Un lago calmo, tan calmo que se pueden ver las aves reflejadas cuando emprenden el vuelo. Un lago calmo en el rojizo atardecer. Este lago sí que sabe de conversaciones trascendentales sobre todo en los veranos. Imagino una mujer en lo alto de una cabaña contemplándolo por la ventana mientras espera la entrada de su hijo con el que tiene que hablar.
Ese es el escenario que imagino hace un par de semanas atrás cuando la Presidenta esperaba las explicaciones de su hijo después de que estallara el caso CAVAL. Lo anterior suponiendo que, tal como lo dijo a los medios, se había enterado a través de la prensa. Infiero, entonces, que la comunicación madre e hijo no es de las mejores. En esa oportunidad, comentó que la situación la afectaba como Presidenta y como madre. Me parece que sus aflicciones como madre se las tiene que contar al lago; a nosotros, los frustrados, nos importa bien poco la conversación en el lago con la taza de mate, a no ser que le haya arrojado la taza por la cabeza, entonces me sentiría igual de estafada, pero algo satisfecha.
Y la verdad, me siento estafada porque tantas veces he soñado y me he sentido visionaria imaginando un Valparaíso en progreso, imaginando que puedo mejorar barrios, que puedo generar trabajo, que puedo concretar mi escuela de oficios, que puedo mantener guarderías, que puedo sacar al puerto de la pobreza.
Puedo escribirles eternamente la cantidad de cosas que haría si el banco me prestara toda la plata que necesito para empezar a concretar mis ideas. Ideas que se financiarían con una parte del préstamo al hijo de la Presidenta. Pero a mí no me atiende el dueño del banco, y a pesar de que me siento súper segura y orgullosa de mis padres, no me atienden porque no soy “la hija de”. Y aunque me acercara me daría mucha vergüenza usar ese recurso tan miserable.
Me parece que en la vida está bien tomar las oportunidades y “avivarse” de vez en cuando, pero no riéndose de todos los que estamos emprendiendo en este país. Así no más “Plaf” y un matrimonio se convierte en millonario sin el mínimo esfuerzo, llenos de codicia.
A no ser que me gane la lotería, esa fórmula no me interesa. No me interesa tomar la delantera de esa manera, no me interesa reírme de todos los que se parten el lomo trabajando (me incluyo), no me interesa que mi hija se entere de la desidia del hijo de la Presidenta. No me interesa que un flojo se convierta en millonario, no me interesa que la Presidenta permita este nivel de desigualdad en este territorio.
Me abruma pensar en todos los que se esfuerzan para darles educación a sus hijos, en todos los que fuimos a la universidad, en todos los que están pagando créditos, en todos los que creemos que a través de la educación de calidad podemos vivir en un lugar mejor, para que un día venga un tipo de apariencia simplona, pero que tiene a su favor ser el hijo de la Presidenta y en una conversación haga uso de influencias, especule inflando el valor de la tierra (hablaremos en unos meses más de burbujas inmobiliarias) y salga con la billetera llena del dinero que gran parte de los ciudadanos de este país nunca tendrán, peor aún, serán más pobres porque no podrán pagar por un suelo antes razonable. Así será imposible cumplir con las promesas de campaña, llevar a Chile al desarrollo. Vuelvo a imaginar el lago y el oleaje está tan fuerte, que se hace imposible ver reflejo alguno.