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EDICIÓN | Marzo 2015

Se mira... ¡y se toca!

Patrimonio
Se mira... ¡y se toca!

José Pedro Vicente Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. www.josepedrovicente.cl

La palabra patrimonio, al parecer, tiene distintas interpretaciones. La primera y más ancestral de ellas se niega a intervenir edificaciones antiguas, simplemente por ser añosas. Esto no hace otra cosa que sembrar la confusión entre el valor que pueda tener una edificación y el que le pudo haber dado el paso del tiempo.

Si me permiten un repaso por la historia, la Basílica de San Pedro es uno de los mejores ejemplos en la arquitectura para demostrar que el valor pre existente se revaloriza con la antítesis de lo señalado, es decir, “metiéndole mano”. Si hay algo de gran valor patrimonial para el catolicismo, es la tumba de su primer papa. Sin embargo, es justamente ahí donde se decide proyectar el templo que lleva su nombre. Esto significa que la intervención no le ofreció un pedestal, sino que le dejó caer encima un elefante proyectado por Miguel Ángel. Pasaron los años y no solo se comprobaba el acierto de haber hecho esta edificación, sino además, su valor se potenciaba por día. Por esta y otras razones se faculta a Bernini para que le meta más mano aún, diseñando una plaza ovalada a modo de antesala al templo multiplicando por diez la capacidad de sus fieles.

Al criterio de no intervenir lo antiguo, con hechos como el señalado, se le hace un "jaque mate" demostrando empíricamente, que, con respeto y conciencia, no solo se pone en valor la preexistencia, sino además, la mantiene vigente frente a las nuevas demandas.

Richard Rogers en su libro Ciudades Sostenibles señala que “Un edificio debe ser capaz de adaptarse a los cambios. Si lo hace, continuará teniendo un uso; si no lo hace, se volverá una pieza de museo o será demolido”. Si queremos seguir usando un edificio, no le podemos pedir que lo haga sin adaptaciones. Hoy todo es distinto a como era cuando lo estaban construyendo. Esto no significa que simplemente tengamos que ir actualizando el recinto donde se trabaja, descansa o sociabiliza para que lo puedan seguir haciendo en su versión contemporánea. La realidad es más compleja, pero a la vez, más interesante. Un caso conocido por todos es el Centro Cultural Palacio La Moneda. Aunque suene irónico, sin anhelos de transformarse en una pieza de museo (como señala Richard Rogers), y mucho menos en ser demolido, lo que en algún momento de la historia pudo haber sido sinónimo de hermeticidad, hoy se asocia y vincula a un programa abierto al público cuyo objetivo es el desarrollo, estudio, difusión, fomento y conservación de todas las manifestaciones del arte, la cultura y la educación.

Proyectado por Cristián Undurraga, con 7.200 metros cuadrados repartidos en tres niveles subterráneos, recibe diariamente más de mil personas. El hecho de "meterle mano" a una edificación, no significa que su intervención pase por alto o se olvide de sus valores, por el contrario, por un lado invita a lo antiguo a participar de las nuevas demandas, y por otro, probablemente como agradecimiento, lo pone en valor eternizándolo como parte de la historia del lugar donde se encuentre.

 

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