Cuando chico le gustaba inventar todo tipo de cosas, la maestranza era lo suyo, pero nunca imaginó que con el tiempo esto tendría algo que ver con lo que hoy es su pasión: la escultura.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
Cuando Ulises (33) habla de lo que hace, los ojos le brillan, pues tiene mil proyectos, mil ideas, que nacen de una imaginación infinita y un amor insuperable por la escultura. Oriundo de Codegua —Región de O´Higgins— no tuvo dudas a la hora de pensar qué estudiar. Así fue como llegó al mundo del arte, carrera que siguió en una universidad de la capital.
¿Por qué especializarse en escultura?
Cuando cursé el ramo taller de proyecto, tuve que decidir hacia dónde debía guiar mi carrera. Me encantaba la escultura pero no sabía nada, así que quise ser pintor, pero era malo para los pinceles. Tuve una crisis vocacional y entonces un amigo me invitó a conocer el taller de Palolo Valdés —Pedro Pablo Valdés—, donde terminé trabajando y conocí la fundición.
¿Por qué el fierro?
Trabajo granito, mármol, madera, pero el fierro es lo que más me gusta porque es más dúctil.
¿Y por qué te gusta más el fierro fundido que el soldado?
Es que no es lo mismo, en una fundición el fierro en ciento por ciento obediente, puedes hacer cualquier cosa con él, ya que se puede moldear.
¿Cómo se hace una escultura en fierro?
Primero se hace una maqueta, que consiste en hacer el dibujo, para luego recrearlo en tres dimensiones a través del plumavit y alambres. La gracia de este material es que al contacto con el fierro se transforma en gas. Esta maqueta se introduce en un molde de arena con resina —especial para que el fierro no se pegue a la misma— que tiene dos agujeros, por uno se introduce el fierro fundido y por el otro salen los gases del plumavit, entre otros. Después de veinticuatro horas, ya está lista, entonces hay que ser súper cuidadoso para usar el martillo y el cincel y así romperla hasta descubrir la escultura que está dentro, esa es la mejor parte. Con esta técnica puedo fundir bronce, acero inoxidable, aluminio… pero a mí me gusta el fierro. La idea es guardar el molde para hacer otras réplicas. Lo otro es el tallado, en donde se crea una obra única.
TALLER
En su taller, una especie de contenedor grande, entra la luz por una pequeña ventana que ilumina justo una mesa central. Hay cajas de bebidas que usó para disponer distintas mesas, en donde lucen sus esculturas: un pez, dos toros enfrentados, un caballo de cerca de cincuenta kilos de peso, unas zapatillas que son réplicas de las que el artista usa, una bota, una mano —molde de la suya— y una lámpara. Además, papeles con dibujos pegados en las paredes, maquetas de plumavit, y muchísimas herramientas. Aquí, Ulises, junto a su overol, y sus gafas de seguridad transparentes, crea las más hermosas figuras en fierro.
¿Cuál fue tu proyecto de título?
Las paradojas de un zapallo, le hice un molde a un zapallo, la idea era hacer varios para instalarlos en distintas partes de Santiago, pero hechos en cemento.
¿Lo que más te gusta crear?
Los animales me sirven como entrenamiento para seguir manteniendo la práctica de las líneas, el volumen, lo cóncavo y lo convexo, La búsqueda es lograr una narrativa, un relato entre la escultura a pulso y los moldes. Generar una especie de cuento.
¿Un cuento que generaste a través de tu obra?
El año pasado presenté una obra para la galería Balmaceda Arte Joven, que convocó a distintos artistas visuales para lo que se llamó: “Cita a ciegas”. Yo mandé una obra y la curatoría seleccionaba las mejores. Quedé seleccionado, entonces la idea era hacer con otro artista que no conocía, una obra en conjunto para exponerla. Me tocó crear una obra con el pintor Pablo Montealegre, nos juntamos para ver qué hacer y decidimos recrear nuestra reunión: él pintó la mesa con la taza de café, la cafetera, los papeles y los puchos, y yo la esculpí.
¿Otra exposición?
A principios del 2014 estuve en la feria Faxxi, que se hace en el Parque Bicentenario, llevé la mesa que esculpí para “Cita a ciegas”, y se vendió altiro. Después estuve en una muestra colectiva en la galería Matthei, donde presenté la obra Fermento lácteo, una escultura hecha con ropa: corté unos pantalones, le puse unos tubos para que se sostuvieran y unos bototos, y los instalé en el pasto. Se veía como que hubiese un hombre enterrado en el pasto. En la galería Arte Espacio se hizo otra con el nombre de “Ensayo general”, a la cual mandé unos juguetes en fierro, pero juguetes de antaño: el camión Goliat, el triciclo Wenco, entre otros. Y la gracia es que todos funcionaban. Se pueden ver en mi página www.ulisessoto.com
¿Por qué juguetes?
Eso nació de la idea de que uno también tiene que hacerse cargo de la historia. De dejar constancia de ella en un objeto presente. Es algo que tiene que ver con la memoria colectiva. Por ejemplo, al sacarle un molde a un zapato botado en la calle, se genera la melancolía del abandono. También le saqué el molde a mis zapatillas, pero porque me traen recuerdos de experiencias y viajes, es perpetuar el valor emocional en un sencillo ejercicio con fierro.
¿Cómo definirías tu arte?
No me gustaría encasillarme. Aún estoy en un proceso experimental.
¿Tu sueño?
Levantarme todos los días y poder seguir en esto.
¿La escultura que has hecho que más te ha gustado?
La mesa en fierro. Logré generar una imagen un relato, es como lo que hace la fotografía, que es el momento, el saber que algo pasó ahí.
¿El escultor que más te gusta?
Miró. Sus esculturas son impresionantes. Chillida, Botero. Y de los nacionales, Gacitúa, Salineros, Gana y otros.
¿En qué estas ahora?
Haciendo esculturas de gran tamaño de plástico y alambrón. Hice un caballo, un toro negro, un rinoceronte, de tamaño real. Estoy investigando esta técnica, la idea es pegarse el salto del fierro a una escultura liviana y cromática, además de grande. Por otro lado, ahora me encuentro trabajando con la Fundación Deporte Libre, liderada por el arquitecto Pedro Anguita, y junto a mi socio, el escultor Diego Arenas nos invitaron a trabajar con ellos en el “Parque de Escalada los Silos”: una plataforma experimental escultórica y deportiva, con la idea de rescatar los espacios urbanos en desuso, y aprovecharlos para hacer deporte y mostrar arte. Y me queda la feria Faxxi de este año.
“Estoy haciendo esculturas de gran tamaño de plástico y alambrón. Hice un caballo, un toro negro, un rinoceronte, de tamaño real. Estoy investigando esta técnica, la idea es pegarse el salto del fierro a una escultura liviana y cromática, además de grande”.