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EDICIÓN | Marzo 2015

Sanadora

Rosa Puga Larraín, maestra de ceremonias
Sanadora

El hecho de viajar constantemente por el mundo, a muy temprana edad, le imprimió en cierta forma su espíritu nómade. A los diecinueve años decidió soltar amarras y partir de Chile. Una larga estadía en Hawái, su amor por la medicina alternativa y la constante observación de la conciencia, la llevó por el camino del ho’oponopono, las terapias alternativas, la genealogía y la intuición. Hoy, desde su Centro BienStar, en el corazón de Limache, imparte clases de auto sanación y realiza las llamadas Ceremonias del Alma. Conversar con ella fue un viaje a nuestro centro.

por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Corría el año 1988 y en nuestro país los ojos estaban puestos en un nuevo certamen de Miss Chile. El triunfo de Cecilia Bolocco el año anterior le había otorgado un bonus track al concurso y una joven Rosa Puga cedía ante la insistencia de los organizadores de la competencia y se embarcaba en la aventura con la promesa de recorrer Chile entero. Pero Rosa no contaba con lo que ocurriría con ella al encontrarse con una machi.

“Quedé entre las catorce semifinalistas. Ese año cada una tenía que representar a una región de Chile y yo elegí la Región de Temuco, donde conocimos a una machi. Me puso un manto, me dio un cultrún para tocar y bailamos alrededor del fuego. En ese momento no entendí nada, pero seguramente ella, sabiendo que las coincidencias no existen, debe haberlo entendido. Ahí hubo algo que se marcó en mi proceso y que cambió mi historia. Me encantó esa experiencia, me sentí en casa”.

Para Rosa, ese fue el punto de partida.

CEREMONIAS CON SENTIDO

Lleva ocho años en Limache repartiendo su tiempo entre su Centro BienStar, donde realiza sesiones individuales de empoderamiento y sanación llamadas “activación del ser”, y las Ceremonias del Alma, que son ceremonias con sentido. Bautizos, matrimonios, inauguraciones, aniversarios, despedidas, funerales. La lista es larga.

¿Quiénes te piden las ceremonias del alma?
Por lo general son personas que creen en algo, en una energía, una fuerza vital, o gracia divina, pero que no se relacionan necesariamente con una institución religiosa. Yo hago el puente entre lo que quieren celebrar y la celebración misma. Cuando me junto con los novios o los papás de una guagua, por ejemplo, les pregunto con qué sueñan, cómo se imaginan la ceremonia, qué es lo que quieren, qué buscan. Lo que cambia es la ceremonia, que toma otro cariz, otro contexto. Yo les cuento de distintas tradiciones ancestrales de celebración. Existe una ceremonia polinésica, donde se cubre a los novios con un manto que se prepara por los invitados, puede ser tejido, cosido, pintado o bordado. Y después ellos lo unen. La idea representa a la comunidad, a la bendición de su círculo. A los matrimonios se les envuelve en este manto. También a las guaguas se le puede hacer un manto de protección, ya sea por los padrinos o los abuelos, por ejemplo.

¿Tu primera celebración?
Para unas chicas que cumplían dieciocho años en Bahía, Brasil, el 2007. Les organizamos una ceremonia llamada “Rito de pasajes” en una hacienda que era de una amiga suiza. Pusimos un altar con muchos símbolos de abundancia, fuimos al bosque a cortar flores para unas coronas, les hicimos unos mantos blancos y las dejamos durmiendo en el río durante una noche para que se conectaran con las estrellas. Pura ensoñación y juego.

LA MAGIA DEL HO’OPONOPONO

Tenía diecinueve años cuando se casó y se fue a Berkeley a estudiar un college y aprender inglés. Después de un año partieron a Hawái donde estuvo cerca de diecisiete años. Durante ese tiempo estudió diseño de vestuario, japonés, anatomía y fisiología.

¿Qué descubriste en Hawái?
A mí. Descubrí la gentileza de la naturaleza, siempre conteniendo. Descubrí su energía sanadora.

¿En qué minuto te topas con el Pilates?
A los diez años de matrimonio me separé y me fui a Santa Fe, Nuevo México, a estudiar a una escuela de Pilates comandada por Michele Larsson. Durante un año y medio recibí un entrenamiento exhaustivo.

Sin embargo tuvo que pasar una estadía breve en Italia, junto a su segunda pareja, donde enseñó Pilates, para más tarde abrir un estudio en Hawái. Paralelamente, Rosa aprende la técnica de auto sanación hawaiana —ho’oponopono— que usa hasta el día de hoy. Y en el proceso comenzó a ver “cosas” cuando tocaba a las personas para corregirles ciertas posturas durante sus clases de Pilates. Imágenes de sus vidas, fugaces, totalmente impensadas. De a poco las fue incorporando para ayudarlas. “Mis sesiones cambiaron bastante”.

