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EDICIÓN | Febrero 2015

Música entretenida

Matías Puga, gestor de School of Rock Chile
Música entretenida

Si de pasarlo bien se trata, aquí una alternativa real. Llega a Chile una conocida academia internacional de música que más que buscar la excelencia, quiere que sus alumnos se entretengan y disfruten tocando en un escenario. Bienvenido School of Rock a Chile.

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A. y agradecimientos School of Rock.

Tras largos meses de espera y con gran expectación por parte de chicos y grandes —sumaron más de trescientos cincuenta alumnos preinscritos— este lunes 16 de febrero abrió sus puertas School of Rock Chile. Se trata de una prestigiosa escuela norteamericana de música, fundada en 1998 en Filadelfia, que hoy cuenta con catorce mil alumnos en ocho países, y que desarrolla un método de enseñanza musical no tradicional, en el cual se privilegian las presentaciones en vivo para que así los alumnos experimenten periódicamente la adrenalina que conlleva pisar un escenario y tocar en grupo.

Emplazada en el recientemente inaugurado Mall Vivo Los Trapenses, en La Dehesa, la academia cuenta con trescientos quince metros cuadrados, que fueron encargados a la firma de arquitectos Egbarq. “El diseño tuvo dos puntos de partida; por una parte, queríamos que el lugar tuviera onda rockera, y por otro parte, darle una estética industrial y en cierta medida provisoria, prefabricada”, cuenta Enrique González Barrenechea, responsable del proyecto.

Fue así como nació la idea de una fábrica antigua: planchas de acero, ladrillos de distintos tipos y texturas para los muros perimetrales, pavimentos de hormigón continuo y estructuras de tabiquería de pino, dan paso a contenedores negros que alineados sirven para albergar ocho salas de clases individuales y un estudio de grabación, además de dos grandes salas de ensayo y espacios comunes con los que cuenta el recinto. La aislación no fue un tema menor. Todo debió hacerse en obra gruesa y para ello proyectaron muros dobles aislados estructuralmente entre sí de modo de desacoplar la transmisión de sonido.

El gestor de la idea, dueño de la franquicia en Chile, Matías Puga, conoció la escuela tiempo atrás, cuando vivía junto a su familia en EE.UU. En aquel entonces, mientras se desempeñaba en el área financiera de Unilever, visitó una de las academias muy cercana a su casa en New Jersey e inscribió a sus dos hijas menores. A los tres meses ellas estaban tocando en un escenario frente a otros doscientos papás; una en el bajo, la otra cantando con su guitarra.

“Cuando enseñas fútbol no tienes al director técnico en tu casa, sino que armas un equipo y juegan. School of Rock responde al mismo concepto; aquí se trabaja en equipo y tienes que llevar el ritmo y ver cómo están sonando cada uno de los instrumentos de la banda. La idea es saber cómo influye tu instrumento en el resto, reconocer la importancia de tu preparación en el equipo. Me pareció un concepto súper innovador, muy motivante, y entonces me propuse traerlo a Chile”, cuenta Matías.

MÉTODO DE TRABAJO

Con ciento sesenta sedes a nivel mundial, la fórmula está más que probada. “El corazón de nuestro programa está basado en la práctica y todo se enfoca en que uno haga una presentación en vivo, esa es la guinda de la torta; se preparan shows trimestrales y el alumno se motiva trabajando para ello. De ahí se enseña hacia atrás, se les hace practicar en grupo y finalmente se traspasa la teoría. Es todo lo contrario al sistema tradicional”.

Adicionalmente, School of Rock desarrolla un método denominado Song first y lo que pretende es, por medio de cada canción, traspasar todo tipo de conocimientos, desde la historia, hasta la armonía y teoría musical. “A través de las canciones tienes todo para enseñar la música; cuando tú preparas un show con un determinado número de canciones, vas conjuntamente enseñando la teoría, pues cada canción tiene su estructura en términos de acordes, de armonía; finalmente todo se enseña”.

Los más chicos de la casa también tienen su espacio en la escuela y a través de dos programas diferenciados por edades aprenden las primeras nociones musicales. Little Wing acoge a niños de dos a cinco años y por medio de juegos va introduciendo el concepto musical con instrumentos no tradicionales; por su parte Rookies —de seis a ocho años— ya incorpora los instrumentos propiamente tal y, de manera lúdica, traspasa a los niños algo de teoría, siempre jugando.

Es a partir de los ocho años que los alumnos ensayan teniendo en mente su presentación trimestral en vivo. Semanalmente, tienen cuarenta y cinco minutos de trabajo personalizado con un profesor y luego una hora y media en un ensayo grupal, “ensamble” como ellos le llaman; a contar de los doce años, el tiempo grupal aumenta a tres horas y con ello se suman dieciséis horas mensuales de clases en la academia; eso por un valor mensual de ciento sesenta mil pesos.

¿Adolescentes y adultos también son bienvenidos?
En esta zona hay muchas mamás y papás que tienen espacios de tiempo libre, que tienen mayor flexibilidad, y queremos llegar a ellos. Aquí son todos bienvenidos y el mismo hecho de estar en un mall nos obliga a permanecer más horas abiertos —de 11 am a 12 pm— y ser una alternativa real para que vengan a tocar un instrumento o cantar en una banda. Nosotros no buscamos crear profesionales de la música, sino que queremos que vengan a pasarlo bien. Por lo mismo, nuestra oferta musical es tan infinita como nuestra apertura a ella.

EQUIPO COLABORATIVO

Para cumplir con las exigencias del programa internacional, los quince profesores —todos músicos destacados— han debido instruirse en línea con sus homólogos norteamericanos. Andrés Pérez Lecaros es el director musical de la escuela y entre los instructores destacan Jorge del Campo, bajista y guitarrista de Jorge González; Cler Canifrú, de las mejores guitarristas de nuestros tiempos; y Juan Pablo Bosco, baterista de Los Jaivas, por nombrar algunos.

“Nosotros hablamos de tocar música, los gringos hablan de play music, de jugar y de allí ya parte una diferencia brutal; lo que algunas personas podrían llamar chacota, para mí es el primer acercamiento que tiene un ser humano, de cualquier edad, con la música, y aquí la idea es definitivamente pasarlo bien. Si lo estás pasando bien después querrás profundizar y vas a pedir aprender de teoría, de armonía, pero siempre y cuando te estés divirtiendo”, concluye Andrés Pérez.

 

“Nosotros no buscamos crear profesionales de la música, sino que queremos que vengan a pasarlo bien. Por lo mismo, nuestra oferta musical es tan infinita como nuestra apertura a ella”.

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