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EDICIÓN | Febrero 2015

Pascua de los Negros

Si bien el pueblo de La Tirana es conocido por su fiesta a la Virgen, no es la única festividad en el del desierto de Atacama, ya que es justamente en este sector donde convergen innumerables leyendas y ritos, que sin duda avivan la identidad regional. En esta ocasión el recorrido fue la Pascua de los Negros, un evento lleno de detalles y un entorno maravilloso.

texto y fotografía Soraya Valdivieso

Nos preparamos para salir una hora antes del crepúsculo, tomamos dirección al este hacia la Ruta 5. Es la hora exacta para llegar a la actividad más importante de la llamada Pascua de los Negros: la víspera.

El sol comienza a bajar y el viaje se vuelve cada vez más sorprendente, la gama de colores comienza a mostrar en tonos rojizos, las diferentes arenas que conforman la planicie desértica, mientras el cielo se despeja mostrando un azul delineado por tonalidades rosas y anaranjadas. Es la belleza del desierto más árido del mundo.

Uno a uno, los tamarugos comienzan a aparecer dando la bienvenida al pueblo de La Tirana. En esta zona alguna vez existió un gran bosque refugio de los guerreros de antaño.

El pueblo está tranquilo, lejos del tumulto y la energía que lo rodea el 16 de julio cuando es la víspera de la Fiesta Patronal más importante de Chile, La Tirana. Y aunque el ritmo es absolutamente distinto, persiste esa atmósfera de magia y fe. La gente recorre las calles del pueblo con guaguas de porcelana en sus brazos, algunas son grandes, otras son pequeñas, incluso diminutas, algunas andan en coche y con su mejor traje. Los dulces son también protagonistas de este encuentro donde se reparten entre los mismos feligreses en señal de aprecio y buen augurio.

NIÑO JESÚS

La celebración contempla la llegada de más de setecientas imágenes del Niño Jesús, las que son resguardadas en una especie de guardería que dispone la Iglesia, desde el domingo 4 de enero, hasta concretar la celebración de la Epifanía del Señor, la madrugada del 6 de enero, donde son entregadas a sus dueños, adornadas con peritas de pascua y variedad de dulces.

Al caer la noche el pueblo recobra vida, y en realidad no fueron pocos los peregrinos que asistieron a la fiesta para rendir honor al niño, es sólo que esperan a que el sol caiga para comenzar la celebración. Miles de personas se congregan antes de media noche en la iglesia central del pueblo, con sus trajes prolijos y llamativos, están listos para brindar tributo al niño Jesús que es transportado en los brazos del obispo de Iquique.

En medio de una multitud que hace espacio, tomándose de las manos y formando una cadena humana aparece esta figura de tamaño real, un niño de rostro angelical y una mirada muy especial que transmite paz y ternura, va vestido a lo andino, con un chullo, poncho de colores andinos fuertes y festivos. En tanto, los bailes de pastores, hacen sonar sus instrumentos de cañas, ahora tubos plásticos y de colores, mientras agitan sus pañuelos coloridos al viento.

Es evidente que la fiesta brinda mucha alegría y jolgorio a quienes bailan con entusiasmo en medio de la caravana de observadores. Los músicos tocan un reportorio conocido y la gente canta a viva voz. Los turistas son bienvenidos, incluso algunos creyentes los toman de las manos para hacerlos partícipes y que vivan en carne propia el regocijo de bailar para el hijo de Dios.

LA ESPERA

Estando allí, frente a la imponente iglesia, las cofradías danzan para conmemorar el nacimiento del pequeño Jesús y a la espera de la llegada de los reyes magos al pesebre de Belén, a las 22.30 horas realizan una eucaristía, donde el obispo de Iquique, oficia la ceremonia y se reparte chocolate y pan de pascua gratis, a cargo del alferazgo.

A medianoche comenzaron a sonar las campanas e incluso fuegos artificiales iluminaron el estrellado cielo desértico, otra postal increíble para quienes gozaron de este carnaval de tipo andino.

