Mick Jagger celebra su cumpleaños en el verano de 1968 en un exclusivo club londinense. Se acerca al DJ y le entrega un adelanto de Beggar’s banquet, el nuevo álbum de The Rolling Stones. Las flamantes canciones de uno de los mejores títulos del conjunto inglés, causan sensación inmediata. Al rato llega Paul McCartney, y le pide al DJ que pinche el nuevo sencillo de The Beatles, Hey Jude. Los asistentes enloquecen exigiendo que el futuro clásico se repita una y otra vez. En cuestión de minutos, Mick Jagger es un invitado en su propia fiesta.
La escena abre Beatles vs. Stones (2014), libro del historiador estadounidense John McMillian. Ajeno a las pasiones y arbitrariedades de la crítica rock, McMillian reconstruye las relaciones de las dos bandas más influyentes de la historia. La versión oficial, tejida por los propios involucrados, es que siempre fueron amigos y se apoyaron desde el inicio, al punto que uno de los primeros éxitos de los Stones, I wanna be your man, es firmado por Lennon y McCartney. Pero también queda claro que si había posibilidad de provocar zancadillas, se hacían. Jagger no dudó en recomendar a sus colegas de Liverpool un manager que les había estafado.
Una de las mejores tesis de McMillian hace tambalear la creencia general de que Los Beatles representaban los buenos modales y los Stones eran prácticamente delincuentes. En sus primeros tiempos, los Fab Four disfrutaban del vandalismo y las peleas, mientras los futuros intérpretes de (I can’t get no) Satisfaction vivían aburguesados en Londres. Beatles vs. Stones es también una lección sobre los poderes de la publicidad y la construcción de imágenes. Finalmente, un vívido retrato de un periodo brillante e irrepetible de la cultura popular.