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EDICIÓN | Febrero 2015

La magia de escribir

Sascha Hannig, escritora
La magia de escribir

Tiene veinte años y una creatividad que le sale por los poros. Creció con la magia a flor de piel entre largas estadías en Chiloé. Creció con sus historias, sus cuentos, sus mitos y leyendas. Creció mirando el bosque lluvioso, montando a pelo y alimentando su imaginación. “De niña siempre escuchaba que las conchitas guardaban a la Virgen en su interior o que no se podía sacar un palo de la playa porque a lo mejor era un tablón del Caleuche”.

por Macarena Ríos R. fotografía Teresa Lamas G.

Nos sentamos en la terraza de su casa frente a un mar inmenso y una brisa que se levanta de vez en cuando para susurrar en los oídos. Tiene en sus manos una carpeta gorda llena de sus manuscritos originales, de contratos originales, de dibujos originales. Los mismos que ilustran las páginas de su última entrega Los tesoros perdidos de Allasneda.

“Siempre estoy escribiendo dos o tres cosas a la vez, ayer escribí un cuento, ahora estoy escribiendo una novela y preparando la tercera parte de Allasneda para poder variar y no aburrirme”.

Tenía seis años cuando escribió su primer cuento. “Me encantaba contar historias, pero nadie me pescaba porque contaba demasiadas. Como era muy lenta para escribir a mano, me aburría y mi papá me prestó su computador. Era un Windows 97. Fue él quien guardó los archivos que luego yo rescaté e imprimí.

¿Qué te dejó tu papá?
Él era el que me impulsaba, el que guardaba mis cuentos y se los mostraba a sus amigos. Me dejó las ganas de seguir adelante.

¿A quién le dedicaste tu primer cuento "El cumpleaños de Pegaso"?
A mi caballo, un mampato chilote color palomino con el que me crié. Estaba obsesionada con él, iba conmigo a todos lados, tomaba Fanta y le encantaba el azúcar y las manzanas. Yo lo montaba sin montura ni riendas. No era necesario guiarlo, porque él siempre sabía a donde quería ir. Cuando supe que lo habían vendido fue el peor día de mi vida.

LEGADO CHINO

Las largas temporadas en Chiloé, la temprana muerte de su padre, su estadía en Jing Jiang y Tchian So, su amistad con Hannah Wuang, su hermano Jens. Han sido muchos los episodios que han marcado a fuego la vida de Sascha (20) y que han alimentado aún más su creatividad, como si ello fuera posible.

Tras la muerte de su padre luego de un cáncer devastador, Sascha y su hermano parten a China por cuatro meses a la casa de unos amigos de su progenitor.

¿Qué rescatas de China?
En China aprendí muchas cosas. Allá son muy machistas, hay mucha pobreza, te encuentras con familias viviendo bajo una escalera cosiendo ropa. El mundo no ve cómo vive la gente en las fábricas, el hacinamiento, el aprovechamiento. Allá no hay un sentido de desigualdad, porque se crea un millonario cada dos horas. Tampoco existe el resentimiento contra los ricos, porque ellos saben que algún día también podrían serlo. Me tocó ver poblaciones de cemento viejas, roñosas y en la mitad, una mansión de cuatro pisos, con piscina y tobogán para llegar a la planta baja. Es el clásico tipo que nació pobre y que luego se hizo millonario y no se fue nunca de su barrio.

¿Y por qué no se van?
Porque son muy conservadores y tienen una cultura muy arraigada. Ellos viven para siempre en el barrio en que nacieron. La tasa de mortalidad es muy alta, la edad promedio es sesenta años. El sueldo mínimo son ochenta mil pesos. Ver esa realidad siendo extranjera y viniendo de un país donde la gente critica todo, llora por todo y alega por todo, te choca y te hace apreciar más aún las cosas que tienes.

Sascha, la que cultiva el género literario steampunk, la que tiene tres cuadernos escritos con diferentes cuentos a medio terminar, la que escribió tres finales paralelos para su última novela de Allasneda y duerme con una libreta de notas y un lápiz en su velador, tiene las cosas claras. Como que más adelante va a escribir la historia de su bisabuelo, un buscador de oro que llegó de Hamburgo.

EL MUNDO DE ALLASNEDA

Un día llegó una carta a su casa. “Hemos leído su manuscrito. Nos parece interesante la idea de publicarlo”. Se trataba de su primer libro, Sombras de venganza, un libro de crímenes que le gustó a la editorial Altazor y que luego de un par de años de correcciones, vio la luz.

¿Cómo nace el primer libro?
Apenas aprendí a leer y escribir comencé a escribir cuentos. Me metí a internet a escribir para que pudiera verlo más gente. La plataforma se llamaba roll writing (donde uno crea un personaje y es parte de una historia colectiva entre muchos usuarios). Siempre me había gustado la fantasía, siempre había escrito de fantasía cuando hacía roll writting, pero lo había dejado de lado porque sentía que una forma muy atractiva para empezar a escribir eran los crímenes porque el lector siempre quiere saber en qué terminan.

¿Cuándo te tropiezas con el steampunk?
El steampunk era un estilo que siempre me había llamado la atención, las películas, los dibujos, las historias de Julio Verne, las aventuras de los piratas. Y llega un momento en que empiezo a escribir una historia de fantasmas y se me ocurre mezclarlo con el género steampunk, un estilo nuevo que no se había visto en Chile. Y en vez de hacer un típico cuento de fantasmas en Chiloé lo hago en otro mundo. El libro tiene mucha influencia chilota, están las brujas, los misterios, las leyendas, la magia, el ambiente es un bosque lluvioso. Pero tiene un mundo mágico detrás.

En el mundo de Allasneda de Sascha conviven brujos y científicos, se trasladan en globo aerostáticos y la electricidad la fabrican a través de una manivela o gracias a la magia de los brujos.

¿Cómo te inspiraste para crear este mundo?
Gran parte de mi inspiración viene de las leyendas chilotas y de nuestra historia. Siempre me intrigó mucho el correlativo que existe entre nuestra historia con la historia universal, por ejemplo el Caleuche con el Holandés Errante, o las brujas con las brujas de Salem, los piratas chilotes con los de Europa, la Pincoya con las sirenas que son parte del imaginario colectivo. Y uno se pregunta, ¿qué parte de esa historia será verdad?

 

“Uno tiende a pensar que alguien famoso es una especie de Dios con un ego gigante y ella (Francisca Solar) me demostró que puedo seguir siendo yo misma cuando me haga famosa (jajajaja)”.

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