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EDICIÓN | Febrero 2015

A paso firme

Beatriz Carrasco y Patricia Vigueras
A paso firme

El camino no ha sido fácil, sin embargo, estas ejemplares mujeres, han aunado sueños, anhelos y sus miradas críticas, para desde sus puestos de trabajo mejorar la salud comunitaria de un país, y con esto cambiar el mundo. A continuación, la historia de cómo se unieron dos mundos paralelos.

por Soraya Valdivieso V. fotografía Alex Díaz D.

Ni Beatriz Carrasco ni Patricia Vigueras entraron a la carrera de enfermería por vocación. Sin embargo, con el paso de los años ambas fueron enamorándose de la profesión hasta el punto de entregarse por entero a su trabajo, con una pasión y determinación que las destaca. Como equipo, mantienen el equilibrio perfecto: Beatriz es acelerada, con muchas ideas en mente y, Patricia, más estructurada, describe lentamente el sentimiento de trabajar en Salud Comunitaria en Chile.

Actualmente, ambas se desempeñan como profesoras titulares de la carrera de enfermería en la Universidad Arturo Prat de Iquique. Beatriz es enfermera con especialidad en salud familiar y amplia experiencia desde el área académica y Patricia tiene un magíster en educación superior, cursa un doctorado en antropología médica y publicó en base a sus experiencias, el libro La historia de una, la historia de todas. Las dos son graduadas de la Universidad de Concepción, y permanecieron en el sur de Chile por algunos años, sin embargo, sus raíces iquiqueñas las trajeron de regreso, y esta vez, con herramientas en mano para conseguir construir puentes y formar caminos.

Uniendo distintos sueños, críticas al sistema actual, siendo proactivas en un sistema de trabajo más innovador y que proyectará eficientemente a los estudiantes en sus carreras profesionales, pensaron, trabajaron y ejecutaron dos proyectos exitosos.

¿Cuál fue el conflicto que visualizaron?
Beatriz: Básicamente existía una dicotomía entre la teoría que entregábamos a los alumnos de las carreras de salud versus la realidad. Por un lado, trabajábamos fuertemente en el aula la importancia del trabajo comunitario, del enfoque familiar y por otro visualizábamos los programas como un apoyo a esta labor y no cómo la base de la gestión. Sumemos a esto, que cada vez es más problemático que los alumnos entren a los Centros de Salud.

¿Qué hicieron entonces?
Beatriz: Trabajamos a través de la Red de Mujeres del Norte Grande, quienes tienen protagonismo en la región, tienen historia con el trabajo comunitario y social y ellas, efectivamente, conocen la comunidad donde se encuentran insertas.

¿Cómo trabaja la Red de Mujeres del Norte Grande?
Patricia: Es una entidad que está presente desde Arica hasta Calama y reúne mujeres dirigentes que trabajan en temas de género, salud, medio ambiente y otros; es una organización social. Se juntan una vez al año y buscan soluciones a cada una de las temáticas.

¿Sin la Red de Mujeres hubieran logrado esto?
Patricia: Ellas nos abrieron las puertas de sus comunidades; sin ellas todo hubiera sido mucho más engorroso y hubiera requerido de mayor tiempo de relación, de confianza, trabajo y perseverancia, todo hubiera sido muy lento, algo que no se acomoda a los tiempos que vivimos hoy.

¿Qué significa para el país la Red de Mujeres?
Beatriz: Sin pertenecer a partidos políticos, estas mujeres tienen una visión muy clara de política país, priorizando los ámbitos en donde se debe avanzar.

¿Cómo respondieron ellas a su petición de trabajo?
Patricia: Anhelábamos que los estudiantes tuvieran una real experiencia en comunidad, y propusimos que las dirigentes fueran sus modelos de cómo hacer y cómo no hacer las cosas”. Ellas asumirían el protagonismo en la formación de los profesionales de la salud.

CON SUS PROPIAS ALAS

El proyecto diseñado por estas dos profesoras, titulado Escuela de salud comunitaria y liderazgo con dirigentas vecinales de Iquique y Alto Hospicio, tomó un vuelo que ni ellas mismas imaginaron. Fue tanto el apego que se generó entre estudiantes y dirigentas, que a la última evaluación de las dirigentes, los estudiantes llegaron de traje y flores, como un homenaje a lo aprendido durante los seis meses que duró la escuela.

Los casos de baja escolaridad llevaron tanto a alumnos como profesoras a tomar todas las alternativas posibles, sobre todo, juegos y acciones didácticas para que así la comprensión fuera efectiva. Las veinticinco dirigentas lograron terminar todos los módulos ofrecidos, los que incluían una línea de salud, donde estudiaron la historia de la salud, la reforma chilena y sus dos grandes ejes, la promoción de salud y salud familiar. Trabajaron en el diagnóstico comunitario, donde ellas aprendieron todas las herramientas como biomapas, mapas sociales, hicieron línea del tiempo, árbol de objetivo, jerarquización de problemas y, posteriormente, eligieron un problema y desarrollaron un proyecto.

