Conocido hace años como casa de artistas, restauradores y anticuarios, el Barrio Italia ha tomado un interesante perfil cultural, que ha atraído a nuevos emprendedores en gastronomía, diseño y revalorado oficios manuales con un giro moderno. Algunos ya lo empiezan a mirar con nostalgia: que ya perdió ese aire de “picada”, que se puso caro.
El barrio Italia está bien entretenido, una mezcla de edén urbano: cafeterías, restaurantes, bonita ropa, zapatos buenos, amplio, tranquilo, caminable. Está entre las comunas de Ñuñoa y Providencia, y abarca toda la avenida entre Bilbao y Sucre. En lo patrimonial, su valor es evidente: tiene cuento, encanto, para la gente y respecto del espacio, en una palabra, tiene identidad.
La historia comenzó en los años veinte del siglo pasado, cuando la naciente Providencia era el lugar donde subían desde el “centro” las familias adineradas para conseguir lo que se entendía como “vivir bien”, o sea, casonas rodeadas de naturaleza, aire, sol, en una zona semi rural, lejos del ruido, pero no de la civilización. Muchos inmigrantes fueron atraídos, lo que se ve en el establecimiento de comunidades extranjeras, tales como la inglesa, alemana o italiana. Con el paso del tiempo esas grandes propiedades se lotearon, manteniendo el paisaje conocido como “ciudad jardín”. El barrio Italia nació un poco así. En sus calles vemos estilos dispares, la fachada continua, el neo gótico o art deco.
A mediados de los años setenta, con menos aprecio, las bonitas casas fueron transformadas en talleres mecánicos y fábricas, mientras que los anticuarios de calle Caupolicán hoy le dan un nuevo aire al paisaje. Un grupo de artistas visuales encontró allí el lugar ideal para desarrollar su obra. Hoy son más de cien y conforman la Unión de Artistas del Barrio Santa Isabel. Organizaciones comunitarias y de vecinos también le dan dinamismo al lugar, grupos conscientes y preocupados por los rumbos en que podría embarcarse el barrio. Claro, desde hace unos diez años que la moda, la ubicación y el alma han atraído a nuevos vecinos y tiendas, y con ellos a algunos convidados poco deseables: edificios en altura que rompen el estilo, generan ruido, taco y escasez de estacionamientos.
Varios investigadores han señalado al Barrio Italia como al borde de caer —si no se encuentra sumido ya— en la “gentrificación” o “elitización”. O sea, la vuelta completa al ciclo, de un sector añoso que se pone de moda. Alternativo, bohemio y barato; todos quieren ir a vender sus productos, más sofisticados, vanguardistas; se pelean por vivir allá, suben los precios, llegan las inmobiliarias y los vecinos de toda la vida, esos que le dieron carne, sangre y espíritu, o se resignan o se van.
Los nuevos habitantes le cambian un poco el alma: la marraqueta por el pan sin gluten, la gula no se apacigua con un berlín, sino con un helado de frutas orgánicas, la señora no se hace la permanente en el pelo: prefiere ir a una sesión de yoga.
Se percibe cierto abandono de esa vida con caras conocidas, residencial y con lo esencial al alcance de la mano: peluquería, almacén, botillería (con y sin mesas), carnicería, pan, hasta parque y templos, en este caso, la preciosa iglesia San Crescente, en Santa Isabel esquina Salvador. Le está pasando a Las Lilas, se quejan los vecinos. Dicen que le pasó a Lastarria y a Alonso de Córdova.
Algunos que han viajado lo comparan con el Soho neoyorquino o el Palermo bonaerense. Quizás ese es su destino. Quizás logre el tan valorado equilibrio entre consolidación e innovación. El punto es que despierta a ese conquistador en medio de la selva contemporánea, que algunos llevan dentro: café, confitería, pastelería, chocolatería, bistró, bar, trattoria, taquería… guatita contenta en todos los niveles. En frutas: desde mermeladas hasta loción humectante. En lo artesanal, tejido en crin y muñequitos de lana. Y para transitar por los salones de la propia memoria, los mismos juguetes de la infancia, las bolsas de cuadrillé para el pan, los muebles de la casa de la abuelita (lavatorios, tocadores y roperos), los oficios: modista, relojero, maestro bicicletero.