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EDICIÓN | Febrero 2015

Receta de familia

Marco y Esteban Grimalt, vóley playa
Receta de familia

No ha habido en la historia nacional del vóley playa una dupla tan efectiva como la de estos primos. A punta de mucho trabajo están haciendo que Chile se empine en los primeros lugares de los rankings mundiales. Aquí, la historia de cómo lo están logrando.

por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A. y agradecimientos a FIVB

El pronóstico anuncia treinta y cinco grados. Son cerca de las once de la mañana y el termómetro va en ascenso. Hay arena, pies descalzos y siete jóvenes deportistas practicando vóley playa a todo sol. Se escuchan risas. Es una típica postal de verano, pero no hay mar. Están en el Centro de Alto Rendimiento, CAR, a un costado del Estadio Nacional, rodeados de grandes avenidas, vehículos y el ajetreo propio de la ciudad. Entre ellos, la dupla del momento: Marco y Esteban: los primos Grimalt.

El ambiente es de trabajo, pero distendido. Un cuerpo técnico, liderado por el brasileño Eduardo Garrido, dirige el entrenamiento. Estas fechas son de torneos de fin de semana por las playas y el trabajo debe ser diario. Más para estos jóvenes de veinticinco y veinticuatro años, respectivamente, que han logrado profesionalizar la disciplina entrenando, viajando y compitiendo durante todo el año.

EN FAMILIA

Marco vivía en San Felipe y Esteban en Linares, a demasiados kilómetros de distancia como para sospechar que algún día serían inseparables. Sin embargo las reuniones familiares y una enorme casualidad, lo harían posible.

Esteban recuerda que tenía quince años cuando fue a la casa de Marco a ver jugar a su hermano que, por entonces, participaba en la última fecha del circuito nacional. “Faltó una dupla para completar el cuadro y nos invitaron a entrar. Jugamos bien y quedamos motivados para, al año siguiente, hacer todo el circuito”, recuerda.

Bastaron tres años para alcanzar el primer lugar del ranking nacional. Fue entonces cuando decidieron dejar el vóley de gimnasio y dedicarse ciento por ciento a esta disciplina.

Luego llegaron los juegos Odesur de Medellín, donde obtuvieron un bronce, y junto con esa medalla la beca Proddar que les dio la posibilidad de practicar todo el año y tener un entrenador especialista.

“Desde ahí en adelante nuestro nivel ha mejorado cada año”, comenta Marco. Hoy cuentan con el apoyo de ADO Chile, el IND y sus auspiciadores (Universidad Andrés Bello y Topspin). Valioso apoyo sin el cual sería imposible viajar y competir como lo hacen.

Creen que los resultados tampoco serían posibles si no fuera porque hace cuatro años decidieron vivir juntos. Comparten el trabajo físico, las rutinas de pesas, los entrenamientos en arena, los viajes y todos los apoyos que requieren como deportistas de alto rendimiento.


¿Cómo ha sido hacer dupla entre parientes?
Esteban: Nuestra familia es muy unida y eso se ha traspasado por generaciones. Los roces son más que nada en la cancha y siempre quedan ahí.

¿Es una ventaja?
Esteban: A mi parecer sí, ya que nos conocemos mucho tanto fuera como dentro de la cancha y sabemos qué pelota armar o qué jugada hacer sin tener que hablarlo.

UN AÑO PARA RECORDAR

El 2014 fue increíble. Demoran en nombrar todos los títulos que obtuvieron. Partieron el año conquistando el campeonato nacional. Luego hicieron seis finales sudamericanas, de las cuales ganaron tres, y volvieron a casa con el segundo lugar en el circuito.

Así llegaron a los Juegos Suramericanos de Santiago, donde en casa y con las graderías repletas de compatriotas, se quedaron con la medalla de plata. “Para nosotros fue uno de los mejores torneos en los que hemos participado, porque poder escuchar a tu familia, a tu país apoyándote en directo y no por televisión ni Internet, fue lo máximo”, comenta Marco.

Pero más allá de consolidarse en Chile y en la región, el desafío más grande fue salir a conquistar el circuito mundial. Jugaron diez etapas, donde destacaron dos novenos lugares en los Grand Slam y dos medallas de plata en los Open disputados en Argentina y Sudáfrica.

NUEVOS DESAFÍOS

Hasta marzo estarán atareados en una pre-temporada de cara al inicio del circuito mundial en abril, y luego los esperan en los Juegos Panamericanos de Toronto y en el torneo mundial de Holanda.

Para ello tienen entrenamientos de lunes a viernes. “Es una preparación muy pesada y con mucha carga física, para alcanzar una base que nos permita mantener un buen estado físico en las competencias”, comenta Esteban.

¿Y qué expectativas tienen?
Esteban: Mantener los buenos resultados obtenidos a fines del año pasado para seguir escalando en el ranking mundial y tener la posibilidad de pelear por un cupo olímpico. Marco: entregar lo mejor de nosotros y llegar lo más alto posible.

También se proyectan ayudando a la generación de nuevos deportistas que, como ellos, quieran dedicar todo su tiempo a competir por Chile, pues si bien el voleibol es el segundo deporte más practicado en los colegios, su versión de playa los tiene solo a ellos y a la dupla compuesta por Rodrigo Salinas y Matías Tobar, con dedicación exclusiva.

Hacen falta nuevos talentos, una generación de recambio y por eso hacen un llamado a animarse a conocer más esta disciplina que — enfatizan— se puede practicar todo el año. “En invierno nos vamos al verano europeo o entrenamos aquí con ropa especial”, explica Esteban.

“Todo es arena, sol... Conoces buenas playas, buenos lugares, y es un deporte llamativo para la gente que lo está mirando. Y además, qué mejor que estar en la playa todo el año. Esta es nuestra oficina”, dice Marco con una sonrisa, mientras muestra la cancha de arena del CAR.

 

“Tenemos como expectativa entregar lo mejor de nosotros y llegar lo más alto posible”, asegura Marco.

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