¿La esencia del ho’oponopono?
En el ho’oponopono la premisa es que tú eres responsable ciento por ciento de lo que vives. Es un cambio en la perspectiva de la vida completa. Hay un ejercicio en que te pones en una situación que no fue grata para ti y la sientes y a aquello que sientes le pides perdón, le dices lo siento, yo te amo, gracias.

¿Funciona?
Tengo pacientes con problemas a la tiroides que han estado a punto de ser operados y con las terapias que hemos tenido, les están quitando hasta el Eutirox. Sirve porque trabajamos harto y nos metemos en los lugares de dolor, con respeto, con cariño, con amor. Las enfermedades son creadas por traumas, recuerdos, heridas. Hay que saber escucharnos, hay que aprender a escuchar a nuestro cuerpo. Si nos sentimos bien es porque todo está bien, pero cuando nos sentimos mal es nuestro cuerpo el que nos está avisando que algo pasa. Si no escuchas acabas con un cáncer. Como le dijo una machi al filósofo y escritor Ziley Mora: “nos enferma-mos de malas palabras”.

¿Qué pasa cuando alguien te hace daño?
Respiras harto y tratas de vivir sin interpre-taciones. Hay un libro del médico mexicano Miguel Ruiz, llamado Los cuatro acuerdos, basado en la sabiduría de los antiguos toltecas que habla de cuatro dogmas: no te tomes nada personalmente, da lo mejor de ti, no juzgues y no hagas suposiciones.

¿Tus guías?
Hay personas que me han aportado mucho y que me han facilitado e camino, como Jacob y Manya Pomerantz, Nancy Gilgoff, mi profesora de yoga, Suzuki Sensei, Michele Larsson, Marcela Lobos, Ana Luisa Solís, Carlos Castillejos y muchos otros a quienes agradezco.

CERTEZA

En cada sesión, Rosa saluda al norte, al este, al sur, al oeste. Saluda al agua, al aire, al fuego, a la tierra, al cielo. Saluda al eje vertical de los corazones de jade. Saluda desde lo profundo de la tierra a lo profundo del cielo con el corazón humano, punto central de todas estas coordenadas.

Trabaja con una mezcla de terapias, trabaja con sus manos, con la genealogía, con las piedras, con el tarot. Trabaja con el corazón para que cada persona encuentre su centro, su camino.

¿Cómo es trabajar con las personas?
Ha habido un cambio en mí y en cómo me relaciono con la terapia, estoy más receptiva. La terapia siempre es para mí, yo enseño lo que quiero aprender, lo que necesito aprender.

¿Lo más lindo que te ha tocado vivenciar?
Despertar cada mañana. Hay una historia muy linda de una abuela Dakota, nativa de Norteamé-rica. Ella contaba una vez que cuando tenía doce años, su papá tuvo que irse muy lejos por trabajo. Tenía una relación muy cercana con su papá y cuando se fue de la casa por negocios, ella se abandonó y empezó a tomar y a fumar. Pasaron los años y, ya mayor, se dio cuenta de que el sol nunca la había abandonado, aun cuando su padre se había ido y ella misma se había abandonado; el sol había salido cada mañana y había estado con ella todos los días, alumbrándola. Esa confianza, esa certeza de que estás siempre invariablemente cobijado.

¿Qué es para ti el bienestar?
La confianza, ese espacio en el que puedes fluir. Es difícil explicarte con palabras, las palabras siempre quedan cortas. Bienestar es confiar en tu camino, confiar en ti, confiar en que estás bien, en que eres merecedor de todas las bondades de la existencia, independientemente de lo que hagas, porque ya eres. El bienestar es tener las herramientas para volver a tu zona de confianza, a tu centro.

Mamá de Florencia (13) y Tristán (20), Rosa es pura serenidad. Dice que el futuro habita en nuestros corazones, que los niños son espejos de sus padres y que creer es crear. Parte de lo que ella es está reflejado en su blog centrobienstarmamacocha. blogspot.com.

“Somos creadores, no somos acumuladores. Estas ceremonias son una invitación a que crean en algo que valga no la pena, sino la alegría. Eso es bienestar, hacerte consciente de lo que estás creyendo. Es pura práctica, no es saber”.

 

“Las enfermedades son creadas por traumas, recuerdos, heridas. Hay que saber escucharnos. Cuando nos sentimos mal es nuestro cuerpo el que nos está avisando que algo pasa. Si no escuchas acabas con un cáncer. Como le dijo una machi al filósofo y escritor Ziley Mora: “nos enfermamos de malas palabras”.

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