En el ámbito de liderazgo, aprendieron de expresión corporal, comunicación efectiva, trabajo en equipo y mediación comunitaria. Ellas fueron evaluadas por su integración al equipo de gestión y la modelación del proyecto. El cambio fue radical y no pasó desapercibido.

¿Cómo se sintieron las dirigentas?
Beatriz: Se sentían protagonistas de este nuevo aprendizaje. Yo he leído muchos libros sobre liderazgo, puedo saber mucho sobre lo social, pero estas mujeres que tienen historias de vida muy fuertes, de mucho sufrimiento y sin embargo, han logrado enfocar su vida hacia un tema social y ser líderes realmente ejemplares.

Una historia de esfuerzo sin igual…
Beatriz: Nosotras vemos en terreno cómo la resiliencia efectivamente existe. Ellas han creado sus propias historias, superando obstáculos que quizás otras personas encontrarían insalvables y desde ahí han seguido trabajando para el prójimo, lo que es realmente único y admirable.

¿Las dirigentas se convirtieron en facilitadoras de información?
Beatriz: Ellas son un ejemplo que para el país debe ser muy importante, pues contribuyen al conocimiento real, desde la propia experiencia. Y en esta relación con los alumnos se pudo transmitir de alguna manera que ellos también tenían la misión de observar la realidad y complementarla con la teoría.

Me imagino que fue un trabajo arduo, ¿cómo lo compatibilizaron con sus vidas personales?
Patricia: ¡Uf! A veces estábamos hasta las diez de la noche en la universidad. La verdad es que hubo momentos en que no dimos abasto, pero todos los esfuerzos valieron la pena.

¿Con qué anécdotas se quedaron los alumnos?
Beatriz: Los estudiantes que trabajaron con la junta de vecinos Barros Arana, por ejemplo, decían: “conocimos un trozo de la historia de Iquique que no sabíamos”. Esa junta de vecinos queda en el centro de Iquique, en lo que fue el alma del mundo salitrero. En ese lugar aún viven muchos adultos mayores y mientras se iban solucionando los problemas Iquique que no sabíamos”. Esa junta de vecinos queda en el centro de Iquique, en lo que fue el alma del mundo salitrero. En ese lugar aún viven muchos adultos mayores y mientras se iban solucionando los problemas de atención médica, los jóvenes descubrieron una historia que para ellos estaba oculta. Patricia: En esta práctica los alumnos son bien protagónicos, ellos arman, desarman, organizan, llaman, convocan y si no les resulta buscan otra estrategia, además, tienen la llave de la junta de vecinos, un compromiso que refuerza aún más los lazos con la población.

¿Cómo les fue con el apoyo?
Patricia: La Universidad Arturo Prat se ha vuelto una plataforma sólida para seguir avanzando en este proyecto, ellos nos han reconocido el trabajo y apoyado en todo. Incluso para la “graduación”, por decirlo así, fue el mismo rector quien quiso firmar sus diplomas otorgándoles un reconocimiento especial a las dirigentas. Demás está decir que se han ido integrando diferentes carreras de la universidad e, incluso, su área de cultura ahora nos convoca para sus actividades. Por ejemplo, la próxima semana viene la actriz Liliana Ross y la vamos a llevar a la junta de vecinos Dunas 1, y después nos vamos a venir todos al teatro, como una forma de acercar la cultura a la comunidad.

¿Cómo se imaginan este proyecto a futuro?
Patricia: El futuro es ahora. El Servicio de Salud quiere esta escuela, nos pidió que siguiéramos trabajando, haremos nuevamente un primer nivel, con nuevas juntas de vecinos. Y por otro lado, vamos a realizar un segundo nivel con la dirigentas que ya estuvieron, y ellas quieren hacer alfabetización digital y manejo de comunicaciones, cómo redactar una carta, cómo hablar con una autoridad, cómo sacar una fotografía de denuncia, y pensamos agregar mediación comunitaria, pero aún estamos en la etapa de diseño y planificación.

¿Ahora cuál es el sueño?
Beatriz: La idea es que los próximos años nos podamos ir movilizando a otras comunidades, y que sigan las otras carreras como apoyo a las comunidades diagnosticadas. A las diferentes carreras que se vayan acoplando como fue el caso de sicología, trabajo social, fonoaudiología, esperamos que se unan kinesiología y odontología en algún momento, para seguir cambiándoles un poquito el mundo a las comunidades.

 

“En esta práctica los alumnos son bien protagónicos, ellos arman, desarman, organizan, llaman, convocan y si no les resulta buscan otra estrategia, además, tienen la llave de la junta de vecinos, un compromiso que refuerza aún más los lazos con la población”, Patricia Vigueras.

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