Este año se inicia la construcción de la Capilla de Santa María de los Ángeles, diseño de Antonio Gaudí, el arquitecto de la Sagrada Familia de Barcelona, para la ciudad de Rancagua en Chile. ¿Qué tiene que ver el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona con Rancagua? ¿Por qué una obra de Gaudí en Chile?
El fraile Angélico Aranda, franciscano chileno, solicitó los planos, en el año 1922, al arquitecto catalán, pensando que nadie como él podría entender y colaborar en su determinación de construir una “porciúncula”. Entender el sentido de esta obra en el siglo XXI es parte de su belleza y clave del proyecto.
Santa María de los Ángeles es la pequeña iglesia donde vivió Francisco de Asís en el origen del franciscanismo. El santo arregló esta edificación escuchando el deseo de Jesús: “restaura mi iglesia”. Allí fue donde los primeros franciscanos recibieron a sus seguidores y hacían apostolado. Un espacio que, además de ser cuna del franciscanismo, tiene asociado otro significado muy especial para la humanidad: obtener la indulgencia plenaria. ¿Pero de qué se trata y que tiene que ver con los contemporáneos?
Francisco vivió alrededor del año 1200, en aquella época, para morir en gracia, o salvar los pecados, era menester pagar con dinero o peregrinar a los lugares santos, es decir Tierra Santa, Santiago de Compostela o Roma. Fray Pedro Olivi relata, en el año 1279, cómo Francisco fue a pedir al Santo Padre Honorio III la Indulgencia Plenaria para la Capilla de Santa María de los Ángeles, después que Cristo y su Santa Madre se le aparecieran para concederle este mismo favor. Honorio III le confirmó que ese era también su querer y, desde entonces, todos los 2 de agosto, fiesta de la Madre de Dios venerada, se celebra también el perdón para todos los que lo pidan, ya sea para ellos mismos o para otras personas, y no solamente en Asís, sino que en muchos otros templos. La palabra indulgencia hoy casi no se usa. Pasa con algunas palabras que pierden su sentido y suenan extrañas, esta es una de ellas. Pero hubo una época en que la humanidad vivía el sentido del pecado de otra manera. Era un tema muy importante para las personas: salvarse, ir al cielo.
Antonio Gaudí encontró pertinente enviar estos planos y lo hizo pensando que ello “sirviera para la confraternidad espiritual entre España y América”. Son otros tiempos, pero está claro que es universal la necesidad de restaurar, perdonarnos y construir unidad.