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EDICIÓN | Marzo 2015

La Serena: Crisol de la educación científica y tecnológica en el siglo XIX

Hernán Cortés Olivares, académico e historiador de la Universidad de La Serena.
La Serena: Crisol de la educación científica y tecnológica en el siglo XIX

A sus treinta y cuatro años, Ignacio Domeyko Ancuta, visualizó a Chile como una posibilidad favorable y coincidente a la innovación institucional y tecnológica. Piensa que la enseñanza debe ser la preocupación permanente del Estado, sostén de la educación pública y gratuita.

En pleno proceso de gestación de la República de Chile, uno de los mayores problemas del gobierno es la carencia de recursos económicos para financiar la guerra y la administración del naciente Estado. Las prorratas forzosas, los préstamos obligatorios, las confiscaciones a los realistas y las donaciones voluntarias no eran suficientes, más aún cuando los empresarios mineros inescrupulosos y el escaso compromiso con el destino de la República engañaban el control de las aduanas.

Al no existir técnicos especializados en fijar la ley de los metales de oro y plata y los porcentajes de fino del cobre en barra y en ejes, eludían pagar el real valor de las exportaciones a sus países de origen: Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

Las autoridades de Santiago y el intendente gobernador de la provincia de Coquimbo, dictaron todos los decretos necesarios para incentivar el descubrimiento y explotación de los yacimientos mineros, otorgando permisos para ocupar la propiedad privada en el levantamiento de placillas y la construcción de fundiciones y puertos de embarque, pero no había mayor incremento de los ingresos fiscales, debido a la conducta desleal de los comerciantes y empresarios.

La solución es crear una Cátedra de Ciencias de la Minería, en el Instituto Nacional de Coquimbo, San Bartolomé, creado el 7 de abril de 1821, para formar verdaderos químicos laboratoristas, técnicos en geomensura e ingenieros en minas, cuya supremacía compartían Inglaterra, Francia y Alemania. En 1835, el intendente de Coquimbo obtiene el respaldo del gobierno para contratar un especialista utilizando los buenos oficios de Carlos Santiago Lambert, quien, en los hechos, había demostrado su idoneidad al transferir el secreto tecnológico de los hornos de reverbero en 1832, reemplazando los coloniales hornos de quema.

Lambert, formado en la Universidad Politécnica de París, solicita la recomendación de un profesor y científico para viajar a Chile con todos los instrumentos de laboratorios de Física, Química, Minero Metalurgia, de Geología y maquinaria para la explotación minera; además de una biblioteca con textos publicados entre 1795 y 1835. El científico recomendado es Ignacio Domeyko Ancuta (1802-1889), quien a los quince años ingresa a la Universidad de Vilna, a los veinte es licenciado. Huye a París ante la dominación rusa. Exiliado en París, estudia en la Sorbona, el Colegio de Francia, el Jardín Botánico, la Escuela de Minas de París, la Academia de Ciencias, el Conservatorio de Artes y Oficios. Domina siete idiomas: latín, francés, alemán, italiano, inglés, polaco y, luego, el español.

La investigación científica debe ser acuciosa y precisa, el discurso debe ser claro y sintético y las explicaciones deben ser acompañadas de diseños y dibujos que hablen a la inteligencia de los educandos.

Testigo de los inventos que pavimentan la revolución industrial del siglo XIX: la pila voltaica, el primer barco a vapor, la turbina hidráulica, el dínamo y el transformador, el motor electromagnético, la ventilación y eltransporte vertical y horizontal accionado por la energía a vapor, la lámpara de seguridad minera para detectar gases explosivos. Con Domeyko llega a Chile, y especialmente a La Serena, la frontera del conocimiento y la tecnología europea que serán conocidas por sus catorce graduados, además de recomendar que los tres alumnos más aventajados debían perfeccionarse en París para volver a renovar el curriculum de la cátedra minera en el Instituto Nacional de Coquimbo. De esta forma, con educación pública de calidad centrada en el Programa y Métodos de Estudios, el Estado, con funcionarios probos, puede enfrentar las malas prácticas lesivas a la Nación.

 

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