de Guayacán y quedé impactada con todo lo que ahí se vive. Ver el proceso de cuando sacan a la Virgen desde la Iglesia San Luis, a la gente bailándole con tanto fervor y a los chinos tocando con tanta fuerza fue ¡maravilloso! Empecé a tomar fotos, a estudiar y a buscar información en Internet.

¿Cuál fue tu primer proyecto con los bailes chinos?
Recuerdo que justo me habían llamado de la Municipalidad de Coquimbo para integrarme al equipo de trabajo como gestora cultural. En eso estaba, aportando y desarrollando ideas, cuando Wilson Cuturrufo me llama y me dice “en estos momentos estoy con los representantes del baile chino Plumas Rojas, necesito que les hagas un proyecto”. Lo hice, lo presentamos y ganamos. Tenía que ver con la recuperación de sus atuendos e instrumentos.

¿Cuántos bailes chinos existen en la región?
Los chinos no hablan de región, sino que indican que hay veintidós danzantes en el territorio sonoro que se inicia en Copiapó y termina en Valle Hermoso, cerca de la Ligua.

¿Cómo defines a una mujer china?
Fuerte, valiente, emprendedora y respetuosa.

GRANDES GURÚS

Su trabajo encuentra sustento en recopilaciones propias, como también en las investigaciones desarrolladas por connotados autores chilenos de la talla de Claudio Mercado y José Pérez de Arce.

¿Qué significan estos autores para ti?
Siempre he dicho que han sido mis gurús. Sus libros son mis biblias y me inspiro en ellos. A partir de sus publicaciones nace en mí el deseo de estudiar la fiesta religiosa de Andacollo y Guayacán.

¿Cómo descubres eso?
Cuando comienzo a leer sus libros y me doy cuenta de que en sus textos hay ausencia total de ambas festividades y que hablan solo del Aconcagua. Eso provocó indignación en mí. Entonces, me pongo a trabajar como hormiga y postulo al Baile Pescador Chino N°10 de Coquimbo a un proyecto gubernamental, el cual ganamos y les permitió recuperar indumentaria e instrumentos.

¿Con esto estrechas aún más los lazos con los bailes chinos?
Sí, ellos estaban felices. Los bailes chinos son de orígenes muy humildes, en su mayoría son familias de pescadores. Entonces empiezo a establecer como un patrón y hago un lazo con ellos muy fuerte, que hasta el día de hoy se mantiene.

TESOROS HUMANOS VIVOS

Mientras la relación gestora, investigadores y danzantes se estrechaba cada vez más, un hecho importante marca la vida de Carolina, un reconocimiento a su trayectoria la ubicaría en un pedestal junto a los grandes, junto a sus gurús.

¿Cómo obtienes el reconocimiento de la UNESCO?
Un día me llaman del Consejo de la Cultura y las Artes para invitarme a postular la investigación que había ganado anteriormente con el Baile Pescador Chino N°10 de Coquimbo, al concurso “Tesoros Humanos Vivos”. En un día tuve que armar la propuesta.

¿Cómo lo hiciste?
Armé y fundamenté qué cosa podía ser tan importante para que ellos fuesen reconocidos como tesoros humanos vivos. Lo primero que digo, es que los bailes chinos son un grupo humano de músicos, que a través de sus instrumentos, especialmente la flauta, establecen un vínculo sagrado con el rito, sincretizado con la Iglesia Católica. Apelo también a sus doscientos años de existencia, y a cómo estas melodías despiertan la memoria ancestral que está dormida.

¿Qué tiene de especial su música?
El chino es un servidor del rito. Sus instrumentos son sagrados y no lo puede tocar cualquiera. Una flauta despierta un sonido, el espíritu conectado al músico. Es un ritmo polifónico, totalmente indígena, muy parecido a la cultura mapuche y a la paraca. Es un rito muy dulce a la Virgen, que se mezcla con la divinidad, con la Pachamama, con la sagrada madre tierra.

¿Cómo te enteras que ganaste?
A los veinte días de haber postulado me llaman y me dicen que fuimos reconocidos como ganadores, que tenemos que presentarnos en La Moneda porque la Presidenta de la República nos va a entregar el reconocimiento. De ochenta proyectos que postularon, solo cuatro ganamos.

¿Qué significa este premio para tu carrera?
Fue un tremendo trampolín. Significó un cambio de paradigma porque yo venía haciendo un trabajo muy de obrera, de mucho esfuerzo, con elementos muy rudimentarios, solo por las ganas de poner a la cultura en un gran valor. Como resultado, el baile recibe este reconocimiento, más siete millones de pesos, y yo, un certificado como postuladora de los tesoros humanos vivos. A partir de este premio, se me abrieron un sinfín de puertas, entre ellas haberme ganado un FONDART el año 2010, con la obra La ruta ancestral de los bailes chinos, y haber conocido a mis gurús con quienes no paramos nunca más de trabajar.

¿A qué estás abocada ahora?
Junto a los investigadores estamos dedicados al rescate de los instrumentos de los chinos y de quienes los construyen. Se nos viene un trabajo enorme este año. Nuestra meta es que dentro de los colegios de la región, en los ramos de música e historia, se nos permita incorporar estos conocimientos.

 

“Fui a la fiesta de Guayacán y quedé impactada con todo lo que ahí se vive. Ver el proceso de cuando sacan a la Virgen desde la Iglesia San Luis, a la gente bailándole con tanto fervor y a los chinos tocando con tanta fuerza, fue ¡maravilloso!”.

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