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EDICIÓN | Febrero 2015

Tecnología a disposición del agua

Matías Sjogren, CEO Biofiltro
Tecnología a disposición del agua

Tratan las aguas y permiten su reutilización. Suena súper simple, pero en el proceso intervienen miles de bacterias y lombrices que a través de su biología logran el milagro. Una empresa chilena que sale al mundo y que merece ser reconocida en casa.

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló B.

A fines del 2011, Matías Sjogren, ingeniero civil UC, viajó a Silicon Valley, a participar del Cleantech Open —competencia mundial que reúne a empresas de tecnologías limpias— con poca plata en el bolsillo, pero dispuesto a sorprender con su propuesta. Entre más de mil proyectos, de veintitrés países, Biofiltro resultó ganador.

“Empecé a exponer y fui pasando etapas; fue una semana de presentarle el proyecto a puros PHD´s que respaldaban la propuesta desde el punto de vista técnico, y muchos economistas que validaban el modelo de negocios. Nadie entendía qué hacia Chile en la terna final y, finalmente, ganamos con un total reconocimiento”.

Pero ¿qué fue lo que realmente cautivó al jurado? Biofiltro es una empresa chilena que desarrolla una tecnología sustentable y amigable con el medioambiente, y que trata con sistemas biológicos aguas residuales, ya sean de origen doméstico o industrial, para dejarlas aptas para riego.

Si profundizamos en la explicación, deberemos decir que una vez que las aguas residuales pasan por el primer filtro mecánico —una especie de rejilla— siguen contaminadas con partículas en estado soluble. Biofiltro trata con sistemas biológicos esas impurezas y para ello utiliza cientos de microorganismos, desde lombrices hasta una infinidad de bacterias.

“La lombriz empieza a comer las partículas sólidas de las aguas residuales y la biología que se genera en su fecha —rica bacteriológicamente— comienza a tratar la contaminación disuelta en el agua, hasta filtrarla por completo en un proceso dinámico que dura cuatro horas”, explica Matías Puga. No por nada, Cleopatra declaró a la lombriz como un animal sagrado e impuso graves castigos a quienes las lastimaran, y Darwin enfatizó que eran el intestino del mundo, las encargadas de limpiar el planeta de la contaminación.

DE DÓNDE VINO LA IDEA

Fue hace algunos años, que visitando a su padre en el lago Rapel, Matías conoció la planta de tratamiento de aguas negras que había instalado. En general, las casas en lagos y lagunas cuentan con fosas sépticas y, en este caso, se había dispuesto una planta que permitía reutilizar el agua para el riego.

“Ahí me puso en contacto con la persona que instaló el sistema, Alex Villagra, quien hoy es mi socio y quien lleva más de quince años probándolo. Alex es el creador del sistema BIDA®, tecnología que hoy nosotros comercializamos”.

Matías dio un vuelco a su vida, renunció a su trabajo e invitó a su amigo Rafael Concha a sumarse al emprendimiento. “Partimos súper aterrizados, desarrollando el tema en Chile. Postulamos a muchos proyectos CORFO y ganamos, asimismo contamos con el respaldo de Fundación Chile y ProChile”, recuerda.

¿Fue difícil emprender?
Sí, al principio cuesta, pero desde el comienzo sentimos que estábamos trabajando en lo nuestro, intentando hacer algo bueno por el medioambiente, entonces la energía es otra. El agua va a ser el problema de las futuras generaciones y nuestra propuesta apunta en ese sentido. Al día de hoy, todavía nos cuesta cerrar contratos y es que somos una empresa chilena, con capitales chilenos y con tecnología nueva saliendo al mundo, pero somos súper pacientes.

MODELO DE NEGOCIOS

Tras obtener el reconocimiento en Silicon Valley, California, comenzaron a estudiar la realidad local: “uno tiende a pensar que los americanos tienen todo resuelto, pero no es así; el tema del agua es especialmente crítico en California, pues escasea y es el gran freno económico para un estado cuya principal actividad es la agricultura”.