A la llegada a la puerta de la Iglesia, una banda de músicos, todos civiles, interpreta con respeto el himno nacional. Y la gente vuelve a sacar la voz entonando con fuerza las notas del “Puro Chile/ es tu cielo azulado”.

Posteriormente la música típica vuelve hacer bailar a todo el mundo, que antes de entrar a la iglesia quita sus sombreros y hace una reverencia hacia el lugar. Las guaguas que representan al niño Jesús se multiplican, se comparten y se saludan entre ellas. Al ojo poco experto, parece ser una fiesta dedicada a la fertilidad, pero no, principalmente ellos celebran a un Jesús negro que hace eco, según el contexto local,   de una población afro que habitó en la región, especialmente en el Oasis de Pica, quienes celebraron la Pascua el 6 de febrero.

FIESTA FAMILIAR

Al día siguiente desde las nueve de la mañana, en la iglesia comienza el movimiento, los locales del pueblo abren sus puertas y es un real privilegio encontrarse con el pan amasado de La Tirana, los pululos y la quinua.

La gente se nota muy hospitalaria, de hecho son las familias del pueblo las que abren las puertas de sus casas para recibir a los bailes religiosos. Cada hogar diseña laboriosamente un gran pesebre para recibir a las cofradías y que mezcla la tradición con aportes propios de la cultura local. Los animales de la región son sus principales protagonistas: llamos, corderos, gallinas, conejos. Ramas de árboles de la zona y objetos nativos ornamentan el pesebre, que también, utiliza luces navideñas, en fin, la casa se convierte en un pequeño templo donde los bailes entran para rendir homenaje al niño Jesús de la casa y sus propios niños, los que se ubican mientras dura la visita en el gran pesebre. La dueña de casa, que tiene abierto su hogar desde el comienzo del día, prepara alguna ofrenda a los bailarines, y los niños principalmente, esperan algún dulce o confite que les de energía para seguir camino.

Bailes, comidas, bebidas y cacharpaya de despedida por toda la plaza: “Ya me voy, ya voy yendo/ de este pueblo tan querido/ me voy a ir dejando tristes corazones”, cantan los creyentes.

“Esta es la fiesta de los tiraneños”, dice don Luis Choque, miembro de una de las familias más antigua del pueblo. Todo iquiqueño sabe que los adornos de navidad se retiran después de la Pascua de los Negros, la misma Municipalidad de Iquique espera a que pase el 6 de febrero para quitar todas las decoraciones que se han desplegado por la ciudad, sin embargo, son menos quienes asisten a esta no tan popular, pero igualmente importante celebración en el connotado pueblo de la Tirana.

TRANSFORMACIÓN

El sociólogo Bernardo Guerrero, explica que esta celebración, al igual que otras manifestaciones llegadas del viejo mundo, fueron el dictado de la sobrevivencia, que hizo que la cultura andina cubriera con ropajes católicos, a la Pachamama. La virgen del Carmen, fue la expresión de ese camuflaje. Y agrega que, “este complejo Pachamama Virgen, fue la mejor estrategia de ocultamiento de la religión andina. Los santos patronos, por otro lado, en cada pueblo, cumplieron la función que antes, realizaba el tótem”.

Es así como el Norte Grande tiene un vasto calendario celebratorio, que no siempre es advertido o popular. Según la página web www.tarapacaenelmundo.cl “No hay mes del año en que en algunos de sus cuatro pisos ecológicos, no se desarrolle una festividad. Carnavales, fiestas patronales, limpieza de acequias, floreo de los llamos, cruz de Mayo, San Pedro y San Pablo, quema de Judas son, entre otras, la expresión de una cultura que pide por buenas cosechas, abundante ganado, buena salud y buen trabajo. A lo anterior agrega las grandes fiestas como Las Peñas, en Arica, La Tirana y San Lorenzo en Iquique, y Ayquina, en el pueblo del mismo nombre al interior de Calama”.

 

No hay mes del año en que no se desarrolle una festividad. Carnavales, fiestas patronales, limpieza de acequias, floreo de los llamos, cruz de Mayo son, entre otras, la expresión de una cultura que pide por buenas cosechas, abundante ganado, buena salud y buen trabajo.

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