Título Original: You Will Meet a Tall Dark Stranger
Reparto: Gemma Jones, Pauline Collins, Anthony Hopkins, Naomi Watts, Josh Brolin, Freida Pinto, Lucy Punch, Antonio Banderas
Dirección: Woody Allen
País y Año de Producción: Estados Unidos, 2011
Género: Drama
Duración: 98 Minutos
Calificación: Todo Espectador (Sugerido Mayores de 14 Años)
Es sólo una apreciación personal, pero me fascina cuando un filme posee como centro un leit motiv; y no necesariamente uno musical (al modo de Así hablaba Zaratustra en 2001: Odisea del Espacio, o La Marcha De Darth Vader en la saga de Star Wars). Más bien me refiero a uno temático, como -por nombrar uno reciente- “la idea de que algunas personas visten pijamas”, en El niño con pijama de rayas. En Conocerás al hombre de tus sueños, el leit motiv es justamente lo que el título sugiere, aunque también se desarrolla en torno a personajes masculinos. Ningún personaje es criticado, ni por sus pensamientos ni por sus acciones. Algo afortunado para mí, ya que los filmes de tipo moralista (peor aún si quienes actúan mal, terminan siendo castigados) me aburren tremendamente. De hecho, en esta cinta existe bastante injusticia con respecto a algunos personajes; me parece que la más azotada es la mujer casi alcohólica y adicta al esoterismo. Es fácil criticar, pero en aquel caso, ella mantenía por completo la familia de su hija, en términos económicos. Por ello me gustó lo que le pasa al novelista pseudo-intelectual (que en realidad se pasaba todo el tiempo observando morbosamente a la chica del frente de su departamento, bebiendo cerveza, e inventando miles de excusas para no trabajar como médico un título que siempre estaba a su alcance). Incluso, cuando a él le ocurre su “Conocerás...”, no se trata más que de lujuria, que termina en la destrucción del noviazgo trans-cultural (una pesadilla, a mi modo de ver) de su “presa”. La escena final, del “novelista” espiando a su ex-esposa, me pareció realmente fantástica; no tanto por su originalidad (había visto tomas similares en cine italiano), sino por la frescura, humor, y pathos. Quien menos interesa en la película - ya que es lineal y bruto- es quien redondea el leit motiv de la cinta. Es como en la poesía; afortunadamente nadie cobra derechos de autor por hablar de “amor”, “enamorarse”, “belleza”, “maternidad” (estaríamos arruinados, ¿no?). La temática de esta película ha sido tocada un millón de veces. Pero estructurada de forma tan compleja, aludiendo puntos de vista diversos, carente absoluta de banda de sonido (salvo un intro-outro de una extraña versión en jazz, de la famosa canción de Pepe Grillo, A wish upon a star), sólo un logro de un maestro como Woody Allen. Dedicado a mi padre, quien me obligó a ver esta cinta, sabiendo que a mí me carga Woody Allen. Excepcional