Fue entonces que buscaron inversionistas, pues la idea era instalarse en EE.UU. y armar un equipo local. “Con tecnologías nuevas tienes que armar proyectos pilotos para mostrar en qué consiste el sistema y para que los laboratorios hagan las pruebas pertinentes: verifiquen la calidad del agua, midan los consumos eléctricos, testeen la generación de gases; es difícil cuando entras a mercados tan regulados”.

Al mismo tiempo que montaban los pilotos, estaban trabajando en la patente tecnológica; con esta en mano ya eran dueños de una tecnología protegida.

¿Cómo ha sido este primer período en EE.UU.?
Ya llevamos casi un año y medio instalados en Fresno, valle central de California, y armamos un equipo local de siete personas. De forma responsable ideamos un buen plan de negocios, salimos a buscar financiamiento y con ello hemos sostenido esta primera etapa. Lo primero que hicimos fue instalar cinco plantas pilotos en industrias importantes y la idea es validar la tecnología y, sólo si funciona, vender el proyecto. Básicamente, la inversión es nuestra y así hemos seguido.

Tras el período inicial de testeo y con información suficiente —track record— han salido airosos y no sólo ya vendieron su primer proyecto, sino que además la USDA, entidad similar al SAG nacional, creyó en la propuesta y puso recursos para financiar la primera planta. “Tenemos un equipo en Chile y otro en Estados Unidos que trabajan conjuntamente para ir mejorando la tecnología y asegurarnos de cumplir con todas las normativas. El foco del negocio está allá, queremos ser una empresa americana ciento por ciento”.

PLANES DE EXPANSIÓN

Pero no sólo EE.UU. ha estado en la mira: “somos una empresa de innovación y desarrollo que genera patente, propiedad intelectual, y eso se empieza a vender a distintos países. En Nueva Zelanda ya hemos instalado siete plantas en distintos municipios y eso es súper potente, pues se trata del país medioambientalmente más exigente del mundo”.

¿Cómo ha sido trabajar con ellos?
En Nueva Zelanda todos los municipios son pequeños y a cada uno se le exige limpiar sus aguas hasta dejarlas en condiciones casi potables; Biofiltro ha sido una solución efectiva y competitiva en términos de costos de instalación y mantención.

En Biofiltro están convencidos —cosa que ha sido validada por muchos académicos— que el futuro del tratamiento del agua está en la descentralización, ya que a través de ella se logra ser más sustentable, ocupar menos energía, tratar in situ y reutilizar las aguas. Los neozelandeses ya lo han puesto en práctica.

¿Se trata de una tecnología cara?
No es cara, si comparas con tecnologías de la misma eficiencia. En términos de inversión, somos más bajos y la principal ventaja es que, operacionalmente, también somos más bajos, sin contar que buscamos ir disminuyendo la huella de CO2, además de no generar desechos contaminantes. Somos, sin duda, mucho más amigables para el medio ambiente.

Y los chilenos, ¿son receptivos con tecnología nacional?
Al chileno, en general, no le gustan las tecnologías chilenas. Si les digo que esta tecnología es alemana la compran inmediatamente, pero si les digo que es un desarrollo chileno ¡lo miran en menos! A nivel industrial, los primeros que nos compraron la tecnología fueron los europeos: Cecinas Bavaria, Soprole, Cecinas Llanquihue, ellos vieron en esto un gran beneficio medioambiental y, de a poco, el chileno fue aceptando la tecnología.

¿Cada cliente opera su propia planta?
No, nosotros instalamos una planta y también la mantenemos y operamos. La tecnología suena simple pero cuando trabajas con riles (residuos industriales líquidos) se suele hacer algo más compleja, por ello tomamos contratos de operación y mantención a largo plazo. No queremos arriesgarnos a que nuestra tecnología falle.

 

“Somos una empresa de innovación y desarrollo que genera patente, propiedad intelectual, y eso se empieza a vender a distintos países. En Nueva Zelanda ya hemos instalado siete plantas en distintos municipios y eso es súper potente, pues se trata del país medioambientalmente más exigente del mundo”.

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