Reproducir utensilios y piezas decorativas de la cultura diaguita —con una técnica única y ancestral— ha sido la vocación artística de una familia que ha traspasado su destreza y habilidad por cientos de años. En la actualidad, madre e hija se enorgullecen de mantener esta tradición, de difundirla y de enseñarla.
por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
No tienen conocimiento de cuál fue la primera generación que comenzó a trabajar la cerámica diaguita, tanto así que Luperfina comenta que su abuela Clara Contreras debía cruzar el río Elqui en bote para trasladar sus trabajos. Su madre, Julia, de ochenta y cinco años, de voz pausada y manos benditas, agrega que sus tías caminaban desde Punta de Teatinos hasta La Serena para entregar las piezas de greda que fabricaban en su taller.
Luperfina y sus diez hermanos crecieron viendo a su madre cómo moldeaba la greda y, luego, la pintaba con tierras naturales. Fueron aprendiendo de a poco, observando, ayudando a moldear e involucrándose con esta técnica ancestral.
El padre de Luperfina era el encargado de buscar la tierra en la Quebrada del Jardín y en la Cuesta Porotitos. Julia —en su taller ubicado en el patio trasero de su casa en La Serena—, molía la greda en una piedra hasta que quedase bien fina, luego la cernía y le aplicaba tuturaco (flor de la totora) para darle una mayor plasticidad. La amasaba y más tarde, la amoldaba de acuerdo con el tamaño de la pieza.
“Por problemas de salud, mi madre dejó de trabajar en cerámica y, en mi caso, cada vez que puedo entro al taller”, comenta Luperfina y, en seguida, Julia, no tarda en responder que apenas se mejore retomará su oficio.
Las artesanas afirman que todo el proceso que ellas realizan es la manera antigua de trabajar la cerámica diaguita. Una técnica precolombina y que se ha ido traspasando de generación en generación.
¿Esa es la gran virtud de este arte?
¡Exactamente! Este trabajo es una herencia familiar donde todo es hecho a mano. Se pule con piedras, no lleva barniz y son pintadas con tierras de colores.
¿No utilizan moldes?
No, esto es absolutamente rústico. Con los moldes se trabaja por serie y nosotros trabajamos la artesanía en su forma natural. Hemos tratado de mantener el modelado a mano y eso marca una gran diferencia.
MAESTRAS
Generosas al difundir su destreza, Julia y Luperfina se han dado el tiempo para enseñar su vasto conocimiento sobre esta técnica a académicos y alumnos de carreras afines al arte, artesanos y particulares interesados por aprender. El año pasado, Julia fue invitada por a Fundación Artesanía de Chile para dar un curso. Un accidente, le impidió viajar a Santiago y cumplir con su compromiso, sin embargo, Luperfina tomó esta responsabilidad y durante dos semanas dio a conocer todo el proceso de elaboración de la cerámica diaguita.
¿Una experiencia gratificante?
¡Maravillosa! El público era muy diverso, incluso, extranjeros, niños y discapacitados. Eran dos cursos al día. Fue muy intenso para mí, pero la gente se iba muy agradecida.
¿Qué tipo de piezas forman parte de las réplicas diaguitas?
J: El plato clásico, los sapitos cantores, el jarro pato, pailas, llamas, jarrones, urnas funerarias…
L: En estas urnas, los diaguitas ponían a sus bebés fallecidos. También está el burrito con arguinas, que son los canastos que ellos utilizaban para poner las provisiones. Mi madre ha creado otro tipo de elementos decorativos, entre ellas, bases de lámparas, adornos y una réplica de la Iglesia Santa Inés.
¿Ustedes son las únicas que aplican la técnica original, en esta zona?
Sí, porque solo nosotras utilizamos el engobe. Usamos tierras de colores para pintar las piezas, por ejemplo, el rojo lo da el fierro; el amarillo se encuentra en la tierra de Peñuelas y el negro que proviene del manganeso lo compramos en Santiago, porque acá es escaso.
VALOR A LO NUESTRO
La señora Julia pide a su hija que traiga una carpeta. Aquí guarda, como un tesoro, sus recortes de prensa, entrevistas, diplomas, certificados, fotografías y un sinfín de reconocimientos. De una cajita de gamuza roja saca una medalla de honor que le entregó el municipio serenense hace ya varios años. Agrega, emocionada, que algunas de sus piezas son exhibidas en el Museo Arqueológico de La Serena y que su madre fue quien hizo las tinajas que, hasta hoy, decoran los jardines del Regimiento de Infantería de Coquimbo.
¿Orgullosas de dar continuidad a esta tradición?
J: Esto ha sido mi sustento de toda una vida y como arte es un orgullo dar a conocer el trabajo de mis antepasados. Que sigan reconociendo la labor de personas mayores, como yo es una gran satisfacción.
L: Dar forma al barro, a la greda, es para mí un privilegio.
¿Y en especial, si se trata de una cultura con asentamiento regional?
La cerámica diaguita es considerada una de las más importantes manifestaciones artísticas decorativas y que esta se haya desarrollado aquí, en nuestra tierra, tiene una gran connotación.
¿Podría ser heredada por una nueva generación?
Tengo una hija y una nieta. Ellas también aprendieron la técnica y les gusta hacerlo, de manera que tenemos la esperanza de que esto continúe.
“Hemos tratado de mantener el modelado a mano y eso marca una gran diferencia”, Luperfina Lara.