De trato dulce, apacible y dueña de un carisma especial, Francisca ha sabido sacar provecho de sus condiciones físicas, de su tenacidad y del incondicional apoyo de su madre. Hoy, en su categoría juvenil, es la segunda a nivel nacional y, en adulto, ocupa una cuarta posición. Su marca actual es de cuarenta y dos metros, pero espera superarla en cuatro metros más y clasificar para los Juegos Panamericanos que se disputarán este año, en Canadá.
por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T
Tiene dieciocho años, egresó el 2014 del Colegio Alemán de La Serena y este mes dará inicio a una nueva etapa de su vida, la que espera complementar con el deporte que tantas satisfacciones le ha dado. La carrera de ingeniería en biotecnología molecular en la Universidad de Chile es su desafío más cercano y en lo deportivo, los JUDEJUT y los panamericanos marcan su agenda 2015.
De familia deportista, su madre, Pamela Mella, siempre quiso que Francisca practicara alguna disciplina. Siendo pequeña entró a la academia de voleibol, actividad que la llevó a formar parte de la selección de su colegio, a viajar y a aprender a equilibrar sus tiempos entre los estudios y el deporte.
“Cuando cursaba séptimo básico me hicieron lanzar la pelotita y como siempre practiqué voleibol tenía buenos brazos. Mi profesora de entonces, me pidió que participara en un campeonato y gané. Quedé muy motivada, así que entré a la selección de atletismo dirigida por Peter Gross. Ese verano estuve en una escuela formativa y me gustó mucho porque, además, estaba con chicos de mi edad”, recuerda Francisca.
En octavo básico dejó el voleibol porque sentía que su rendimiento en el atletismo era superior. Siguió compitiendo por su colegio y, más tarde, comenzó a participar en campeonatos interescolares y a viajar a diferentes regiones del país. A los once años, Francisca dejó de lanzar la pelotita y toma por primera vez una jabalina, convirtiéndose en seleccionada regional en el año 2009. Su primer campeonato en esta disciplina fue los Juegos Escolares del Bicentenario, en Punta Arenas.
¿Fue un cambio drástico pasar de la pelotita a la jabalina?
Sí, la verdad es que no fue fácil porque es una prueba muy técnica y a pesar de que la jabalina no es pesada hay que darle mucha velocidad para que pueda volar. La posición del cuerpo y la fuerza de los brazos y las piernas son muy importantes.
¿La dirección del viento también influye?
Sí, también depende de eso. Uno debe buscar la mejor postura para lanzar, considerando si el viento está en contra o de lado. Lo cierto es que a los once años lanzaba la jabalina como podía, en realidad, como saliera (risas).
¿Y cuándo adquieres la técnica de lanzamiento?
Después de algunos años, cuando me fui a Santiago. Antes de esto yo diría que fui casi un experimento, porque fui la primera jabalinista de la zona y en la región había solo tres chicas más. En el Campeonato Nacional de Atletismo que se hizo en Punta Arenas en el 2009, participé con una jabalina profesional de seiscientos gramos y eso ya era un mérito importante para mí.
¿Y cuál es tu primer gran logro?
Años después, porque en los campeonatos nacionales no me iba muy bien y el nivel era altísimo. Yo diría que el primer logro fue obtener el cuarto lugar en los JUDEJUT en Argentina. Tenía quince años y lancé la jabalina a veintinueve metros. Fue satisfactorio para mí porque las otras competidoras tenían diecinueve años y la verdad es que siempre era la más chica en edad, en relación con las otras participantes.
¡A OTRO NIVEL!
En el 2010, Francisca ingresa al Centro de Entrenamiento Regional (CER) con el claro objetivo de mejorar la técnica en el lanzamiento de la jabalina y Hernán Pezoa se convierte en su entrenador. Durante ese verano, Francisca participó en un encuentro amistoso entre el Colegio Manquehue y el Club del Colegio Inglés Católico. Fue entonces cuando el profesor de la Universidad Católica, Eduardo Sotomayor, la invita a entrenar en su club, en Santiago.
¿Aceptaste la invitación?
Me quedé dos semanas en Santiago así que lo llamé, fui a entrenar y me encantó. Yo diría que Eduardo es el mejor profesor de lanzamiento de jabalina en Chile. La verdad es que entrenar con él es otra cosa; además de contar con una mayor implementación, la forma de enseñanza es absolutamente profesional.
¿Una gran experiencia?
¡Muy gratificante! En especial, porque pude mejorar cerca de cinco metros en tres meses. La decisión fue la correcta. Yo entrenaba con los mejores del país y el nivel de aprendizaje, el trabajo, la disciplina era a otro nivel. Me dediqué en un ciento por ciento a lanzar la jabalina y a corregir las posturas del brazo, las piernas, etc.
