Hace algún tiempo, en una charla de patrimonio cultural, escuché al principal gestor detrás del plan de renovación del casco histórico de Valparaíso contar sobre esta experiencia: A partir de la intención de rescate de un edificio emblemático del puerto se generó un movimiento con una serie de iniciativas que lograron renovarlo como sector de atractivo turístico. Esto, a razón no solo de la renovación arquitectónica y el embellecimiento urbano, sino de la ocupación activa, llena de intención y espíritu que implican las tiendas de autor, los talleres de artistas, los restaurantes con sello, los hoteles boutique, etc.
Para que todo este movimiento se produjera se necesitó una fuerte inversión. Esto se logró conjugando varios factores: intereses comunes, asociaciones estratégicas y asesorías técnicas. Uno de los alicientes fundamentales en el apoyo a este tipo de iniciativa privada pasa por el subsidio de renovación urbana que existe a nivel nacional… ¿Imaginan los proyectos que se podrían lograr? Yo visualizo alguno cerca del Parque Japonés en La Serena, de recorrido peatonal, donde, luego de concluido el paseo por el centro de la ciudad con su atractivo colonial, te pudieras sentar bajo un añoso árbol a tomar un café… no sin antes observar las tiendas con trabajo artesanal de calidad, arte, diseño original de autor y encontrarte con todas esas cosas bellas que aquí se hacen y desconocemos, como aquel trabajo a mano que es imposible encontrar reunido en un solo lugar estable… como una consecución de pequeñas tiendas donde se fuera agrupando todo lo que merece un espacio para ser conocido nacional e internacionalmente.
Cualquier avance hacia este ideal sería un sueño… ¡pero no un sueño de verano!, una intención para todo el año, para quienes habitamos esta ciudad y para quienes nos visitan y, de esta manera, aprender a apreciar, a educar y, con el tiempo, a entender el valor que este trabajo original y único que se lleva en cada pieza tiene algo de su creador.