¿Esto significó avanzar en términos de competencia?
Fui escalando de a poco. En campeonatos federados obtuve los terceros lugares, hasta que por el trabajo de mi madre comencé a viajar mas seguido a Santiago. Me quedaba una semana al mes entrenando en el Club Deportivo de la Universidad Católica y luego llegaba a La Serena a entrenar con lo que estaba a mi alcance. Son realidades muy diferentes, pero no tenía más opción. Complementé los entrenamientos de Santiago con las prácticas en el estadio de la Scuola Italiana y la Sociedad de Halterofilia en el Cendyr y… ¡funcionó!
¿Comenzaste a mejorar tus marcas?
En esos momentos pasé de treinta a treinta y ocho metros.
¿Y hoy, cuál es tu récor?
Cuarenta y dos metros. En mi categoría juvenil estoy en segundo lugar a nivel nacional, después de Valentina Salazar, cuya marca son cuarenta y seis metros.
¿Solo cuatro metros de diferencia?
¡Me voy acercando! (risas). De hecho, con Valentina somos compañeras de entrenamiento en Santiago.
¿Qué crees que te falta para superarla?
Valentina tiene una muy buena base, desde pequeña ha obtenido todos los récor, incluso sudamericanos, porque se ha preparado toda la vida. En mi caso, las cosas se fueron dando de manera paulatina.
¿Te preocupas de tus marcas?
No mucho, porque siempre sé que debo vencerlas. Siempre aspiro a mejorar.
¿Cómo te conectas con la jabalina, al momento de un lanzamiento?
Es un deporte de mucha concentración, más que de adrenalina. Es muy distinto a correr, porque siempre hay cierto nerviosismo. Cuando lanzo estoy generalmente relajada, me gusta tomar las cosas con calma, no puedo estar presionada porque se pueden cometer muchos errores. Esto se aprende en los campeonatos, es un proceso largo. Los jabalinistas tenemos la fama de ser muy relajados.
ENFOCADA EN LOS PANAMERICANOS
Francisca ha participado en todos los JUDEJUT. En el 2012 salió cuarta en Perú; en el 2013 obtuvo el primer lugar en Bolivia con su mejor marca personal de treinta y siete metros y el año pasado, nuevamente batió su récor con una marca de cuarenta metros y cincuenta y ocho centímetros.
El 2014, sin duda, fue el año de Francisca porque además de obtener los primeros lugares en campeonatos interescolares, se adjudicó una segunda posición en el Nacional Juvenil con una marca personal de cuarenta y un metros con tres centímetros. En el Campeonato Nacional Adulto de Lanzamiento realizado en Temuco, ocupó el tercer lugar.
¿Pensaste que tu camino deportivo se daría de esta manera?
Si miro atrás, jamás me lo habría esperado porque siento que siempre fui del montón. Cuando comencé a mejorar mis marcas y a darme cuenta que sí podía ser alguien dentro del atletismo, simplemente, me enfoqué en continuar dando lo mejor de mí.
¿A qué atribuyes este éxito?
En términos de personalidad siempre he sido responsable, organizada y disciplinada. Ahora como estoy en esto hace mucho tiempo, siento que es mi manera de vivir y no lo veo como un sacrificio. Sí tengo claro que el deporte y los estudios están en primer lugar.
¿La motivación y empuje de tu madre, también forma parte de estos logros?
¡Absolutamente! Ella siempre está ahí y para todo. Su filosofía es que si yo hago un deporte debe ser algo que valga la pena, incluso ella es quien fija las metas…
¿Y esa exigencia no te molesta?
En algún momento sí, pero con el tiempo se convirtió en una ayuda y motivación, es decir, para mi madre no solo es hacer un deporte, también es una inversión (risas).
¿Es tu fans número uno?
Soy hija única, entonces es muy aprensiva y me acompaña a todos los campeonatos. Sin duda, mi mamá ha sido un gran apoyo.
¿Ahora que estás en la universidad, piensas continuar con el deporte?
Quiero seguir entrenando porque mi meta es mejorar los cuatro metros para tener la marca mínima y así poder clasificar en los Juegos Panamericanos que se realizan en julio de este año, en Canadá. Espero poder compatibilizar los estudios con el deporte y ver la manera de postular a una beca.
¿Ese es tu próximo desafío?
Primero participar en los JUDEJUT de mayo, en Argentina, y luego, en los panamericanos, alcanzar más de cuarenta y seis metros.
“Quiero seguir entrenando porque mi meta es mejorar los cuatro metros para tener la marca mínima y así poder clasificar en los Juegos Panamericanos”.